11 de enero de 2021

MAÑANAS DE SOL

 


Aquella mañana, se levantó con los huesos doloridos y retazos de ilusión del Día de Reyes pasado.

Por su cabeza pasó la tentación de desayunar y salir corriendo a pasear. Un sol juguetón entraba por la ventana haciéndole guiños de complicidad y eso le animaba. 

Amaba el sol y la vida. 

Desde siempre, entre ella y el sol, se había establecido un idilio de amor, por eso se asomó a la ventana y se dejó besar por él.

Pero también era amante del orden y la limpieza. Comenzó a levantar alfombras, perseguir pelusas, frotar una y otra vez, hasta convertir la casa en lo más parecido a una batalla campal.

Un sonido de violines le acompañaba en tan ardua tarea, porque había aprendido con el paso de los años que la música era la mejor compañera de viaje. 

Absorta en las notas del violín, se dejó llevar por unos instantes al séptimo cielo. A su lado, el escobón perezoso se dejaba caer. 

Después, improvisó un baile con él, como si de un príncipe de tratara. 

La gata que dormitaba en el sillón, despertó risueña y quiso sumarse a la fiesta. 

Si algún vecino curioso, se hubiera asomado por la ventana,  habría pensado que aquella mujer no estaba en sus cabales. 

Pero hacía tiempo que ella había dejado de importarle las opiniones de aquellos que todo lo pasan por el tamiz de su propio juicio. 

Había perdido la cordura y se dejaba llevar siempre que podía de su puntito de locura. 

¡Ay! si no que duro resulta todo...

Al cabo de un par de horas, nada parecía igual: los muebles habían recuperado su brillo, por los limpios cristales entraba el sol a raudales, y hasta parecía se respiraba mejor. 

Uff...con tanto trajín se le había abierto el apetito. 

Se dispuso a comer algo ligero para contrarrestar las comilonas de las fiestas pasadas. 

La paz y el silencio se había adueñado de la casa y todo parecía estar en orden. 

El sol se asomaba curioso a la estancia cotilleando lo que allí ocurría. 

28 de diciembre de 2020

¡FELIZ NAVIDAD!

 


Días de vacaciones.

Estaré ausente de la blogosfera.

Os deseo una Felices Fiestas Navideñas.

No serán como siempre, pero esperemos que el próximo año podamos celebrarlo por todo lo alto.

Miles de besos para cada uno de vosotros.

Os dejo estas fotografías que me hice el año pasado con mi gata Leticia. Estoy en pleno proceso de duelo.



El año pasado disfrutó mucho con las bolas y cintas del árbol de Navidad.

Nada hacía presagiar que serían sus últimas fiestas a mi lado.

Os deseo una feliz Nochevieja y entrada de Año Nuevo.

Deseando dejar este año maldito y poniendo la esperanza en el que está a punto de comenzar.

Un recuerdo entrañable para aquellos que han perdido la vida.También para sus familiares que lloran su ausencia.

6 de diciembre de 2020

PASEOS POR LA CIUDAD

 



Acudí por la mañana al centro. Tenía que comprar un encargo de unos amigos de la zona de Guardo.

Aproveché para hacer una gestión en el banco. No tuve que esperar mucho. Había cuatro o cinco personas mayores delante de mi un poco perdidas.

Ahora todo se hace a través de frías máquinas que ni te saludan, ni te miran, y que no funcionan como tengas algún fallo.

En honor a la verdad, en esta oficina hay una mujer encantadora que te facilita todo enormemente con una sonrisa. Ella, solícita, teclea el DNI de algún anciano que apenas ve, para coger el número, o te soluciona cualquier problema que pueda surgir. Y todo ello con una sonrisa, repito, y una esmerada educación. 

Hoy, no me he podido reprimir, y le he dicho en voz alta, qué donde tenía que firmar para poner un diez, un once, un doce...por su buen hacer y que llegue a oídos de sus superiores. 

