30 de marzo de 2021

CECILIA

 


Cecilia vivía en una casa con la puerta y el balcón pintado de verde, como queriendo con aquel color robarle a la vida un poco de esperanza.

Era una mujer de carácter aparentemente huraño, que apenas se relacionaba con nadie, escondiendo entre las paredes de su vieja casa su capacidad de amar y su valor como ser humano.

Tenía el pelo negro y los ojos del mismo color. Su figura menuda, ataviada con una bata oscura y, un enorme delantal, le hacían aparentar más años de los que tenía.

Su mirada escondía una ternura especial si se la sabía mirar con interés. 

Sus huesudas manos, hábiles para los trabajos caseros, aunque un poco ajadas, eran bonitas.

Vivía con Pascual, su marido y Andrea, su hija. Era con los únicos que solía hablar.

Sus vecinos, sin apenas conocerla, juzgaban que era un ser distinto a los demás, por aquello de ser diferente a ellos.

Tenía un halo misterioso y no lograban descubrir cual era el secreto que guardaba en su interior.

En su afán de ignorarla, la habían marginado sin darle una oportunidad. 

Desconocían su pasado, su historia personal, de donde venía...

Aparentemente era igual a ellos en lo externo, pero algo albergaba en su interior que le daba un aíre muy particular.

O quizá la imaginación de los lugareños daba pie a inventarse historias extrañas, sin percibir que todo era más simple.

Había aparecido en el pueblo un atardecer de Primavera, cuando el buen tiempo saca a los vecinos de sus casas, y se forman corrillos y charlas de unos y otros.

Desde el primer instante, sintió el rechazo de todos los del pueblo.

Era una comunidad cerrada, anclada en sus costumbres y rutinas, sin apenas haber evolucionado, dominada por sus instintos más primarios.

No estaban dispuestos a que nadie enturbiara la paz de aquel lugar.

Ella, poco a poco se fue metiendo dentro de sí y bajaba la mirada al escuchar cuchicheos a su paso.

Aún así,  desprendía una dignidad que no pasaba desapercibida para nadie.

El desconocido, el diferente, el que sobresale, suele verse como peligroso para el grupo. Es mejor evitarlo, ignorarlo, hacerlo desaparecer.

Así se logra una paz aparente y todos se refugian en ella a pesar de su ceguera.

Pero un día, llegó al pueblo, una niña morena de pelo liso y ojos muy vivos, con cara pícara y bondadosa a la vez.

Venía a quedarse por un tiempo con su familia.

Con el asombro de los niños ante lo desconocido, recorrió las callejas observándolo todo con enorme curiosidad.

Fue así como se encontró con la mirada escudriñadora de Cecilia.

Carmen, que así se llamaba la pequeña, le sostuvo la mirada desafiándola. 

Fueron unos instantes un poco tensos, hasta que la niña sonrió a Cecilia, que le correspondió con otra sonrisa.

Entonces comprendieron que sus almas se esperaban desde siempre.

Carmen, se alejó despacio, calle abajo, con un latido alegre en su corazón, bajo la atenta mirada de Cecilia.

Desde aquel fugaz encuentro, se vieron muchas veces.

Solían comunicarse con pocas palabras. No necesitaban hacerlo, debido a su perfecta compenetración de deseos y anhelos.

A veces, los silencios están llenos de hermosas palabras que acunan el corazón.

La casa de Cecilia era sombría, el suelo de barro y las paredes oscuras del humo de la chimenea, la hacían muy poco atractiva.

Pero un día la invitó a pasar dentro, ofreciéndole lo que los seres humanos ofrecen a sus amigos. Lo que tienen.

La mirada de la niña se fue fijando en cada rincón, grabando para siempre en sus pupilas aquel lugar de su niñez donde aprendió el valor de la amistad.

Solo la imaginación y la fantasía, son capaces de elevarnos del suelo y percibir lo bello y lo bueno.

Con el paso de los años se alejó de aquel lugar llevándose sus recuerdos.

Cuentan, que Cecilia murió, porque su hígado estaba muy enfermo de compartir con Pascual aquel vino de la tierra que les había puesto contentos a lo largo de su vida.

A los pocos meses, Pascual no salía a trabajar cada mañana.

Al preguntarle los vecinos y curiosos, respondía que no tendría que hacerlo más. 

Había encontrado en un viejo colchón una gran suma de dinero.

P.D. Este relato está basado en hechos reales, aunque la casa no tiene nada que ver con la historia.

