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9 de marzo de 2017

MONICA Y SANDRA ( Personajes del mes)


Os presento a Sandra.


Y esta es Mónica.


Sandra y Monica, son dos jóvenes primas emprendedoras y el alma de "Vidapropia"


¿Pero que es "Vidapropia"?
"Vidapropia" es una marca registrada que tiene su sede en un pequeño local que ejerce de taller y tienda, donde tienen su punto de venta cara al público y las ventas online.


Pero dejemos que ellas mismas nos cuenten un poquito su historia...


Después de haberlas escuchado a ellas en el vídeo, con, Diva en mi regazo os voy a contar yo mi versión de su historia.
En esta sección: "Personaje del mes" suelo traer a personas mayores con un historial de años a sus espaldas vividos intensamente. Pero como contraste, quería esta vez traeros a un par de chicas jóvenes con toda la vida por delante. La gente de edad, me han contado sus sueños y metas cumplidos, y estas chicas sus sueños y metas por cumplir.
Mónica y Sandra, nacieron en Palencia, por aquello de que sus madres ingresaron en el hospital de la capital para traerlas al mundo, pero se han criado en Guardo y aquí han vivido siempre, menos los años de Universidad. Mónica, es enfermera, y Sandra,estudio publicidad en Segovia y Comunicación Audiovisual en Burgos, después, cuando emprendieron la aventura de crear su propia empresa, hizo un modulo de Administración de Empresas.
Pero vayamos por partes.
"Vidapropia" nació con la naturalidad de las cosas sencillas.
La madre de Monica, tenía un negocio de comidas y productos de la tierra en un local grande. Cuando, Mónica terminó la carrera y al estar sin trabajo ella y su hermano, dividieron el local de su madre y pusieron una zapatería.
Más tarde,Mónica, trabajando en una guardia se rompió un gemelo teniendo que guardar reposo. Un día su madre le enseño una fotografía de un reportaje sobre Charo Iglesias, una mente creativa que lleva muchos años en el oficio de la sombrerería. Sus sombreros, son verdaderas obras de arte. Y Mónica, que hacía diademas y algún tocado en plan familiar, se quedó fascinada con el arte de Charo. Como es una mujer que no se le pone nada por delante, se puso en contacto con ella por internet, y estuvo un par de veces en su taller aprendiendo y disfrutando con ella.



Allí comenzó para, Mónica, el gusanillo de cambiar la zapatería, por un taller y una tienda donde poder vender sus propias creaciones.
Para ello necesitaba la complicidad de su prima, Sandra, que por entonces no tenía trabajo. Una vez que aceptó su propuesta, se lanzaron ambas a la aventura.
Me cuentan, divertidas, que se estrenaron haciendo tocados y diademas. Con su inexperiencia y lo trabajoso de los encargos, se llegaron a hacer ellas solitas 70 tocados para bodas y eventos festivos.



Luego, se animaron a ir a Marbella, a aprender a forrar zapatos. Y un poco más tarde, conocieron a, Marta, que tiene una tienda en Saldaña, que trabaja el mundo del porteo y les conectó con otras amigas suyas para reciclar los fulares cuando los niños son mayores, convirtiéndoles en bailarinas de piel. Marta también las llevó a conocer a una chica austriaca , que se interesó por su trabajo y pudieron vender en ese país y otras empresas españolas sus exclusivas bailarinas hechas artesanalmente, con pieles ecológicas.
No han ahorrado en dedicar tiempo a aprender nuevas técnicas en cursos y ferias, poniendo un enorme esfuerzo en ello.