Ella, un poco avergonzada, ha sonreído con más ganas y me ha dado las gracias.

Estas personas con este temple, son el alma de las grandes empresas. Quizá nunca sea reconocido el valor de su trabajo, pero continúan dando lo mejor de ellas mismas. 

Cuando las descubro, me gusta hacérselo saber, como justo pago a su humanidad y profesionalidad. La mayoría de las veces, solo sabemos protestar. 

Por supuesto debemos protestar cuando no nos prestan un buen servicio, claro que sí, pero también agradecer los servicios prestados.

Me conmueven esos ancianos de mirada perdida, con su cartilla de siempre esperando ser atendidos. 

Preguntando una y otra vez: ¿Qué significa esta cantidad que me han cobrado y no sé de qué? 

Al no llegarles los recibos en papel a casa, no se aclaran los pobres.

Ahora el auge es la banca electrónica. 

Muchos pueblos pequeños se quedan sin oficinas, con lo que conllevan esos servicios para las zonas rurales y su población mayoritariamente de edad avanzada.

Quizá sea más sensible para captar este problema por mi edad. Y eso que yo domino bien las nuevas tecnologías...

El mundo, y los que lo dirigen, avanza, sin importarles un pepino los seres que lo habitan.




Una tarde acudí con mi amiga, Yolanda a un centro comercial. Me habían encargado unos décimos de lotería unos amigos de la zona de Guardo. Pensábamos que era en Pamplona capital donde se encontraba la administración de lotería San Fermín, pero resulta que era en Huarte. No está muy lejos de donde vivo, pero no sabía como ir, por eso acudí a mi amiga que tiene coche.

No puso ninguna pega para hacerme el favor. Es una mujer joven, de la que podía ser su madre, pero que nos entendemos a las mil maravillas. Generosa, alegre, amante de los animales y muy buena gente. Me gusta rodearme de la gente joven y aprender de su pura inexperiencia. 

Cadena de favores. Yo le hice un favor a mi amigo, y ella me le hizo a mi.

Había expuesto un Belén hecho de globos. Los niños posaban delante de él para tener una foto para el recuerdo.

Yo, no quise ser menos que ellos...




El alumbrado navideño ya luce en la Plaza el Castillo. Me acerqué a verlo y a hacer unos vídeos y fotos.

Los niños son los que más disfrutan con ello.




El árbol de Navidad, lucía con su colorido poniendo una nota mágica a la noche. La gente procuraba cumplir con las medidas de seguridad, mientras los padres hacían fotos a sus retoños.




El Ayuntamiento también lucía engalanado. Ya estaba expuesto en el zaguán , el Belén y el Olentzero. No me paré a visitarlo.



Había grandes colas para entrar a comprar en las tiendas de regalos. 



Acababan de dar permiso a la hostelería para abrir las terrazas y se podía ver a la gente en ellas, pues no hacía demasiado frío. 



En el casco viejo pude ver muchos pequeños comercios y bares que habían tenido que cerrar para siempre. Me conmoví viendo su orfandad y el problema para esas familias que vivían de ello.




No soy de jugar a la lotería, pero al pasar por la Calle San Nicolás, compré un décimo; por lo visto el año pasado repartió algún premio.



Por precaución suelo bajar poco al centro. 

Una tarde, me acerqué a comprar algo que necesitaba.

En el autobús pude observar un par de detalles solidarios. Un chico de origen chino, pasó su tarjeta por el lector de billetes y le pitó porque no tenía saldo. El, un poco azarado, buscaba el monedero en su bolsillo sin encontrarle. Detrás venia una chica de origen peruano que se brindó a a pagarle su billete.

La chica llevaba una preciosa niñita de la mano. Por unos instantes, una sonrisa unió a estas personas de países tan distintos.

Luego, le ocurrió lo mismo a un hombre maduro y fue un chico joven el que le pagó su billete.