Me lo contó una amiga una tarde de invierno al calor de su hogar. Ella lo vivió como una aventura preciosa en su inocencia infantil. 

Han pasado los años y lo recuerda con nitidez.

El relato lo escribí hace tiempo, pero como era al principio del blog, quedaba un poco pobre.

Mi escritura desde entonces ha evolucionado un poquito y me dispongo a corregir mis antiguos relatos.

21 de marzo de 2021

JULIETA

 


Julieta tenía los ojos más bellos del lugar. 

Cuando asomaba a los caminos, los pájaros salían a su encuentro y la acompañaban largo rato jugando a esconderse entre los arbustos.

Apenas tenía doce años, y su cuerpo grácil era bamboleado por el viento como una pluma, mientras sus pies y brazos componían una hermosa danza adoptando siluetas curvilíneas de una belleza singular.

El trigo mecido por el viento, trataba de imitarla llevando el compás al unísono, y el sol que estaba a punto de ocultarse se unió a la fiesta con unos rayos saltarines y coquetos.

Caía la tarde, y Julieta pasito a pasito comenzaba la aventura de su vida.

Se sabía poseedora de todos los sueños por cumplir, e iba acariciándoles uno a uno lentamente.

Julieta entonó una canción, bajito, como para sus adentros.

Era tal la alegría que sentía, que no podía reprimirla.

Caminó unos pasos más, hasta que de repente comenzó a dar saltitos de felicidad, porque con andar no le resultaba suficiente.

A lo lejos, vio llegar un hermoso perro blanco. Su pelo era como de algodón. Al llegar donde estaba la niña, se acercó muy despacio, como si presintiera la belleza de su alma.

Ambos se fundieron en un abrazo, ante la atenta mirada de su dueña.

Después, se perdió por la vereda dejando tras de si una estela de luz maravillosa.


14 de marzo de 2021

HA PASADO UN AÑO

 


Ha pasado un año desde que se decretó el estado de alarma que dio lugar al confinamiento domiciliario. 

Un cartel de "Se vende" en una ventana, unas flores huérfanas de amores en la entrada de una casa, balcones cerrados a cal y canto, sonrisas que se perdieron en una estrella, besos al cielo, donde dicen que ahora habitan, cerrojos que se han cerrado para siempre, ilusiones y sueños varados en el mar de la vida, abrazos que no se pudieron dar,  manos ausentes, rumbo a lo desconocido, miradas en busca del ser amado, desamparo en el corazón herido de muerte, despedidas que no pudieron ser, nostalgias que perduran en el tiempo...

La muerte forma parte de la vida, pero no nos enseñan a convivir con ella. 

Desde hace unos meses, una anciano que me saludaba al pasar desde su ventana, ya no lo hace. Otro que cuidaba las flores de la entrada de su casa, ha dejado el barrio para irse a vivir a una residencia. Mi amigo Txampi con el que charlaba muy a menudo, también se ha ido sin despedirse. Y así muchas historias más.

Mi barrio se ha quedado silencioso y triste. Tan solo escucho al pasar la nostalgia de la ausencia. 

Y mi amiga, Julia, Isabel, Raquel...también me han dejado huérfana.

Y mi gata Leticia se fue cuando menos lo esperaba. 

Cada uno conserva dentro de si la experiencia de este año maldito.

Y lo llevaremos siempre en nuestra memoria. 







Por aquellos días, donde estaba sola con mi gata Leticia, no paré de hacer el "indio".

Para no dejaros un mal sabor de boca con el recuerdo de tanto sufrimiento, os dejo estos vídeos para que sonriáis.



 
https://youtu.be/vDx5PusxWtQ




Y mi recuerdo a mi preciosa gatita de ojos azules.


P.D. Últimamente los vídeos que cuelgo en mis entradas no se ven en el móvil. Por lo visto hay que configurar una nueva opción y no sé hacerlo. He probado insertando el enlace y pegándolo en la entrada. He hecho la prueba con este último vídeo y así, si que se ve en el móvil. La mayoría de la gente utiliza el móvil más que el ordenador, de ahí que intente solucionarlo como sea.

5 de marzo de 2021

RAQUEL

 


Me llegaba hace unos días la noticia del fallecimiento de mi querida amiga, Raquel y mi corazón está roto de dolor.

La última vez que me comuniqué con ella, fue para felicitarle por su cumpleaños hace unas semanas.

Ambas cumplíamos en el mismo mes y nunca faltábamos a la cita.

Conocí a Raquel, al poco de llegar a Guardo, cuando regresé de Sevilla. Desde el primer instante, me cautivó su carácter alegre, vital, acogedor. 

