Los campos de trigo me salen al encuentro en mis habituales paseos repletos de la belleza de las amapolas.
Esta mañana me pilló una enorme tormenta al salir del supermercado.
Salía muy enfadada, a cuenta de que últimamente en Eroski han cerrado las cajas normales de toda la vida y han puesto las de autopago por donde me niego a pasar.
Lo que me faltaba ya...
Además de pagar el doble por los mismos productos, que van subiendo de precio semanalmente, hacer yo misma el trabajo de cobrarme el importe de la compra.
Al principio las cajas normales funcionaba junto a las otras. Así podías tener ambas opciones. Pero hace una semana te van obligando poco a poco a pasar por el aro.
Ocurre igualmente con los contenedores de basura con tarjeta. Son pequeños, incómodos para dar al pedal cuando se abren, para la gente de edad avanzada, o con alguna minusvalía.
Una enorme chapuza de la Mancomunidad.
En vez de facilitar al ciudadano, todo lo contrarío.
Resultado: bolsas por el suelo, desorden, insalubridad...
Todo ello con una subida enorme de la tasa de basura que ha comenzado por Pamplona y que pronto nos llegará a Zizur.
Últimamente tengo un mosqueo de cómo funcionan muchos servicios y me lleno de malhumor.
Por eso, al ver estallar la tormenta, es cómo si la naturaleza se uniera a mi enfado.
Los truenos lanzaban sus voces con una fuerza estrepitosa que retumbaba en la plaza.
Me cobijé en la carpa del parque infantil de la plaza, mientras el agua corría en libertad.
De repente, apareció, Nerea, la nieta de una amiga. La niña chillaba de contento, e iba de acá para allá.
Su voz cantarina se fundía con el canto de la lluvia que volaba en libertad.
Comencé a grabar, bajo la atenta mirada de unos adolescentes que se habían refugiado también allí.
Nerea, con su preciosa carita, su bella sonrisa, y sus ganas de jugar, pretendía bajar por la barra, pero al estar mojada no podía.
Reía, gritaba, saltaba...
Unos chavales comenzaron a correr desafiando el mal tiempo.
A mi lado pasó un muchacho con un precioso ramo de flores.
-¡Menuda manera de llover! (susurró)
-¡Oh, un enamorado con un ramo de flores! ( le grite casi al oído)
Y la risa de su boca se llenó del agua que juguetona le besaba la cara.
Y entonces, Nerea vio que tenía Instagram y Facebook.
-¿Cuantos años tienes tú? (me preguntó)
- Tengo 78.
-Uy, y tienes casi todas las redes...
-Si, y muchos seguidores...
-Ah, le diré a mi abuela que tiene una amiga famosa.
- Muy bien, ha sido un placer estar contigo este ratito.
Cuando hubo escampado un poco, pude salir corriendo para casa, no sin antes haberme despedido de Nerea, que cómo un torbellino de colores alegres iba en busca de su abuela.
Al llegar a casa, suena el móvil. Es Lorena desde Guatemala. Nos conocimos no hace mucho en la Plaza el Castillo, en el Café Iruña.
Charlamos un buen rato de muchas cosas.
Al despedirnos, me dice que le he inyectado un chute de optimismo.
Es una característica mía. Un regalo de la vida.
Son los claroscuros de la vida reflejados en mis historias mínimas.

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