Con la mala prensa que tienen a veces los jóvenes, no pude por menos de dedicarle una sonrisa y una mirada de aprobación. 

Había un ambiente de armonía que me hizo tener esperanza en el ser humano.



Un olor a castañas recién asadas me llegó al llegar a la plaza de la Iglesia  de San Nicolás. 

En el Corte Inglés, Jimena e Iñigo sentados en el suelo pintaban en un cuaderno. Solo la voz de su madre les interrumpió , diciendo a Jimena que cuidara de su hermano.

En Zara, unas chicas comentaban al lado de una chaqueta de cuadros rojos, que ese mismo modelo lo llevaba el otro día, Inés Arrimadas.

Escuché a unas amigas mayores al pasar: Si...embargados por los hijos, porque ellos..."

Me imaginé que les habían avalado.



En Primor, un crío muy pequeño lloraba a mares sin que su madre, hermana y abuela pudieran hacer nada por consolarle. 
"¡Arabia, coge a tu hermano y sácale fuera!"Gritaba su madre. 
El pequeño tenía un berrinche que pensé me rompía los tímpanos. 
Un par de amigos, iban comentando: "Para ver a Julian riñendo a sus hijos, mejor no juntarnos" Imaginé que sería para las próximas fiestas.


Como no sé si voy a escribir algo antes de la Nochebuena, me voy a tomar un trozo de panettone a vuestra salud y desearos una felices fiestas.

20 de noviembre de 2020

MIEDOS

 



Me contaron un día los miedos de un señor muy serio que apenas sonreía.

Era un hombre cejijunto, de mirada inquisidora, con principio de alopecia andrógina y manchas en su cara.

De baja estatura, y piernas arqueadas; debido a un raquitismo en su infancia no diagnosticado. Caminaba despacio y con temor a caerse. 

Tenía ya una edad provecta y vivía solo.

Apenas se le veía relacionarse con nadie. Solía tomar el sol en un banco del parque, acompañado de su bastón y su sombrero.

Casi se podía adivinar su vulnerabilidad, expuesta sin ningún pudor, al observarle detenidamente. 




Se le veía frágil, afligido, emocionalmente lastimado.

La idea de la muerte, la enfermedad y el sufrimiento, le habían llevado a aquel estado. 

A lo largo de su vida, había poseído todo lo mejor de lo mejor, según aquellos que miden la felicidad con unos parámetros muy simples: fama, riqueza, honores...

Pero llegó un día, que tuvo que enfrentarse como cualquier mortal al paso de los años.

Comenzó a sentir en su organismo el declive funcional de todos los tejidos y órganos del cuerpo de manera gradual. 

Sus células comenzaron a dejar de funcionar como lo hacían en sus primeros años de vida. Expuestas a más sobrecargas ( estrés) a factores tóxicos ( radicales libres) radiaciones...Se fueron acumulando daños imposibles de reparar y fallos en el organismo.

Además de la pérdida de la memoria, le asustaba la idea de la muerte.




Concebía la muerte como un doloroso trance imposible de eludir.

Padecía claustrofobia desde siempre y le atemorizaba sobremanera la idea de que no pudiera respirar en sus últimos momentos. 

Algunas noches, cuando se acostaba y sentía  cerrarse sus párpados, le entraba una especie de angustia vital, porque le recordaba a la muerte.

Entonces, presa del pánico, sacaba sus brazos fuera de las mantas como buscando la libertad. Se sentaba encima de la cama y respiraba con fuerza tomando aliento.

Sabía que la muerte no se iba a olvidar de él, pero lo que le atormentaba sin parar era la situación en que se daría su deceso. 

Ese paso hacía lo desconocido.

Ese no poder controlar la situación.

Esa angustia que le salía de dentro.

Había dejado dicho a sus familiares, que icineraran su cuerpo. 

