11 de enero de 2019

NAVIDAD


Ha pasado la Navidad y yo sin dar señales de vida...
He estado perezosa para escribir y me he limitado a saborear la vida.
Pero tengo material para hacer una entrada y no quiero desperdiciarlo. En realidad, eran mis primeras navidades en Pamplona, ya que el año pasado estuve con mi familia en Marbella.


Aquí el Olentzero tiene mucha tradición. Es un carbonero de la mitología que trae regalos a los niños. Os aconsejo preguntar al señor Google por él y os pondrá al corriente. Sigo perezosa y sin ganas de escribir...jejeje.


A Leticia lo que más le ha gustado es el Árbol de Navidad. En cuanto me descuidaba, se colgaba del espumillón tratando de coger unos ratoncitos suyos que puse de adorno junto a las bolas.


Unos días antes de las fiestas, la niebla hizo su aparición. Apenas se veía, y había un aíre fantasmagórico por las calles.


Y fiel a mi misma, aproveché la ocasión una vez más de sentirme niña.


Unos días antes, vino mi amigo, Angel desde Guatemala a visitarme. No faltó la típica fotografía al pie del Monumento al Encierro.


Y en el mítico Café Iruña charlamos largo rato sin prisa alguna.


Estuve pendiente del programa que había editado el Ayuntamiento para no perderme detalle. Así pude escuchar cantar villancicos en la Plaza del Ayuntamiento y las calles aledañas.













El ambiente festivo llenaba las calles y plazas, mientras familias enteras disfrutaban de estos días.



El castañero estos días formaba parte del paisaje urbano de manera especial.


Cada año vienen a desfilar el Grupo "Maestra della Battaglia" desde Quattro Castela.





El grupo está formado por más de medio centenar de componentes que con sus banderas, sus tambores y bailes ponen una nota de color en las calles de Pamplona. Yo había ido al centro para realizar unas compras y me los encontré. Ni que decir tiene que les acompañé largo rato.













Suelen desfilar en la Cabalgata de Reyes y por las calles de la capital navarra. Pude grabarles a su llegada al Ayuntamiento donde fueron recibidos por el alcalde y nos hicieron una demostración de su arte.


Sus Majestades los Reyes Magos, llegaron como cada año cargados de regalos.


Y hasta Cooper, celebró su primera Navidad encantado.





Me fui a ver la Cabalgata y como soy muy bajita, gracias al palo del selfie pude grabar algo en directo para Facebook y algún vídeo para YouTube.


En la Nochevieja, cambié por unas horas de estilo...


Y mi gata, Leticia también se lo pasó muy bien.

Desearos a todos un Feliz Año y enviaros muchos besos y abrazos para cada uno.





Y de camino os presento a Cooper oficialmente. Un nuevo miembro de la familia.

15 de diciembre de 2018

OFELIA


Ofelia salió a mi encuentro una tarde de primavera. Paseaba yo con mi cámara fotográfica tratando de plasmar la belleza genuina de la naturaleza sin más pretensión que la de disfrutar de la vida, cuando de repente la vi salir de entre unos matorrales.
Muy despacio, para no romper el hechizo de ese instante, disparé el objetivo una y otra vez.


Ofelia, ajena a mi presencia iba de acá para allá luciendo el colorido de sus alas. Libando de flor en flor me ignoraba, mientras yo vivía intensamente aquellos momentos.
Alguna vez pasó muy cerca de mi, e incluso temí que se asustara. Pero no.
Ofelia, seguía ofreciéndome un maravilloso espectáculo para mi solita.


Extasiada pude hacer todas las fotografías que quise. Era como si Ofelia estuviera posando para mi.
Algunos transeúntes me observaban de lejos con enorme curiosidad, pero yo solo tenía ojos para Ofelia.


Entre ella y yo había una conexión especial. Pues llegó un momento en que parecía mirarme a los ojos. Era un diálogo entre ambas, a nuestra manera...
Pura poesía para los sentidos.
Me sentí un poco loca, un poco niña, un poco poeta, porque solo ellos son capaces de rescatar la belleza que se encierra en un instante.


Después, la grabé en vídeo para dejar más constancia de lo vivido.
Ahí os lo dejo. Se que vosotros lo vais a entender mejor que nadie.