En la actualidad, su modelo creativo se centra de manera particular, en especializarse en diseñar mochilas variadas para distintas actividades; para el colegio, para una excursión, para un viaje...
Ellas, con su creatividad, saben poner algo personal en cada pieza, colaborando con ellas el interesado en la compra, que puede incluso escoger lo que más le gusta. Como pequeñas obras de arte se ven expuestas en las paredes de la tienda, hechas algunas con telas traídas de Camboya, a la espera de que alguien se interese por ellas.
Cada una, es una pieza exclusiva, hecha con verdadero primor.
A lo largo de la entrevista, les comento que así han comenzado las grandes firmas. En un pequeño taller, con unos medios limitados y mucha ilusión por parte de aquellos que emprendieron un día su sueño. Pero ellas, no aspiran a ser famosas ni a montar una gran multinacional. Aspiran a vivir de su trabajo dignamente, en su tierra, con las personas que aman y disfrutar de los pequeños y sencillos placeres. Recuperar, el sentido de comunidad sostenible, es su meta.



Ellas, quieren vivir en este magnífico entorno de la Montaña Palentina y disfrutar de la belleza de sus paisajes. Para ello, han registrado también la marca de "Mi Montaña Palentina" con el logotipo en camisetas, delantales, tazas...productos diseñados producidos y distribuidos por habitantes de la zona para trabajar con sostenibilidad.

https://www.facebook.com/386631068145319/videos/723999361075153/


Me enseñaban un precioso vídeo con fotografías de gente con las camisetas en distintos rincones del mundo. Porque de eso se trata, de llevar esta querida tierra nuestra muy lejos...Pinchando en el enlace, podéis verlo.


Estas jóvenes, organizan actividades solidarias para concienciar de las necesidades de los demás. No hace mucho organizaron un taller para que la gente pudiera colaborar haciendo osos para niños refugiados en colaboración con ACNUR.

https://www.facebook.com/vidapropiadiseno/?fref=ts#

Desde este enlace podéis ver a Mónica anunciando el evento y su página de Facebook.
Ha sido una hora y media charlando con estas mujeres que llevan en su mirada, el poder de la ilusión. He saboreado junto a ellas, sus sueños. Unos realizados, otros por realizar...
Me voy emocionada, muy emocionada...
Apuesto una vez más, por las nuevas generaciones que se reinventan una y otra vez . Y si no les sale a la primera, lo intentan a la segunda y a la tercera.... Sabedores de que nada se alcanza sin esfuerzo, y dado el panorama del mercado laboral, solo les queda luchar por aquello en lo que creen.
Fuera, luce un día primaveral. Mientras me alejo, se me antoja que aún hay esperanza en el horizonte.

1 de marzo de 2016

ENCARNA ( Personaje del mes)

                                                              Encarna en una foto de juventud.

Me llamo, Encarna Liébana Lozano, nací el nueve de Febrero de 1911 en Santibañez de la Peña- Palencia.
Así comienza su historia el personaje que hoy os traigo. Escrita de su puño y letra, a los noventa años, rescató retazos de su vida y los plasmo en un cuaderno que su hija conserva.
Pero sigamos...
Cuando tenía siete años, empece a ir a la escuela- si así se podía llamar...- Era en al casa del concejo que tenía el suelo de tierra. Los asientos eran un roble partido por la mitad y para escribir teníamos que hacerlo de rodillas.
Solo había cuatro meses de escuela, porque muchos de los que íbamos teníamos que trabajar.
No era gratis. Se pagaba 1,50, los que no escribían y 2 pesetas los que si lo hacían.
Cuando tenía unos diez años, vino el primer maestro nacional que era vasco y apenas sabía castellano. A veces, se  quedaba dormido  y aprovechábamos para jugar al cu-cu y a confesarnos en clase.
El mes de Mayo era el Mes de las Flores.
A mis cuatro años me cree la simpatía de todos a la hora de recitar poemas a la Virgen. Las Mayordomas me sentaban en su regazo y una vez me quede dormida. Como pudieron me despertaron y medio dormida recite los versos. Al finalizar tenía que entregar al sacerdote un ramo de flores y, en vez de dárselo eche a correr diciendo que no se lo daba porque me lo había traído mi madre de Guardo.
La gente reía de buen grado al ver mi reacción.

Los versos rezaban así:

Todos te regalan flores
yo, que te regalare
por ser la más pequeñita
mi corazón te daré.