Una enorme angustia se apoderaba de él, cuando pensaba que le dieran por muerto y volviera a la vida dentro del féretro enterrado bajo tierra. 

La llamada tafofobia, miedo irracional y persistente a ser enterrado vivo, como consecuencia de haber sido diagnosticado muerto erróneamente, le tenían aterrorizado.

Había escuchado alguna de estas historias escabrosas y leyendas urbanas de ataúdes y muertos que le habían erizado la piel.

Incluso había leído con enorme interés la historia de terror magistralmente escrita por el maestro Edgar Allan Poe titulada:"El entierro prematuro". En esta obra, el personaje es una pobre víctima de sus febriles alucinaciones. La catalepsia, unida a sus fantasías, visiones y obsesiones con la muerte no le dejan vivir.

No le habían educado para sentir que la muerte forma parte de la vida. En nuestra cultura se tiende a ocultar desde niños esta verdad que nos atañe a cada uno.

Sentado al sol, con su sombrero y su bastón se le puede ver cada mañana ocultado sus miedos.


10 de noviembre de 2020

LA NOCHE

 



Anochece pronto. 

Las tinieblas se adueñarían de las calles a no ser por las farolas.

No he acudido hoy a mi cita diaria para ver como se despide el sol en el horizonte. Todavía puedo ver en la oscuridad el reflejo de color rojo fundirse con las nubes.

Hasta mi, llegan unos pasos que van marcando el compás. Son dos enamorados atrapados en la noche.

Un silencio lo envuelve todo.

Solo escucho el rumor de las musas que pelean por hacerse notar. 

Twitter se ha convertido en el estercolero de los fracasados y envidiosos. Amparados en el  anonimato, van dejando un poso de inmundicia y maldad.

Me niego a formar parte de este circo inmoral.

Estuve esta mañana leyendo sentada en un banco del parque. Un sol otoñal me besaba la frente, única parte visible de mi cara. Las gafas se empañaban a la vez que iba leyendo. 

Era un libro sobre el amor no correspondido con una prosa poética maravillosa.

Me fundí con las letras intentando hacerlas mías.

Me ocurre con frecuencia.

Las letras bailan a mi alrededor y no me queda más remedio que  atraparlas, dándoles vida. Intentado componer algo bello que me haga olvidar la fealdad que anida ente viejo mundo marchito de sueños.

Cerca, pude contemplar a unos niños que volvían del colegio. Salieron del coche a todo correr. Eran dos hermanos de corta edad. Uno de ellos intentaba llegar primero al portal. Las voces y risas infantiles llenaron el parque de una luz especial.

Desde hace unos meses vengo observado que he perdido la cintura por algún rincón de la casa. Mi figura se ha convertido en un bloque compacto sin forma alguna. Lo único que sobresale, son unas "mollas" por ambos lados. 

¡Ay, pobre de mi...!

Solo me quedan las letras y, a ellas me aferro.

A fin de cuentas, ellas son imperecederas. 

¿Qué me importa a mi no tener cintura? 

Es algo menor si todavía estoy viva.

Vivita y coleando jejeje.

No son buenos tiempos para casi nada.

Pasa el día y llega la noche. 

Palabras banales que decimos sin más.

Un día más, es un día menos. 

Por eso vivo cada uno intensamente.

No quiero ser esclava de mis miedos.

Aparto de mi cualquier incertidumbre que pueda borrar mi horizonte. 

Los árboles van quedando desnudos de hojas. 

Una gran alfombra se mece bajo mis pies. Pura poesía para mi alma inquieta.

Pero además, según los entendidos, las hojas caídas son un recurso natural rico en materia orgánica en minerales extraídos del subsuelo por las raíces de los árboles , y en microorganismos que en su proceso de descomposición contribuyen a enriquecer el suelo.

La noche sigue su curso, mientras a través del cristal veo formas fantasmagóricas que bailan al son de la luna. 

Cosas de mi imaginación calenturienta.

Siempre he sido amiga de la noche.