30 de noviembre de 2018

EL PRÉSTAMO


Era a última hora de la tarde, cuando escuchó un golpe en la puerta de la calle.
- ¿Quien es? preguntó.
-Soy yo, la vecina.
María acaba de llegar de la calle y lucha por quitarse los zapatos en el pasillo. Es una mujer de edad avanzada llena de prejuicios y miedos. No hace mucho llegó del pueblo a vivir a la capital. Recelosa, abre un poquito la puerta. Ya sus hijos le han advertido seriamente no abra a cualquiera que llame.
Sus ojos se cruzan con los de Alena, una joven madre rusa con la que apenas ha cruzado algún saludo por la escalera.
-Hola, hace mucho que no te veo, le dice Alena, sonriente.
-Hola, es verdad. Veo más a tus hijos cuando regresan del colegio y también me los cruzo por el barrio, contesta, Maria.
Pero enseguida se da cuenta de que aquella conversación con meros formulismos no es la causa de la llamada de su vecina.
Alena, se acerca un poquito más a ella, y como en un susurro le dice bajito: "¡Tengo un problema!"
La cara de Maria adquiere un gesto de intriga y casi da un respingo cerrando la puerta de golpe.
Le han inculcado un temor al "diferente" desde su más tierna infancia y lo más práctico es huir.
Es una mujer buena, honrada, que provine de un pueblo de Toledo. Se quedó viuda hace unos cuantos años y desde entonces sus miedos se han acentuado.
Pero puede en ella una humanidad que le caracteriza desde siempre. Es bondadosa por naturaleza.
Sus ojos claros se posan con suavidad en los de su vecina poniendo atención en lo que le cuenta.
-Mira, hasta el día treinta no me pagan la nómina y necesito que me prestes un poco de dinero para poder terminar el mes y comprar cosas básicas de alimentación, le dice Alena bajando la mirada avergonzada.
Maria, abre la puerta de par en par a la vez que su corazón.
Entre estas dos mujeres tan distintas se crea una corriente de complicidad femenina. El matriarcado toma cuerpo y se une en el amor más puro y desinteresado.
Alena, abraza a Maria con todas las fuerzas de su corazón. Ha apurado todas las ayudas sociales y no sabía donde acudir.
Después, recoge el dinero que Maria pone en sus manos, compartiendo con ella su mísera pensión.
Un poco de los miedos de Maria, se han esfumado al calor de la amistad.

21 de noviembre de 2018

EL HOMBRE SERIO


Era un hombre serio, taciturno, de mirada huidiza. Caminaba siempre cabizbajo, como si temiera tropezar. Jamás saludaba a nadie al pasar. Era como una sombra sin voz ni nombre.
Su poco atractivo físico, tampoco ayudaba mucho. Tenía una vulgar cara llena de granos enrojecida y una incipiente calva. Nunca se le vio sonreír. Alguna vez se adivinaba en su rostro una mueca burlona, un rictus con un halo de misterio.
Al cruzarte con él, daba la sensación de que quería pasar desapercibido dando muestras de incomodarse cuando gentilmente intentabas ser próximo y cercano.
Bien podía pasar por tímido o antipático a la hora de definir su carácter.
Era uno de esos hombres que forman parte del paisaje urbano y con los que te relacionas en tus rutinas diarias.
Uno de tantos seres que vagan por las calles de ciudades y pueblos, con su particular manera de ser, con un pasado a sus espaldas, con sus miedos e inseguridades.



Pero una noche de fiesta, las notas de una guitarra fusionadas con el bajo y la batería, le vieron dando palmas al compás. Se había trasformado en otro ser. Su cara resplandecía a la luz de la la farola cercana , su boca reía de contento, sus ojos habían tomado vida y manifestaban su estado interior de una manera sorprendente. Incluso se atrevió a dar unos pasos de baile certeros, nada improvisados.
Y es que... las apariencias engañan y hay que atreverse a vivir la aventura del conocimiento del otro.
Hay que intentar rescatar del interior aquello que desconocemos y sin duda existe.

2 de noviembre de 2018

PASEOS EN OTOÑO


Estoy perezosa a la hora de poner al día el blog. Me han abandonado las musas y se ha secado de golpe mi creatividad.
Quizá se deba a que al regresar de nuevo a Pamplona, necesito unos días para habituarme. Y no es que no me encuentre bien aquí. De echo al llegar y ver de nuevo mi barrio grité con todas mis fuerzas. Eso es síntoma de que ya lo siento mio.



En mis paseo habituales ya voy saludando a unos y otros conocidos.  El paso del tiempo hará el resto...
Todo es cuestión de dejar pasar unos meses, unos años... También me ocurrió cuando llegué a Guardo después de vivir largos años en el sur.


Me fascinan los colores del Otoño.





 De un día para otro los árboles componen una sinfonía bellísima en sus hojas antes de morir.



Un canto a la vida que intento atrapar con mi cámara. Me pierdo en mis caminatas por caminos y veredas intentado captar la belleza de un instante.


Soy capaz de deleitarme sin prisa alguna cuando descubro algo me atrapa mi atención. A veces la gente me observa curiosa, pero yo voy a lo mío...


Allá donde la inocencia se esconde en una mirada, allá voy. Y fluye de manera natural una palabra, un susurro, una caricia.


A veces me salen al encuentro miradas divertidas que me observan desde su atalaya.  Personajes que atrapan mi alma de niña mientras emprendo la senda de los sueños por cumplir.


Y hasta me saludan los graffitis al pasar cerca. Arte de calle que atrapa mis sentidos despiertos y ávidos de nuevas sensaciones.


A la vera de un camino descubro unas sencillas flores que engalanadas iluminan ese mundo nuestro tan necesitado de amor. El sol a punto de despedirse las besa con ternura.


Una preciosa gata siamesa me mira con sus preciosos ojos azules desde lo alto de un muro. Me acerco cautelosa y se deja acariciar.