Aunque soy pequeñita
como un cañamón
nadie me gana a decir
¡Viva la Madre de Dios!

Y después, decía: "He dicho..."

Eran tiempos malos, y mi madre me compraba lo mejor que podía. Para ofrecer las flores, me hicieron un vestido con puntillas en el cuello y le encargaron a un zapatero unas botas con botonadura. Todo un lujo para entonces...
Con el vestido se llevaban unos pololos largos con puntillas. Recuerdo que mi madre cuando íbamos a la iglesia, me estiraba los pololos para que se vieran las puntillas.

Unos años más tarde, pusimos una cantina, también con productos de alimentación y carnicería.
Cuando mi padre, por motivos obvios de otros trabajos, no estaba, mataba yo los corderos.
Mi objetivo era superarme en todo y que nada pudiera ser obstáculo para seguir soñando. Tenía muy claro, que si se pone empeño en las cosas pequeñas, podía ser la levadura para que en un tiempo no lejano pudiéramos vivir mejor toda la familia.
Otro de los recuerdos que conservo de entonces, es que hicimos unos arreglos en la casa, principalmente en la cocina. Pusimos un gran ventanal, y una cocina económica de las de aquella época que no todo el mundo se podía permitir y la encimera con azulejos, y también reformamos el comedor.

Llegó el año 1929. Un año triste que no olvidare jamas.
Unos vendedores de uvas que habían venido a vender su mercancía a la fiesta de la Virgen del Brezo, nos pidieron el favor de dejarlos dormir en el pajar.
Mi padre, hombre generoso, no lo dudo un instante.
Pero se les ocurrió subir con una vela y  provocaron un incendio horrible, pues aquel año había habido abundante cosecha.
Se nos quemo la casa entera, además del pajar. Nuestros ahorros se quedaron dentro.
No se pudo salvar nada.
Nos recogieron los que vivían en la "Casa del Jardín" -que así se llamaba- y estaba frente a la iglesia.
Todo el pueblo se volcó. Nos llevaron mantas, ropa, comida...
Hasta los del Barrio de la Estación colaboraron.
Siempre les estuve enormemente agradecida.
No hacía mucho habíamos construido un local para hacer baile con una gramola. Todo se destruyo.
Mi padre se acercó aquel fatídico día al Santuario del Brezo, por la tarde, pues pensaba poner un puesto de lechazo asado y bebidas.
Cuando volvió se encontró con la terrible noticia.
Lo único que preguntó era si estábamos todos bien. Al contarle que no había habido desgracias personales, tan solo dijo: "¡Gracias a Dios!"
Así tuvimos que empezar de cero nuestra vida.


                                            Joaquín en una foto de juventud.

Tendría quince años cuando hicimos un teatro en Guardo. En el local de Doña Petra, la farmacéutica. Se lleno de espectadores y gente importante del pueblo.
Allí se encontraba, D, Adriano, el médico, un gran profesional y muy buena persona que también ejercía de alcalde.
La obra se titulaba: "La guapa, la fea y la graciosa"

Un Domingo que paseaba con mis amigas, Teodora y Aurelia, se acerco a mi, Joaquin y se puso a mi lado.
Mis amigas me dejaron sola con él. Me acompaño a casa y me dijo que el próximo Domingo volvería  a recogerme.
Aquel Domingo estuve escondida para no encontrármelo por la calle. Era muy joven, no quería comprometerme tan pronto y así se lo hice saber. Pero estaba dispuesto a esperar y así lo hizo.


Estaba estudiando en Valladolid la carrera de Comercio .
Cuando termino, se pudo colocar en el Ayuntamiento de Valladolid de Capataz de Obras.