Ejerce sobre mi un poder de seducción enorme.

Después,  viene un nuevo día. Una nueva oportunidad de ser yo misma, a pesar de no tener ya cintura.

Buenas noches queridos amigos.


3 de noviembre de 2020

MIRADAS DE OTOÑO.

 


Se han llenado las hojas de los árboles de colores.




Me sumerjo como en un caleidoscopio de colores y formas dentro del parque.




Me dejo llevar del arrullo del viento al caer la tarde.




Una alfombra de hojas se abre a mi paso. 

Apenas me atrevo a pisar, me parece escuchar su llanto.




Mis recuerdos se van a orilla del Carrión. 

Un río ligado a mi historia, que cobija mis sueños, mis secretos, mis anhelos...



Y al parque donde tantas veces fui feliz.

Cada Otoño me solía perder con mi cámara tratando de rescatar la belleza.




En cada esquina se divisa una acuarela de maravilloso colorido.

En esas tardes de Otoño donde nace un poema o una balada, me refugio.



Los madroños lucen así de bonitos. 

En cada Otoño amo la vida.



Cada Otoño se lleva un poquito de mi, por eso procuro vivir intensamente.



Los caminos se llenan de enamorados.



De familias que pasean al caer la tarde.



De personas que se ayudan al caminar .



De jóvenes que beben su vida sorbo a sorbo.



De niños que juegan y comparten confidencias.

23 de octubre de 2020

RETAZOS DE LA VIDA DE CELIA. CAPÍTULO SÉPTIMO.

 


Los padres de Celia se trasladaron a vivir a Guardo, provincia de Palencia.

Guardo vivía  de la agricultura y la ganadería, pastos, cereales y lino, si bien existe también una tradición alfarera cuyo origen se desconoce, pero que ha llegado hasta nuestros días.

El desarrollo industrial de Guardo fue paralelo al descubrimiento del carbón en la comarca a finales del siglo XIX y la construcción del ferrocarril de vía estrecha La Robla- Bilbao, llamado "El Hullero" que ponía dicho carbón en puertos de mar como Santander y Bilbao y sobre todo en los Altos hornos de Vizcaya.  Con el inicio de la minería a principios del siglo XX y el aluvión de gentes de otras tierras que buscaban trabajo en la extracción del carbón, se modifica la fisonomía del pueblo y el casco urbano antiguo va siendo engullido por las nuevas construcciones.  Wikipedia.




Celia venia de un pueblo más pequeño que la hermosa villa de Guardo.  Se mudaron allí, porque su padre encontró trabajo en la minería. Tenía entonces cinco años.

Su abuelo era un empresario minero que procedía de León. Se había enamorado de su abuela, cuando fue con su hermano a explotar las minas cercanas al pueblo de donde ella vivía.

Con la venta de la herencia de la madre de Celia y algún ahorro, pudieron dar la entrada para un piso de protección oficial de los primeros que se hicieron en aquellos años.

Era un luminoso piso en la planta baja rodeado de un jardin.

Su padre le había dicho a Celia, que en el nuevo piso había una enorme taza blanca donde podía hacer pipí dentro de casa. En su pueblo por entonces no había baño, con el consiguiente problema a la hora de esos menesteres cotidianos que a todos nos acusan. Eran los años cuarenta.

Ella, con su curiosidad innata, lo primero que quiso ver fue  la enorme taza que en su imaginación había idealizado. Al verla, se quedó muy sorprendida y sin atreverse a sentarse en ella. Temía escabullirse dentro sin saber donde iría a parar. Por más que su padre le animó a hacerlo, no hubo manera. Pero la necesidad pudo más que su miedo y fácilmente se fue acostumbrando.




Por entonces se acondicionó el caserón construido en base  a la fachada de sillería, y que en el último tercio del siglo XIX había pertenecido a D. Antonio Huertes, en un Colegio de las Monjas del Amor de Dios. 