Dicen que los gatos te leen el aura y ese enigmático animal se acerca a mi con esa intención. No cabe duda...


En una rama se columpia una granada sin ningún temor. Apenas ha salido del cascarón y se asoma al mundo divertida y juguetona.


Un poco más allá descubro unas bolitas rojas que no se muy bien como se llaman. ¿Quizá, madroños?
Cuando me lo aprendo se me olvida de nuevo.
Anochece cuando doy por terminado mi paseo otoñal.
Así a través de mis fotografías he podido contaros lo que mis ojos ven y escribir de nuevo en el blog.
Poco a poco iré pasando por vuestros blogs, queridos amigos.

9 de octubre de 2018

MI AMIGO TINO


Ayer en mi paseo habitual me encontré a mi amigo Tino. Estaba pasando la tarde con unos amigos junto a la Oficina de Turismo. Me saludó con enorme cariño y me comentó que me quería regalar manzanas y ciruelas de su cosecha.
Conocí a Tino una tarde del año pasado al azar. Una nieta suya me lee y me había comentado que le gustaría que le hiciera una foto a su abuelo y la colgara en mi Facebook. Le comenté que estaría encantada de hacerlo. Me dijo donde vivía y quedamos en que un día me acercaría a saludarle. Pasó el tiempo y me olvidé. Pero una tarde que paseaba cerca de su barrio pasé al lado de un hombre y le saludé. Como llevábamos el mismo camino fuimos charlando un rato.
-¿No serás tú la fotógrafa que pone cosas de Guardo en internet? -me dijo.
Sonreí divertida y después de haberle sacado de su error y confesar que en realidad no era fotógrafa, simplemente hacía fotografías...me di a conocer.
-Mi nieta en Barcelona te lee y me ha hablado de ti- siguió comentando.
Al preguntarle el nombre mi sorpresa fue mayúscula. Era el abuelo al que yo tenía que retratar...
El azar nos había unido sin previo aviso.
Desde el primer instante conectamos y así nació nuestra bonita amistad.
Esa tarde le hice unas fotos con sus amigos que le esperaban y luego se las lleve a su casa impresas en papel.
Pero volvamos con la cita de esta mañana...


Llamé a la puerta, y al no obtener contestación miré a la derecha de la casa y cual fue mi sorpresa que estaba sacando patatas en un pequeño huerto.
 Me encanta el olor a tierra. Allí estaban desparramadas las entrañas de la tierra pariendo su fruto.


Mi amigo, Tino tiene noventa años y está a punto de cumplir noventa y uno.
Es un hombre de mirada serena que trasmite una paz enorme. Tiene una sabiduría que me atrapa cuando hablo con él. Sus palabras pausadas me trasmiten un cúmulo de sentimientos bellos por las enseñanzas que encierran llenas de valores denostados hoy por la sociedad actual.
Al verme, deja el surco y se acerca sonriente. Nos saludamos como viejos amigos aunque nuestra amistad haya nacido apenas hace un año.


Abre un portón y encima de unas mesas están esparcidas las manzanas una detrás de otra...
Parece un cuadro impresionista.
-¡Huele, huele...! me dice.
Un delicioso aroma invade la estancia.
Luego me pide que pruebe una ciruela de color rojo de un cajón cercano no sin antes haberla lavado bien- dice.
¡Son exquisitas!-le digo.
Me anima generosamente a coger las más duras y cuantas quiera. Con las más maduras quiere hacer mermelada.
En unos minutos lleno un par de bolsas de cada.


Es albañil de profesión y él mismo ha edificado su propia casa.
Me muestra con orgullo toda la bajera que ha adornado con trozos de losetas variadas componiendo un auténtico mosaico artístico.
Le pido posar para mi con su obra de arte, y muy coqueto me comenta que con el mono de trabajo no se ve muy favorecido...
Le insisto y al fin cede ante mi requerimiento mientras le robo una sonrisa.
Ante mi pregunta de que cuantos años lleva viudo, se pone nostálgico al decirme que siete.
La confidencia surge despacio mientras un sol otoñal es testigo de nuestro encuentro.
-Entonces si que sufrí mucho-me dice bajito.
Emocionado recuerda a su mujer con tanto amor, que la emoción me embarga.
Hubiera querido grabar sus palabras y lanzarlas a la red como homenaje a este hombre bueno con un corazón de oro.
Como veo que aún le queda tarea me despido de él para no entorpecer su trabajo.
En unas semanas se irá a Barcelona con sus hijos y yo volveré  a Pamplona.
Nos damos un abrazo por si no nos volvemos a ver antes de nuestra marcha.


Los árboles cercanos vestidos de Otoño se asoman a la despedida de dos amigos. Dos almas que han conectado desde el primer momento.
Ha sido maravilloso conocer a Tino.


Me alejo con las dos bolsas repletas de frutos.
Su figura a lo lejos agachado con el azadón,me conmueve. Es un hombre atado a la tierra y a sus raíces.
Espero con ilusión nuestro nuevo encuentro el próximo año cuando volvamos a Guardo.