Cuando cumplimos 22 años decidimos casarnos. El día 3-11-1933.
Los padrinos fueron, D.Enrique García Frías y mi hermana Maturina.
En principio iba a ser mi otra hermana Carmen, pero unos días antes de la boda falleció. De nuevo el destino se cebaba con nosotros.
Después de comer nos fuimos a Valladolid con D. Enrique en su coche y allí cogimos el tren para Madrid en nuestra luna de miel.
Estuvimos ocho días en un hotel que estaba cerca del Congreso de los Diputados y pagábamos 8,50 pesetas.
Visitamos los monumentos más importantes de Madrid.

A nuestro regreso a Valladolid, nuestra vida estaba rodeada de felicidad.
Teníamos muchos amigos con los que compartíamos la vida. D.Enrique, padrino de boda, D. José, también ingeniero, Dñª Isabela, viuda del Director General de la Renfe. El Capitán de la Guardia Civil, que fue padrino de mi hijo Jesús...
No nos faltaba de nada. Joaquín era muy bueno y tenía muchos detalles para que me sintiera bien. Él, se había quedado huérfano de madre a los doce años y fue criado por unas tías en Riaño, donde nació. Aunque nunca le falto de nada, la ausencia de una madre te deja unas carencias en el tiempo. Por eso estaba feliz teniendo su propia familia.
 A lo largo de seis años que vivimos allí, fui muy feliz.
Acudíamos al teatro, y reíamos mucho.
Pero estalló la guerra...

                               Joaquin y Encarna de luto por su hermana fallecida

Esta foto la hizo Joaquín en automático y no le dio tiempo de posar.
Cuando estallo la guerra todo cambio como es natural.
La casa donde vivíamos era del Ayuntamiento y nos enviaron a otra en el Paseo de la Magdalena. La casa era nueva y estaba al lado de la cárcel. Se podía hablar con el centinela por una de las ventanas.
Un día que volvía de Correos de echar una carta para mi hermano Vicente que cumplía años, me costó trabajo llegar...
Me cogieron entre un grupo de chicos y chicas un buen trozo del camino y no me dejaban marcharme. Como pude, me metí por una callejuela y pude llegar a casa.
Pensaba en Joaquín, si le hubieran pillado por allí...
Al día siguiente habían llenado las cárceles y las naves que tenia el Ayuntamiento de presos y por el patio de nuestra casa salían los tiros por todos los lados sin poder escapar.
Como pudimos, nos metimos en un armario y las balas entraban por el suelo.
Joaquín me decía que cuando saliera a comprar no pasara por el paseo para que no viera los muertos en la calle, que me fuera por otra lugar. Pero una vez, me encontré de frente con una madre y un hijo muertos. Pude ver también, desde la ventana, como a un señor que vendía verduras de su huerto, le dieron un tiro y allí quedo muerto en el acto.
Otro de los malos momentos que pase, fue un día que me acerque a comprar un regalo para unos amigos que se casaban, y a la vuelta me sorprendieron un grupo de chicos que decían: "Vamos a por esta, que parece una señoritinga..." e intentaban quitarme el paquete. Al llegar a un portal me metí dentro como si viviera allí y espere hasta que se fueron.
Buff...aun recuerdo como me temblaban las piernas...
Un día pude contemplar una manifestación que al llegar a la cárcel querían soltar a los presos. En esos momentos llego la tropa de caballería con sus espadas y la calle se quedo vacía.