Tenía una luz propia, capaz de irradiar con ella, a todo aquel que tuviera la dicha de conocerla. 

Sus ojos vivos, tenían la complicidad de llevarte a descubrir la belleza de su alma. 

Era una mujer de corazón generoso y bueno. De esas personas que desprenden autenticidad por todos los poros de su piel. 

Esposa, madre y abuela amorosa, amiga fiel. 

Pendiente de los más vulnerables, los necesitados, siempre dispuesta a hacer un favor. 

Esa sensibilidad suya para con las personas, se manifestaba de igual manera en su amor por los animales. 

A través de ella conocí a Tomás, su marido y a sus hijos y nietos. 

Su hijo Tomy, tenia un pequeño perrito llamado, Keny. Yo tenía una perrita llamada, Laika. Ambos se conocieron y se enamoraron y tuvieron unos cachorros preciosos.

Tomy y sus amigos iban a casa a verlos, e incluso uno de ellos adoptó a uno. 

Recuerdo a mi madre, ya enferma, disfrutar con aquellos chavales que invadían nuestra casa.

Así se fue forjando una bonita amistad con Raquel y su familia. 

Recuerdo muy bien, cuando Keny murió en sus brazos por un absurdo accidente.

Además ha tenido dos perritas más.

Alguna vez me cuidó a la mía en mis viajes a Sevilla. 

Cuando me vine a vivir a Navarra, le invité a pasar unos días en mi casa. Acababa de morir, Tomás y lo estaba pasando mal. 

Después, vino la pandemia y truncó nuestros planes.

Mi último WhatsApp fue para cantarle y desearle feliz cumpleaños. 

Recuerdo muy bien esas largas conversaciones en su casa mientras cosía. Era una gran modista.

Nos encantaba hablar de nuestras cosas y pasear a orillas del Carrión. 

Ahora mismo mientras escribo estas letras las lágrimas me impiden ver. 

Se ha ido una maravillosa amiga que iluminaba el mundo con su sonrisa. 

Hasta siempre, querida Raquel.

19 de febrero de 2021

RAICES

 


Hay personas que dicen no tener raíces. Incluso presumen de no sentirse de ninguna parte y ser ciudadanos del mundo.

Otros reniegan de sus raíces y de su origen, y cualquier  otro país les parece un paraíso.

Existe también gente que le importa muy poco ser de aquí o allí.

Otros defienden a capa y espada, como se suele decir, su procedencia, y no dudan que se les reconozca allá donde quiera que van.

Es lógico dada nuestra condición humana y sus peculiares características. 

Personalmente me conmueven esas personas que aman su pueblo con toda su alma.

Ayer, sin ir más lejos, me encontré a un amigo que al enterarse de que había nevado, no se lo pensó dos veces y se vino a Guardo a pasar unos días.

Como un chiquillo me contaba emocionado que había pasado la mañana recorriendo rincones que le eran familiares: la casa paterna, el barrio, la estación del tren, y hasta se atrevió a cruzar el puente de hierro como cuando era niño y competía con sus amigos a ver quien era el más valiente.

Llevaba en su mano una cámara fotográfica y me decía que había fotografiado todo lo que sus ojos habían visto.

Había querido rescatar retazos de su historia en aquellas instantáneas y guardarlas para siempre. 

Pasó la mañana pisando nieve, recorriendo calles y plazas, despacio, como regresando a su origen.

Pasado y presente se fusionan entre si volviendo al punto de partida como una necesidad imperiosa de encontrarnos a nosotros mismos. 

Y es que en el fondo yo soy igual que mi amigo. Aparecí aquí después de muchos años viviendo en el sur y he encontrado mi lugar. 

Estoy de nuevo anclada a mis raíces. 

No sabría vivir sintiendo el desarraigo en mi alma. 

Cada cual que haga lo que crea conveniente. 

P.D. De vez en cuando me abandonan las musas y entonces suelo rescatar antiguos relatos míos que Facebook me recuerda.  


10 de febrero de 2021

ISABEL

 



Nos acaba de dejar Isabel, escritora y poeta brillante.

El mundo de las letras está de luto.

Y también el mundo de la blogosfera, que es donde yo la conocí.

Desde que comencé a escribir en el blog, ella fue una de las primeras personas que comenzó a seguirme y que yo comencé a seguir.

Al cabo de un tiempo, habíamos formado sin proponérnoslo, una comunidad de amigos blogueros amantes de la literatura.