El padre y la madre de Celia quisieron que su hija estudiase allí, preocupándose de tener una plaza muy cotizada entonces. 



Por aquella época había grandes nevadas que a veces le impedían ir a clase. Esta foto es más actual y la nieve es menor. 

Entonces se pasaba la mañana al calor del hogar viendo a los mayores hacer caminos con palas para poder salir. Lo que le encantaba era jugar con la nieve. Tirar bolas a los amigos, resbalarse por ella cuando estaba helada en alguna cuesta. O simplemente tirarse con los brazos abiertos todo lo larga que era cuando estaba recién caía, dejando la huella de su cuerpo en forma de ángel.

Celia lucía flamante con su uniforme impoluto, que consistía en un pichi con una blusa blanca,  corbata y abrigo para los días de invierno. Su madre la peinaba con dos coquitos a cada lado con unos prendedores de margaritas. Había heredado el pelo abundante y recio de su padre y no tenía problema alguno. Eso si, la hubiera gustado tenerlo más liso, pues lo tenía muy ondulado y era difícil dejarlo largo.

Algunas veces, jugando, hacía realidad su sueño de tener una hermosa melena lisa, poniéndose una toalla como peluca. Con su melena de mentirijillas y los tacones de su madre iba poniendo los cimientos de su alma femenina presumida y coqueta.

Entraban en fila cada mañana los chiquillos al colegio y salían igual. 

No recuerda a ninguna monja de manera especial. Por entonces ella estaba más por la labor de conocer nuevas amigas.

Se le han borrado casi los recuerdos de entonces. Era muy pequeña.

Recuerda que la fiesta del colegio, era el Día de la Niña María. Entonces se celebraba una misa con cánticos y el colegio se llenaba de una alegría especial.

Quizá con motivo de esa fiesta y de alguna otra, venía el fotógrafo, y detrás del colegio, en el Otero, les hacían fotos en grupo. Lo que si recuerda, eran las risas cómplices a la hora de posar. Cuanto más les decían que estuvieran quietas, más risa les daba. Los posados podían durar horas. Entonces se utilizaban las cámaras de carrete, y me imagino al pobre fotógrafo, hasta obtener la foto deseada antes de que se se le acabara el carrete y la paciencia.

Allí pasó sus primeros años de enseñanza y donde nació su amor por las letras. 

El arte de conocer las letras, unirlas y formar frases aprendiendo caligrafía, para después seguir un dictado, o hacer una redacción, le cautivaba de manera especial. 

Después aprendió a utilizar el plumín sujeto a un palillero que llenaba de tinta proveniente de un tintero. ¡Que peligro tenía aquello...! La tinta se podía verter por la falda o la camisa del uniforme. Y las manos y los dedos eran pasto del color azul o negro imposible de quitar.

Pero como todo avanza, comenzaron a aparecer por el aula unos modernos tinteros de plástico que no dejaban caer la tinta. Incluso se les podía poner boca abajo y no se salía. 

Era como algo mágico para aquellas pequeñas criaturas que comenzaban asombradas a conocer el mundo. 

Claro que estos artilugios eran caros por estar de actualidad. No todas las familias se podía permitir un gasto así. Celia siguió con su tintero de cristal, mientras por el rabillo del ojo miraba los de sus compañeras más afortunadas.

Pero un día, sin querer, tiró al suelo uno de aquellos modernos tinteros y le hizo una enorme raja por la que se salía la tinta. La dueña, puso el grito en el cielo, acusándola a la sor María de turno que le obligó a pagar el diabólico aparatejo. 

¡Menuda drama y menuda injusticia!

Aquello le marcó de tal manera, que desde aquel mismo momento quiso que su padre la sacara de allí. 

Las clásicas "enchufadas " tenían siempre las de ganar.

Continuará....

P.D. El resto de capítulos se pueden leer a la derecha del blog en las etiquetas.