                                  La tienda en la actualidad cerrada y deteriorada

Mi suegro se llamaba D. Epifanio Baños y era propietario de varias tiendas. Una en Santibañez y otra en Guardo. También había tenido varios negocios en Riaño. Con la llegada de la jubilación nos preguntó si queríamos quedarnos con la de Guardo. Había alguien de Puente Almuhey que se quería quedar con ella.
A Joaquin le gustaba la zona y habían adjudicado a su padre hacer la carretera de Castrejón a Guardo. El proyecto le dejo en la ruina porque había contratado a un precio y hubo una subida de sueldos por parte de la Administración del Estado y tuvo que pagar más de lo estipulado.
Habíamos decidido quedarnos con la tienda y pagarla a plazos pagando una entrada.
Por entonces habían nacido mis dos hijos mayores, Joaquin y Jesús.
Estaba a punto de dar a luz a mi hija Encarnita, y como entonces viajar tenía más dificultades que en la actualidad, preferimos que naciera en Guardo. Teníamos que viajar hasta Mataporquera y allí hacer noche para coger el tren de la Robla al día siguiente hasta Guardo. Era un viaje incómodo para una criatura tan pequeña.
Llegamos el 30 de Septiembre y nació el 5 de Octubre.
El día 1 de Abril, me encontraba yo en Santibañez en la matanza del cerdo y había caído una fuerte nevada. Se la conoce con el sobrenombre de la "Nevadona"
Mi marido se puso enfermo con un ataque de apendicitis lo que por entonces se daba en llamar "Cólico Miserere".
Fueron a buscarme Agustín Loma, un pariente nuestro que vivía al lado del paso nivel en un coche que tenía D. Pedro Yarritu. Tuvieron que hacer senda de Guardo a Muñeca y así hasta Santibañez.
Eso me hace pensar lo solidarios que éramos entonces y como nos ayudábamos unos a otros.
Llegue muy nerviosa y angustiada a su lado. El médico me dijo que estaba muy grave y no se le podía trasladar en su estado al hospital más cercano. Llame a la tía Maria a León. Me dijo que enviaba a un medico, pero era demasiado tarde.
Moría en mis brazos a los 37 años.
Mis hijos tenían, cinco años, tres y cinco meses.
A pesar de mi dolor, me di cuenta que tenía que salir adelante. Tenía tres hijos muy pequeños que me necesitaban.
La tienda estaba sin pagar. Apenas habían pasado tres meses y por parte de terceros de la familia, querían que la dejara pues no podría pagar lo que aun faltaba. Gracias a mis padres que fueron mis fiadores y a mi marido que había dejado todo bien escrito, pude quedarme con la tienda.
A veces las historias se repiten...


Tuve que comenzar a hacerme cargo de los pedidos pues por entonces no venían viajantes a casa y había una enorme escasez de material por las consecuencias de la guerra.
Una vez fui a Bilbao a un almacén de ferretería y al dar el nombre de la empresa: "Vda de Joaquín Baños" me miro asombrado y me dijo: ¿Que hacen con los maridos?
"No se ofenda, pero mire la lista enorme de viudas que tengo aquí.". Había ciento ochenta viudas.
La mayoría viudas de guerra.
Mi trabajo era intenso. Me levantaba muy temprano y todas las horas del día se quedaban pequeñas para tanta faena. Por la noche hacía las cuentas.
Tengo que agradecer tanto a mis padres como a mi hermano Vicente, su incondicional ayuda. Cuando tenía que ir a las ferias o de viaje, venían a ayudarme.
Los niños se quedaban con una chica. Entonces se trabajaba de manera muy precaria. No teníamos agua en las casas y había que ir a lavar al río.
¿Horas de trabajo? Todas.
Siempre fui muy feliz trabajando. Si lo haces con ilusión y entusiasmo, el trabajo es menor. Junto con la esperanza, son el único bien para alcanzar lo deseado.
Quiero trasmitir a las nuevas generaciones la cultura del esfuerzo.
¿Diversiones?
Ir a Santibañez los Domingos. Preparaba a los niños e íbamos a coger el tren a las doce para ir a comer con mis padres. Volvíamos a las cuatro de regreso.
Cuando ya eran mayorcitos, íbamos los Domingos al cine Corcos con Nila, la mujer de Mariano Martin (el panadero). Me gustaba mucho el cine y me servia de distracción y descanso para el resto de la semana.

                             La Primera Comunión de uno de sus hijos.

                    La Primera Comunión de Encarnita, su hija.

 Jesús, uno de sus hijos pescando truchas.

                        Jesús con unos amigos.

     Encarnita, su hija.

    Encarnita y su primo Neri.