Compartíamos nuestros relatos, nuestras vivencias, viajes, fotografías, acontecimientos...

Es impresionante, como sin conocernos personalmente, se puede forjar una amistad virtual tan fuerte.

No hace mucho, también nos dejó Maria Jesús y fue un duro golpe. 

La Red nos unió y fue punto de encuentro durante largos años.

Después, los blogs dejaron paso a las redes sociales y comenzamos a comunicarnos por ese medio también. 

En la actualidad, somos menos los de aquella época, que mantenemos el blog abierto, pero queda intacta la amistad.




Isabel, nos comunicó un día, que había publicado su primer libro retomando así una pasión que siempre le había acompañado. 

Me puse en contacto con ella para comprarle alguna de obras. 



Mujer afectuosa y detallista, siempre me conmovía con sus dedicatorias.


Uno de los últimos libros que me dedicó fue el "Nervio de la Piedra", un libro de poemas.



Pero también tuvo el detalle de regalarme su libro titulado: "Mujeres de Otoño". Ocho relatos donde las mujeres son los personajes principales. 

Nos comunicábamos por el messenger, o por email.

No hace mucho mantuvimos una conversación animada sobre las circunstancias actuales de la sociedad.

He leído en "La Verdad" de Murcia, donde le han dedicado un artículo, que una de sus últimas novelas lleva por título:"La Epidemia del siglo" novela premonitoria, publicada en 2019.

Llevaba varías semanas hospitalizada. En uno de sus últimos versos compartidos advertía de la fragilidad humana: "Hoy somos torpes criaturas conscientes de su barro frágil"

Se despidió de nosotros en Facebook, por motivos de salud. A pesar del cuidado que había puesto, el "bicho" la había enganchado, decía. 

No le daba más importancia, mientras procuraba cuidarse y poder volver a comunicarse con nosotros.

Nada hacía prever que era su despedida.

A los amigos blogueros nos ha dejado el corazón roto, pero siempre permanecerá en nuestro recuerdo a través del legado de sus letras y por su enorme corazón y humanidad.

Arropamos a sus huérfanos libros en algún lugar del corazón.

Envío un fuerte abrazo a sus familiares.

¡Hasta siempre, querida amiga!

31 de enero de 2021

EL PRÍNCIPE DESTRONADO.


 Era una mañana repleta de sol recién entrada la Primavera. Volvía de hacer unas compras en el supermercado, cuando de repente, allí estaba él.

Pongamos que se llama Charly,  para poder mejor darle vida a través de mi historia. El nombre es lo que nos identifica a cada cual.

Era un pequeño osito de peluche sentado al lado del contenedor. Se le veía muy triste. Tenía en su mano un pequeño corazón, que a mi se me antojaba era el de su dueño. 

Se negaba a soltarlo, por más que intenté cogerlo entre mis manos, por si aún latía.

Era como el último reducto de posesión afectiva que le quedaba. 

Tenía la mirada perdida, como quien ya no tiene horizonte y se deja morir. 

Me dieron ganas de abrazarlo y llevarlo a casa conmigo.



 No es la primera vez que lo hago. No hace mucho rescaté un ciempiés con el alfabeto entre cada uno de sus anillos.

Un niño, lo llevaba al contenedor con intención de abandonarlo. Al verlo, tan limpio, tan cuidado, con su precioso colorido y su aire de tristeza, se lo pedí para mi gata. 




El crío me agradeció que me quedara con su viejo amigo y lo llevara a casa, en vez de dejarlo en el frío contenedor. Se le veía preocupado. Quizá había intentado convencer una vez más a su madre de guardarlo, aunque fuera en el trastero, pero no hubo suerte. A lo mejor alimentaba la ilusión de que en un futuro, aún un poco lejano, pudiera jugar con él un hijo suyo.

Pero todo esto son suposiciones mías. 

Mi gata no le hizo ni caso, pero lo tengo en el pasillo cercano a mi habitación, como guardián, desde entonces.

También le puse un nombre, para identificarle y darle vida de nuevo. Se llama. Mateo.




Pero volvamos a la historia de Charly.

Junto a Charly, también había abandonado un cambiador de bebé que supuse era de la misma familia.

Estaba impoluto, al igual que Charli en su abandono.

Con mi imaginación calenturienta, enseguida me imaginé quien podía haber sido su dueño. 

Un niño, que un día fue el príncipe de su casa.

Un príncipe al que llenaron de regalos, de mimos y besos a lo largo de los años. 

Entre esos regalos, un día apareció Charly.  

