18 de mayo de 2023

MAÑANAS DE PRIMAVERA

 


Pasa cerca un hombre corpulento, de ojos azules y la decrepitud humana reflejada en su rostro.

En otros tiempos, ha debido ser muy guapo. Aún conserva un poco de su atractivo, pero lleva su mirada sin el brillo de antaño.

Yo, balanceo mi vida en un columpio infantil.




Alguien muy osado, trata de pegar el cartel electoral que cuelga de la pared, de los contrarios, cabeza abajo.

Uno que pasa a su lado sonríe cómplice. Murmuran algo bajito que no acierto a escuchar.

Todo el pueblo está plagado de carteles con los rostros de los candidatos.

Alguno se queja de que se les arrancan.

Cada partido trata de hacerse oír, ofreciendo en su programas mercancía atractiva para el gran mercado del mundo.

Estamos en tiempo de elecciones.

Corre un viento peleón y desagradable.

A punto he estado de quedarme en casa.

Antes de salir, me llaman insistentemente desde un número de Sevilla.

No suelo coger, si no le tengo en mi agenda; pero pregunto al Señor Google y me dice que es del Servicio de Salud Andaluz.

Me pica la curiosidad y a la segunda llamada lo cojo.

Una voz, con ese acento que tanto me gusta, pregunta por un nombre masculino.

-No, se ha equivocado. Está llamando a Navarra.

-Ah, pues aquí tengo ese número de teléfono. Lo siento.

-No pasa nada...siempre es un placer poder hablar con Sevilla y sus gentes.

Y se escucha una voz complaciente a través del teléfono.

No en vano he vivido allí casi toda mi vida.

¡Que casualidad!

Pensaba yo que tenía algo pendiente con ellos...

Un cochecito de niño, aparece bailando solo por la plaza.

Le ha dejado en una esquina, la abuela que juega con su nieto a esconderse.

Ríen los dos, al ver el baile desenfrenado animado por el viento.

Un cochecito juguetón y travieso.

La magia me ha salido al encuentro, en esta mañana de viento peleón y desagradable.

Una joven de pies chiquitos, el alma blanca, como las nubes de algodón, el corazón ardiente, la cabeza soberana, los ojos llenos de curiosidad, la pasión encendida a todas las horas, la sonrisa a flor de piel, las manos generosas, y los sentimientos abiertos al amor, así es ella.

Así la ve él, y así me lo cuenta.

Está locamente enamorado.

Desde el primer instante en qué la vi, supe que la amaría para siempre.

Porque el amor es así: impetuoso, visceral, apasionado...capaz de atraparnos en un instante (le comento bajito) .

El tiempo te enseñará a cultivar ese fruto hasta llegar a la madurez plena. De eso se trata. De que no se agoste y muera.

Me mira con fijeza, como escudriñando mi alma.

No sé si es capaz de captar lo que le quiero decir.

Quizá, son consejos demasiado serios para su joven corazón que acaba de conocer el amor fogoso, demasiado ardiente, que quema, que abrasa...

Y reímos de buena gana...

Con una risa cómplice.

Ya el hecho de que comparta conmigo su historia, me conmueve.

¡Podía ser su abuela!

Es un chaval que siempre te tiende los brazos. Necesita abrazar, y que le abracen.

Tiene en su haber, mucha falta de besos y mimos en su infancia, por el  abandono de su padre.

Por eso, abre sus brazos intentando reparar su ausencia.

El sol se ha unido a nuestro encuentro, poniendo la calidez necesaria para que se de la confidencia.

Y mi alma se llena de savia nueva.

El viento peleón se ha ido calmando un poco. Incluso me ha dejado leer un poco, el último libro que ha caído en mis manos, al amparo de un banco al sol.

 Se titula: "Cuando la vida empieza" de Iván Bunin. En él relata sus recuerdos de infancia y adolescencia, sobre el Imperio que se desmorona. Apoyada en un culto apasionado a la tradición rusa, de las grandes familias de la nobleza rural, a la que él mismo pertenecía. 

Regreso a casa, despacito, saboreando la mañana, y la vida...


10 de mayo de 2023

VISITANDO VALENCIA

 


Junto con mi amiga, Victoria, visitamos Valencia hace unos días. 

Hacía muchos años que no volvía por allí. Recuerdo la última vez, acompañando a las alumnas de la Escuela de Formación Profesional, donde trabajaba, en su viaje de fin de curso.