Mis hijos tuvieron que ayudarme a una edad muy temprana. Mis circunstancias así lo requerían. Por aquella época a todos los hijos les tocaba ayudar de alguna manera. Cuando salían de la Escuela, aportaban lo que podían.
La primera vez que empece a vender muebles, cuando hizo la casa "Pototo" le alquilamos un local y fue muy gratificante porque podíamos colocar las exposiciones bien preparadas y se trabajaba mejor.
Si colocábamos un comedor, le poníamos su mantel, vajilla, cristalería y un ramo de flores.
Como durante la semana, estábamos atendiendo la ferretería, aprovechábamos los domingos para montar las exposiciones de muebles. Me ayudaba mi hija, Encarnita, que tendría entonces unos doce años.
Cuando observábamos a la gente en el paseo, le decía a mi hija: "Mira, la gente esta paseando y por los bares, yo soy más feliz aquí viendo el resultado de lo que hemos hecho."


Cuando en el año 1954 hicieron los primeros pisos de Protección Oficial, aumento nuestro trabajo. Los nuevos inquilinos compraban muchos muebles nuevos. Los llevábamos a mano, no teníamos furgoneta.
Recuerdo que Encarnita y Mamerto, eran los encargados de repartir los pedidos de muebles y se encargaban de su instalación.  Ponían el colchón- era de borra- encima del somier, y uno delante y otro detrás, iban por la calle y lo subían al piso que tocase.
Había que subir los armarios pieza a pieza con sus tiradores y montarlo.
Jesús, estaba en la ferretería y Joaquín también en la oficina. Por entonces cogimos a Mamerto, un chico joven para que nos ayudara.
Pienso, que las nuevas generaciones se quejan del trabajo teniendo más comodidades. ¿ No será que se lo hemos puesto demasiado fácil?
Por supuesto que los años tienen que ir con el progreso y me alegro por todos. Lo que pasamos nosotros fue duro, pero no por ello éramos menos felices...
Recuerdo un día que llego una mujer del Barrio la Fuente y me dijo: "Sra Encarna, puede darme un somier y un colchón que mi marido esta enfermo y estamos durmiendo en el suelo?"
"Va a venir el médico y no quiero que le vea así.  Se lo pagaré poco a poco..."
En ese momento pensé en lo que le tenía que haber costado contarme aquello.
Le di el colchón el somier y también la cama.
En mi interior me decía: "Si no paga, por humanidad tenía que dárselo.




Con el paso del tiempo la tienda se quedo pequeña y nos mudamos al local de enfrente antiguo cine Montañés.



Aquí os dejo un vídeo que grabe un día de la tienda antes de restaurar la fachada.

Hasta aquí el manuscrito que conserva su hija.
Ahora me toca a mi poner el final.
Me ha conmovido su historia cuando la iba leyendo. Al llegar a la anécdota de la mujer que le pidió un colchón para su marido, rompí a llorar...
No pude dejar de sentir admiración por una mujer que se arriesga a perder el importe de los muebles, con tal de ayudar a un semejante que tenía verdadera necesidad, ejercitando la caridad de manera tan sublime, pues no le sobraba a ella nada.
Un ejemplo de humanidad que su hija corrobora, pues fueron muchas las veces que de manera desinteresada la ejercito.
Me cuenta Encarnita, que los viernes, cuando venían al mercado de los pueblos vecinos, su mesa se llenaba de personas conocidas que se les había hecho muy tarde para el regreso y las invitaba a comer en su casa.
La tienda en la actualidad la regenta la mujer de uno de sus hijos que falleció. Apenas hace unos meses que han restaurado la fachada. Quizá conserva el letrero de antaño. Aunque yo la recuerdo siempre con el nombre coloquial  "Ferretería la Viuda"
 Ahí esta como símbolo de una época y en memoria de una gran mujer.

                            Encarna y unas amigas con la Virgen del Brezo .

   Encarna, vestida da faralaes.

   Encarna, con su hermano Vicente y Maturina.