Entre ellos se fue forjando una complicidad enorme y un afecto mutuo. De todos es sabido la importancia de los juguetes en la vida del niño. Les ayudan a explorar la realidad, a desarrollar su imaginación, a activar su curiosidad y los primeros impulsos afectivos a través de su relación con ellos.

Charly, seguro que formó parte de los amigos invisibles de su dueño. Con él , seguro, mantuvo conversaciones que solo ellos comprendían. Incluso era incapaz de dormir sin que Charly, el pequeño oso, suave, dulce y amoroso, se acostara a su lado.

Charly, formaría incluso, parte de sus paseos descubriendo el mundo.

También supo aliviarle en los primeros brotes de dolor: Otitis, Sarampión, Amigdalitis...


Pero el tiempo corre inexorable. 

Queda atrás la infancia, los juegos, los mimos, los días felices...

Poco a poco, Charly se vio relegado a un segundo plano. 

Quizás en una estantería, o en una caja, con los demás juguetes. 

Aquel príncipe y su osito han sido destronados.

Andan vagando sin reino. 


24 de enero de 2021

CELEBRANDO LA VIDA

 





Celebrando la vida, la salud, los años vividos...

Cumplo hoy 73 años, y lo voy a celebrar por todo lo alto a pesar de las circunstancias que rodean nuestro vivir diario desde hace un año.

Este "bichejo" me ha robado un año de mi vida. Un año sin abrazos, sin viajes, sin ir al cine, al teatro, a un concierto...Sin apenas ver a la familia, sin poder quedar con los amigos y sin poder acudir a la cita con mi querido Guardo.

A otros les ha robado la vida. 

Con mi edad, que te roben un año, es una pu...da...

Últimamente saboreo instantes, encuentros, aventuras, amores...porque ya mi caminar no es hacía la cumbre. Ahora mis pasos vienen de vuelta y se encaminan hacía un mundo desconocido.

No le perdono al bichejo que haya tenido la osadía de robarme mi tiempo.

Pero lo que no me podrá arrebatar, es mi amor por la vida y las cosas bellas y buenas.

Hay una luz en mi interior que me mantiene viva, una llama encendida a la que me aferro.

Debido a las medidas preventivas de la Comunidad Navarra respecto al Covid,  lo pasaré en solitario y en vuestra compañía. 




Al bichejo, que le den...

11 de enero de 2021

MAÑANAS DE SOL

 


Aquella mañana, se levantó con los huesos doloridos y retazos de ilusión del Día de Reyes pasado.

Por su cabeza pasó la tentación de desayunar y salir corriendo a pasear. Un sol juguetón entraba por la ventana haciéndole guiños de complicidad y eso le animaba. 

Amaba el sol y la vida. 

Desde siempre, entre ella y el sol, se había establecido un idilio de amor, por eso se asomó a la ventana y se dejó besar por él.

Pero también era amante del orden y la limpieza. Comenzó a levantar alfombras, perseguir pelusas, frotar una y otra vez, hasta convertir la casa en lo más parecido a una batalla campal.

Un sonido de violines le acompañaba en tan ardua tarea, porque había aprendido con el paso de los años que la música era la mejor compañera de viaje. 

Absorta en las notas del violín, se dejó llevar por unos instantes al séptimo cielo. A su lado, el escobón perezoso se dejaba caer. 

Después, improvisó un baile con él, como si de un príncipe de tratara. 

La gata que dormitaba en el sillón, despertó risueña y quiso sumarse a la fiesta. 

Si algún vecino curioso, se hubiera asomado por la ventana,  habría pensado que aquella mujer no estaba en sus cabales. 

Pero hacía tiempo que ella había dejado de importarle las opiniones de aquellos que todo lo pasan por el tamiz de su propio juicio. 

Había perdido la cordura y se dejaba llevar siempre que podía de su puntito de locura. 

¡Ay! si no que duro resulta todo...

Al cabo de un par de horas, nada parecía igual: los muebles habían recuperado su brillo, por los limpios cristales entraba el sol a raudales, y hasta parecía se respiraba mejor. 

Uff...con tanto trajín se le había abierto el apetito. 

Se dispuso a comer algo ligero para contrarrestar las comilonas de las fiestas pasadas. 

La paz y el silencio se había adueñado de la casa y todo parecía estar en orden. 

El sol se asomaba curioso a la estancia cotilleando lo que allí ocurría. 

28 de diciembre de 2020

¡FELIZ NAVIDAD!

 


Días de vacaciones.

Estaré ausente de la blogosfera.