Ha cambiado mucho.

Comenzábamos el día, con un buen desayuno.


Y con una sonrisa...

Dispuestas a vivir una bonita aventura.


Llegamos a primera hora de la tarde, y nos fuimos a visitar la ciudad. 

Estaba yo, grabando en directo, para Instagram, cuando de repente, vi reflejada la figura de mi amiga de infancia y adolescencia, Marypi,  junto con su marido, Pedro, en la pantalla del móvil.

De la emoción, no acertaba a apagar el móvil para saludarles. Resulta, que su hija, Helga, me había visto y les avisó.

Fue, una sorpresa muy bonita nada más llegar.

Yo sabía que vivían ahí, pero eran tan pocos días, lo que iba a estar que pensaba, no me daría tiempo de verles.


Al día siguiente, pateamos la ciudad de la luz, hermosa, muy hermosa...


La temperatura, era veraniega, pero yo me fui con ropa de entretiempo, y pasé bastante calor.


Para aliviar, mis maltratados pies, por el calor, me compré unas bonitas alpargatas valencianas, aunque al final, terminé con los pies llenos de heridas.

Menos mal, que fue el último día, cuando me salieron...

Fueron mi salvación.


Valencia, bien merece más de una visita, pues tiene muchas cosas para ver y no da tiempo en tres días y medio.

Es una ciudad preciosa, con un encanto muy particular y una luz que te atrapa desde el primer instante.


Y llena de personajes divertidos, que llenan las calles de música y alegría tratando de ganarse unas monedas.


Como no dábamos tregua, al descanso, íbamos reponiendo fuerzas lo mejor que podíamos...


Pudimos aliviarnos con una bebida típica, que no recuerdo el nombre, dado que la sed, hacía acto de presencia a cada paso.


Por supuesto, visitamos la Ciudad de las Artes y las Ciencias, un complejo arquitectónico, cultural y de entretenimiento que uno no se puede perder. 


Es enorme, y fuimos un par de días.


Tengo muchas fotos, pero tan solo os voy a mostrar alguna de ellas.

La buganvilla, al lado del Palacio de las Artes Reina Sofia, lucía esplendorosa. 

Es una obra bellísima del arquitecto valenciano Calatrava. Parece un pez, o un velero, sugiriendo la presencia cercana del mar.


El primer día, visitamos el Museo de las Ciencias, al que hay que dedicar tres horas, para verlo bien.

Impresionante lo que hay allí...

Desde exposiciones interactivas, animaciones científicas, y objetos variados, relacionados con la evolución de la vida, la ciencia y la tecnología, y los grandes hombres que contribuyeron con su saber, su dedicación y su esfuerzo.


El segundo día, mi amiga visitó el Oceanográfico, pero yo no.


No me gusta ver a los animales en algún lugar que no sea su hábitad. 

Preferí visitar despacio la Ciudad de las Artes y la Ciencia.


Han sido  unos días muy bonitos, en muy buena compañía.

Pudimos visitar a Leonor, una amiga de noventa años de Victoria, de su época de juventud.

La hicimos muy feliz en esos días.

Nos invitó a comer, y pudimos vernos dos veces.


Y nos fuimos después a la playa de la Malvarrosa.


Y visitamos el Barrio del Cabanyal un barrio de pescadores , protagonista de las estampas más costumbristas y de valor incalculable.


Allí, junto a la playa, degustamos una exquisita paella, como manda la tradición.


Y unos boquerones muy ricos.


El día estaba nublado. Menos mal...

Entre la brisa y que no lucía un sol de esos que te queman viva, pudimos pasar unas horas muy bonitas.


Había mucha gente disfrutando del agua y del paseo, junto a músicos callejeros que animaban el ambiente.


Y pude aliviar mis cansados pies dentro del agua salada.

Días intentos de saborear la vida.

Tengo infinidad de fotos de la ciudad, que iré subiendo a mis redes sociales.


Como colofón, no podía faltar la horchata y los fartons, pero de los buenos...

De los de toda la vida...



De eso se encargaron mis amigos; de llevarme a un lugar donde los ponen exquisitos.

Y también para despedirnos y visitar en su compañía de algunos rincones de la ciudad.

Mi amiga, Victoria, estaba muy cansada y prefirió irse al hotel.


Valencia, me ha conquistado, y yo he conquistado a Valencia a base de pasear por sus calles y plazas.

A los pies del Jaime I el Conquistador, me despido de mi aventura.