Encarna, con su esfuerzo y su cariño supo sacar adelante a una familia, que hoy conservan su recuerdo como el bien más preciado.

   Encarna y su hija, Encarnita.

Encarnita desde muy niña fue un gran apoyo para su madre y la cuido hasta el final de su vida.
Me han contado que cuando había que cobrar facturas a los morosos, nadie mejor que ella por su decisión de que cobraba nada más que lo que era suyo.


Como colofón, os dejo esta instantánea donde se la puede ver detrás del mostrador de la tienda.
Tenía ya una edad avanzada y conservaba esa sonrisa afable y esa firmeza con un halo de bondad, con la que supo enfrentarse a la vida

29 de abril de 2015

TEODORA ( Personaje del mes)


Retomando una sección del blog titulada "Personaje del mes" os traigo hoy la vida de Teodora.
Hace un par de años con motivo de su cumpleaños le hice una entrada en mi baúl, porque como dice un buen amigo mio, es muy bonita e importante la tarea esta, que me propuesto, de rescatar del anonimato las vidas sencillas de gentes que con su esfuerzo y trabajo fueron capaces de levantar este país con menos medios de los que tenemos ahora e inculcar a sus hijos unos valores que perduran en el tiempo.


Teodora nació en Olmos de Ojeda, provincia de Palencia. Fue la mayor de siete hermanos. Sus padres tenían tierras y una buena posición económica. En la fotografía se la puede ver con toda su familia.
Comenzó a estudiar en la escuela del pueblo y una vez terminados los estudios primarios se dedico a aprender Corte y Confección y Bordado a Maquina como solían hacer las chicas de aquella época. Me cuenta que tenia muy buenas manos para la costura y el bordado y por un tiempo se dedico a ello con verdadero afán.


Teodora era una chica muy guapa con muy buena planta. Además como era la mayor de sus hermanos siempre estrenaba ella la ropa e iba a la última. Su característica más particular era la elegancia, por ello era víctima de envidias y por el éxito con los mozos del lugar que bebían los vientos por ella.
Teodora se dejaba querer, pero anhelaba encontrar su príncipe azul y les iba dando largas porque ninguno tenia para ella las expectativas soñadas. De tal manera que su padre le solía tomar el pelo diciéndole: " ¡No estarás esperando a que te venga a pedir la mano el príncipe de Gales!"


Pero ella no dejaba de soñar. A pesar de que alguno  de sus pretendientes tuvieron la osadía de ponerle "El Ramo" una vieja tradición del lugar que consistía en que si a un chico le gustaba una chica, este le ponía un ramo en la ventana de la casa con intención de sorprenderla y hacerle saber sus intenciones con la consiguiente sorpresa. Ella por su parte debía descubrir quien era el enamorado galán que la pretendía.
 Pero Teodora no se daba por enterada...
  Hasta que un día con motivo de la boda de un tío suyo conoció a Paco. Su tío se casaba con una hermana de Paco y ambos habían sido invitados a la boda.
Teodora nada más ver a Paco, supo que aquel era el hombre que ella había estado esperando desde siempre, y lo mismo le ocurrió a Paco respecto a ella. Fue un auténtico flechazo.
Paco era muy guapo, con aires de galán de cine. Venía de Madrid, aunque era de Arbejal, provincia de Palencia.Con aire muy distinguido y finos modales trabajaba en un comercio desde hacía tiempo. Nada que ver con sus antiguos pretendientes...
 Cuando me cuenta esta parte de su vida, los preciosos ojos de Teodora adquieren una luz especial mientras me sonríe picarona y divertida como rememorando aquel encuentro.
 Estos hechos ocurrían en Junio del 36, y en Julio, estalla la guerra que les mantiene alejados durante largo tiempo. Él en la zona roja y ella en la nacional.
A pesar de que que no se habían vuelto a ver después de la boda de los familiares, los dos tenían claro que habían nacido el uno para el otro, y en un nuevo encuentro después de la guerra en el pueblo donde años atrás se habían conocido, decidieron hacerse novios.
Pero Paco, tiene que hacer el servicio militar y de nuevo tienen que separase.
Mientras dura la ausencia, Paco le escribe bellos poemas y cartas encendidas de amor que Teodora aun conserva.
Un detalle curioso y divertido es que los novios se apellidaban igual. Ella, Teodora Garcia Diez, y él, Francisco, Garcia, Diez, por lo que los compañeros cuando le veían escribir las cartas le tomaban el pelo insinuando que escribía a su hermana en vez de a su novia.
Por fin pueden casarse y lo hacen en Olmos de Ojeda-Palencia. Ella tiene 24 años y él 25.
Me describe su vestido de novia con todo lujo de detalles. Tenía la parte delantera un canesu de encaje con unos lazos de adorno que  afianzaban una vez más su elegancia. La fotografía que adjunto es la de la boda.
Organizaron un buen baile con la dulzaina, instrumento musical de la zona acompañada por el tambor.