Os deseo una Felices Fiestas Navideñas.

No serán como siempre, pero esperemos que el próximo año podamos celebrarlo por todo lo alto.

Miles de besos para cada uno de vosotros.

Os dejo estas fotografías que me hice el año pasado con mi gata Leticia. Estoy en pleno proceso de duelo.



El año pasado disfrutó mucho con las bolas y cintas del árbol de Navidad.

Nada hacía presagiar que serían sus últimas fiestas a mi lado.

Os deseo una feliz Nochevieja y entrada de Año Nuevo.

Deseando dejar este año maldito y poniendo la esperanza en el que está a punto de comenzar.

Un recuerdo entrañable para aquellos que han perdido la vida.También para sus familiares que lloran su ausencia.

6 de diciembre de 2020

PASEOS POR LA CIUDAD

 



Acudí por la mañana al centro. Tenía que comprar un encargo de unos amigos de la zona de Guardo.

Aproveché para hacer una gestión en el banco. No tuve que esperar mucho. Había cuatro o cinco personas mayores delante de mi un poco perdidas.

Ahora todo se hace a través de frías máquinas que ni te saludan, ni te miran, y que no funcionan como tengas algún fallo.

En honor a la verdad, en esta oficina hay una mujer encantadora que te facilita todo enormemente con una sonrisa. Ella, solícita, teclea el DNI de algún anciano que apenas ve, para coger el número, o te soluciona cualquier problema que pueda surgir. Y todo ello con una sonrisa, repito, y una esmerada educación. 

Hoy, no me he podido reprimir, y le he dicho en voz alta, qué donde tenía que firmar para poner un diez, un once, un doce...por su buen hacer y que llegue a oídos de sus superiores. 

Ella, un poco avergonzada, ha sonreído con más ganas y me ha dado las gracias.

Estas personas con este temple, son el alma de las grandes empresas. Quizá nunca sea reconocido el valor de su trabajo, pero continúan dando lo mejor de ellas mismas. 

Cuando las descubro, me gusta hacérselo saber, como justo pago a su humanidad y profesionalidad. La mayoría de las veces, solo sabemos protestar. 

Por supuesto debemos protestar cuando no nos prestan un buen servicio, claro que sí, pero también agradecer los servicios prestados.

Me conmueven esos ancianos de mirada perdida, con su cartilla de siempre esperando ser atendidos. 

Preguntando una y otra vez: ¿Qué significa esta cantidad que me han cobrado y no sé de qué? 

Al no llegarles los recibos en papel a casa, no se aclaran los pobres.

Ahora el auge es la banca electrónica. 

Muchos pueblos pequeños se quedan sin oficinas, con lo que conllevan esos servicios para las zonas rurales y su población mayoritariamente de edad avanzada.

Quizá sea más sensible para captar este problema por mi edad. Y eso que yo domino bien las nuevas tecnologías...

El mundo, y los que lo dirigen, avanza, sin importarles un pepino los seres que lo habitan.




Una tarde acudí con mi amiga, Yolanda a un centro comercial. Me habían encargado unos décimos de lotería unos amigos de la zona de Guardo. Pensábamos que era en Pamplona capital donde se encontraba la administración de lotería San Fermín, pero resulta que era en Huarte. No está muy lejos de donde vivo, pero no sabía como ir, por eso acudí a mi amiga que tiene coche.

No puso ninguna pega para hacerme el favor. Es una mujer joven, de la que podía ser su madre, pero que nos entendemos a las mil maravillas. Generosa, alegre, amante de los animales y muy buena gente. Me gusta rodearme de la gente joven y aprender de su pura inexperiencia. 

Cadena de favores. Yo le hice un favor a mi amigo, y ella me le hizo a mi.

Había expuesto un Belén hecho de globos. Los niños posaban delante de él para tener una foto para el recuerdo.

Yo, no quise ser menos que ellos...




El alumbrado navideño ya luce en la Plaza el Castillo. Me acerqué a verlo y a hacer unos vídeos y fotos.

Los niños son los que más disfrutan con ello.




El árbol de Navidad, lucía con su colorido poniendo una nota mágica a la noche. La gente procuraba cumplir con las medidas de seguridad, mientras los padres hacían fotos a sus retoños.




El Ayuntamiento también lucía engalanado. Ya estaba expuesto en el zaguán , el Belén y el Olentzero. No me paré a visitarlo.



Había grandes colas para entrar a comprar en las tiendas de regalos. 



Acababan de dar permiso a la hostelería para abrir las terrazas y se podía ver a la gente en ellas, pues no hacía demasiado frío. 



