Caminaba despacío, apoyandose en su bastón. Su pelo canóso, delataba su edád, su pórte tenía la dignidad que suele dár el paso de los años .Alguna véz, le oia silvár una canción bajito, como para sus adentros, sin apenas querer compartirlo con nadíe.
Cáda tárde, al llegár a su altúra, le saludaba cariñosamente como se salúda a un buén amigo .Él, lejos de corresponder a su salúdo con monotonia , solía fijar su mirada en élla y las arrugas de su frénte, adquirían una expresión peculiar, de asómbro al principío y de gózo después .
Quizá a su edad, se había acostumbrado a vivir con sus soledades y sus recuerdos y hásta su caracter, se había vuelto huraño.
Sin nada que compartir, sin nadie a quien amar , sin sueños en el alma...
Su viejo bastón, se habia convertido en su mejor apóyo , y al caminár se agarraba a él, fuertemente , como el uníco cimiento, que le quedaba sólido y fuerte .
Atardeceres de sonrisas de esperanza, de amistades y sueños venideros, de apoyos mutuos, antes de que anochezca
