Sopas de leche envueltas en recuerdos de la niñez.
Con sabor a manos amorosas de abuela y a pueblo.
Raíces ancladas en mi memoria.
Rincones amados donde aprendí a amar la vida.
Callejas con olor a fantasía.
Juegos y risas cómplices a los pies de las montañas, altivas, pero también protectoras.
Primeros amores prendidos en los dedos.
Susurros de te quieros al oído.
Camaderia para compartir secretos y sueños.
Bailes en la era estrenando adolesecencia.
Primer encuentro con la muerte, el dolor, el placer, la traición...
Una leve nostalgia se acurruca en mi regazo en esta tarde primaveral.
Ya peino canas, y me miro al espejo tratando de reconocerme en esta etapa que será la última de mi vida.
La belleza de los árboles en flor me atrapa.
Si, ya sé que su belleza es efímera, pero mientras dura me deleito en ella.
Y me pierdo por calles, plazas, avenidas, caminos... con la sola intención de atraparla.
Tarea difícil en los tiempos que corren. La maldad humana se extiende en el horizonte llenándolo de negros nubarrones.
Un hilillo de esperanza se me ha pegado en un rinconcito de mi corazón y en él me refugio.
Las palabras brotan de mi corazón a raudales sin poder detenerlas.
Quieren hacerse oír a través de mi.
Palabras que calman, que sanan, que aquietan, que denuncian, que gritan, que prometen, que salvan, que irritan...
Mientras yo me tomo mis sopas de leche con sabor a nostalgias y recuerdos.

Si que recuerdos de aquellos años en que el echar el pan a la leche era por ser no solo lo mas barato si no lo mas cercano que había. Esas sopas no solo nos traen todos esos recuerdos y los de la leche recién ordeñada también aquel pan horneado en horno de leña y bien cocido. Algo incluido esto ultimo difícil de encontrar.
ResponderEliminarSaludos.
Una lectura reconfortante, Maripaz. Unos recuerdos a flor de piel.
ResponderEliminarDe niño/joven me acostaba a eso de las nueve... Cerca de las doce me despertaba. Y le pedía a mi madre: sopas! Y ella que permanecía despierta haciendo punto en la camilla con el brasero, me las preparaba. Tazón de pan con leche... Y a dormir de nuevo.
Abrazos, amiga.
Maripaz, qué delicia de entrada.
ResponderEliminarLas sopas de leche tienen esa magia de lo sencillo que nos devuelve a la infancia, a los gestos que cuidaban sin hacer ruido.
Gracias por traer de vuelta ese sabor de hogar y de memoria compartida.
Un fuerte abrazo.
Felices sopas de leche.
ResponderEliminarUn abrazo.
Me imagino que esa sopa de leche es,a lo que aquí llamábamos leche migá, con pan, un poquito de azúcar y un poquito de canela. que tan solo pensar en ello, nos devuelves a la infancia. Y tranquila amiga Maripaz, que ya verás como a pesar de tantas calamidades que sacuden el mundo, aún te quedan otras etapas por vivir.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Hay alimentos, olores... que nos transportan a otros tiempos y despiertan la nostalgia... sí, a mí también me pasa.
ResponderEliminarBesos.
Que lindas lembranças buscamos no passado, na infância, na adolescência, e nossos pais que se foram há tempos, estão sempre presentes nessas lembranças, só por isso a vida já vale a pena, querida Maripaz!
ResponderEliminarGosto muito de ler você, amiga, sempre há coisas lindas e inesquecíveis.
Um feliz fim de semana,
Beijinhos
Creo que todos tenemos esos recuerdos del pasado, donde la vida era más pausada, no sé si más fácil, pero con más detalles simples y buenos.
ResponderEliminarSaludos