En el casco viejo pude ver muchos pequeños comercios y bares que habían tenido que cerrar para siempre. Me conmoví viendo su orfandad y el problema para esas familias que vivían de ello.




No soy de jugar a la lotería, pero al pasar por la Calle San Nicolás, compré un décimo; por lo visto el año pasado repartió algún premio.



Por precaución suelo bajar poco al centro. 

Una tarde, me acerqué a comprar algo que necesitaba.

En el autobús pude observar un par de detalles solidarios. Un chico de origen chino, pasó su tarjeta por el lector de billetes y le pitó porque no tenía saldo. El, un poco azarado, buscaba el monedero en su bolsillo sin encontrarle. Detrás venia una chica de origen peruano que se brindó a a pagarle su billete.

La chica llevaba una preciosa niñita de la mano. Por unos instantes, una sonrisa unió a estas personas de países tan distintos.

Luego, le ocurrió lo mismo a un hombre maduro y fue un chico joven el que le pagó su billete.

Con la mala prensa que tienen a veces los jóvenes, no pude por menos de dedicarle una sonrisa y una mirada de aprobación. 

Había un ambiente de armonía que me hizo tener esperanza en el ser humano.



Un olor a castañas recién asadas me llegó al llegar a la plaza de la Iglesia  de San Nicolás. 

En el Corte Inglés, Jimena e Iñigo sentados en el suelo pintaban en un cuaderno. Solo la voz de su madre les interrumpió , diciendo a Jimena que cuidara de su hermano.

En Zara, unas chicas comentaban al lado de una chaqueta de cuadros rojos, que ese mismo modelo lo llevaba el otro día, Inés Arrimadas.

Escuché a unas amigas mayores al pasar: Si...embargados por los hijos, porque ellos..."

Me imaginé que les habían avalado.



En Primor, un crío muy pequeño lloraba a mares sin que su madre, hermana y abuela pudieran hacer nada por consolarle. 
"¡Arabia, coge a tu hermano y sácale fuera!"Gritaba su madre. 
El pequeño tenía un berrinche que pensé me rompía los tímpanos. 
Un par de amigos, iban comentando: "Para ver a Julian riñendo a sus hijos, mejor no juntarnos" Imaginé que sería para las próximas fiestas.


Como no sé si voy a escribir algo antes de la Nochebuena, me voy a tomar un trozo de panettone a vuestra salud y desearos una felices fiestas.

20 de noviembre de 2020

MIEDOS

 



Me contaron un día los miedos de un señor muy serio que apenas sonreía.

Era un hombre cejijunto, de mirada inquisidora, con principio de alopecia andrógina y manchas en su cara.

De baja estatura, y piernas arqueadas; debido a un raquitismo en su infancia no diagnosticado. Caminaba despacio y con temor a caerse. 

Tenía ya una edad provecta y vivía solo.

Apenas se le veía relacionarse con nadie. Solía tomar el sol en un banco del parque, acompañado de su bastón y su sombrero.

Casi se podía adivinar su vulnerabilidad, expuesta sin ningún pudor, al observarle detenidamente. 




Se le veía frágil, afligido, emocionalmente lastimado.

La idea de la muerte, la enfermedad y el sufrimiento, le habían llevado a aquel estado. 

A lo largo de su vida, había poseído todo lo mejor de lo mejor, según aquellos que miden la felicidad con unos parámetros muy simples: fama, riqueza, honores...

Pero llegó un día, que tuvo que enfrentarse como cualquier mortal al paso de los años.

Comenzó a sentir en su organismo el declive funcional de todos los tejidos y órganos del cuerpo de manera gradual. 

Sus células comenzaron a dejar de funcionar como lo hacían en sus primeros años de vida. Expuestas a más sobrecargas ( estrés) a factores tóxicos ( radicales libres) radiaciones...Se fueron acumulando daños imposibles de reparar y fallos en el organismo.

Además de la pérdida de la memoria, le asustaba la idea de la muerte.




Concebía la muerte como un doloroso trance imposible de eludir.

Padecía claustrofobia desde siempre y le atemorizaba sobremanera la idea de que no pudiera respirar en sus últimos momentos. 

Algunas noches, cuando se acostaba y sentía  cerrarse sus párpados, le entraba una especie de angustia vital, porque le recordaba a la muerte.

Entonces, presa del pánico, sacaba sus brazos fuera de las mantas como buscando la libertad. Se sentaba encima de la cama y respiraba con fuerza tomando aliento.

Sabía que la muerte no se iba a olvidar de él, pero lo que le atormentaba sin parar era la situación en que se daría su deceso. 

Ese paso hacía lo desconocido.

Ese no poder controlar la situación.

Esa angustia que le salía de dentro.

Había dejado dicho a sus familiares, que icineraran su cuerpo. 

Una enorme angustia se apoderaba de él, cuando pensaba que le dieran por muerto y volviera a la vida dentro del féretro enterrado bajo tierra. 

La llamada tafofobia, miedo irracional y persistente a ser enterrado vivo, como consecuencia de haber sido diagnosticado muerto erróneamente, le tenían aterrorizado.

Había escuchado alguna de estas historias escabrosas y leyendas urbanas de ataúdes y muertos que le habían erizado la piel.

Incluso había leído con enorme interés la historia de terror magistralmente escrita por el maestro Edgar Allan Poe titulada:"El entierro prematuro". En esta obra, el personaje es una pobre víctima de sus febriles alucinaciones. La catalepsia, unida a sus fantasías, visiones y obsesiones con la muerte no le dejan vivir.

No le habían educado para sentir que la muerte forma parte de la vida. En nuestra cultura se tiende a ocultar desde niños esta verdad que nos atañe a cada uno.

Sentado al sol, con su sombrero y su bastón se le puede ver cada mañana ocultado sus miedos.


10 de noviembre de 2020

LA NOCHE

 



Anochece pronto. 

Las tinieblas se adueñarían de las calles a no ser por las farolas.

No he acudido hoy a mi cita diaria para ver como se despide el sol en el horizonte. Todavía puedo ver en la oscuridad el reflejo de color rojo fundirse con las nubes.

Hasta mi, llegan unos pasos que van marcando el compás. Son dos enamorados atrapados en la noche.

Un silencio lo envuelve todo.

Solo escucho el rumor de las musas que pelean por hacerse notar. 

Twitter se ha convertido en el estercolero de los fracasados y envidiosos. Amparados en el  anonimato, van dejando un poso de inmundicia y maldad.

Me niego a formar parte de este circo inmoral.

Estuve esta mañana leyendo sentada en un banco del parque. Un sol otoñal me besaba la frente, única parte visible de mi cara. Las gafas se empañaban a la vez que iba leyendo. 

Era un libro sobre el amor no correspondido con una prosa poética maravillosa.

Me fundí con las letras intentando hacerlas mías.

Me ocurre con frecuencia.

Las letras bailan a mi alrededor y no me queda más remedio que  atraparlas, dándoles vida. Intentado componer algo bello que me haga olvidar la fealdad que anida ente viejo mundo marchito de sueños.

Cerca, pude contemplar a unos niños que volvían del colegio. Salieron del coche a todo correr. Eran dos hermanos de corta edad. Uno de ellos intentaba llegar primero al portal. Las voces y risas infantiles llenaron el parque de una luz especial.

Desde hace unos meses vengo observado que he perdido la cintura por algún rincón de la casa. Mi figura se ha convertido en un bloque compacto sin forma alguna. Lo único que sobresale, son unas "mollas" por ambos lados. 

¡Ay, pobre de mi...!

Solo me quedan las letras y, a ellas me aferro.

A fin de cuentas, ellas son imperecederas. 

¿Qué me importa a mi no tener cintura? 

Es algo menor si todavía estoy viva.

Vivita y coleando jejeje.

No son buenos tiempos para casi nada.

Pasa el día y llega la noche. 

Palabras banales que decimos sin más.

Un día más, es un día menos. 

Por eso vivo cada uno intensamente.

No quiero ser esclava de mis miedos.

Aparto de mi cualquier incertidumbre que pueda borrar mi horizonte. 

Los árboles van quedando desnudos de hojas. 

Una gran alfombra se mece bajo mis pies. Pura poesía para mi alma inquieta.

Pero además, según los entendidos, las hojas caídas son un recurso natural rico en materia orgánica en minerales extraídos del subsuelo por las raíces de los árboles , y en microorganismos que en su proceso de descomposición contribuyen a enriquecer el suelo.

La noche sigue su curso, mientras a través del cristal veo formas fantasmagóricas que bailan al son de la luna. 

Cosas de mi imaginación calenturienta.

Siempre he sido amiga de la noche.

Ejerce sobre mi un poder de seducción enorme.

Después,  viene un nuevo día. Una nueva oportunidad de ser yo misma, a pesar de no tener ya cintura.

Buenas noches queridos amigos.