Al poco tiempo nace su primera hija.


Más adelante nacerían tres niños más cuando ya vivían en Guardo.



Mientras charlamos en confidencia de amigas, de repente, me acerca un pequeño baúl repleto de fotografías y un bolso en el que puedo percibir el paso del tiempo.
Es el bolso que llevó en el día su boda y me lo muestra con enorme ilusión. Me emociono de manera muy particular al tomarlo en mis manos. Es como si me entregase un trocito de su alma y de su historia y me conmuevo con su generosidad.


Lo abro con verdadera devoción, como si de una reliquia se tratara. Esta lleno de viejas fotografías con retazos de su vida y la de su familia.
Son momentos con una magia especial cuando acudo a hacerles una pequeña entrevista a su casa para hacerles el reportaje. Disfruto muchísimo con cada uno de ellos.
 Dicen que recordar es volver a vivir, y Teodora esta volviendo a vivir...



Me encanta cuando desempolvan sus viejas fotos que retratan de forma singular toda una época y que son verdaderas joyas escondidas. Han sido hechas por fotógrafos residentes en los pueblos que nunca llegaron a ganar el premio Pulitzer, pero dejaron en ellas la impronta de su arte.


Al ver la fotografía de Paco, me viene a la memoria su figura, pues le recuerdo de niña.
Pero sigamos con su historia.
Una vez casados, Paco, trabaja en la construcción.
Para ello se traslada a los pueblos cercanos en bicicleta. Una bicicleta que los padres de Teodora habían comprado a uno de sus hermanos de 14 años y que le prestan a Paco para su trabajo.
Pero pronto le sale a Paco su verdadera vocación profesional recordando sus años de dependiente en la tienda.  De espíritu emprendedor, pone en un pueblo cercano una cantina de la época donde había de todo un poco...
Compra un carro y un caballo y vende la mercancía por los pueblos cercanos.
Al poco tiempo deciden ampliar el negocio y para ello recorren los pueblos más grandes de la zona buscando un local.
Es así como llegan a Guardo, pueblo minero en pleno auge por aquel entonces.
En el mítico Barrio la Fuente, alquilan una casa de dos plantas  por 225 pesetas al mes. Deciden poner una fonda con siete habitaciones y una tienda de comestibles.
Allí pasan unos años de trabajo y esfuerzo. Me cuenta Teodora que hacía comidas, limpiaba, atendía a sus hijos...
Gracias a su tesón y que el negocio les va bien, deciden comprar una casa y poner una tienda por todo lo alto. Se llamará " Casa Paco".
Con enorme emoción me describe Teodora la bonita tienda. Tiene un magnífico mostrador de 18 metros, cuatro escaparates, vitrinas de cristal...
El día de la inauguración, es todo un acontecimiento social.
Se podía comprar de todo. Lo mismo un apero de labranza que una vajilla, o comestibles. De tal manera que lo llamaban en broma, el Arca de Noé.
Paco, tiene una enorme capacidad para tratar a los clientes con soltura y finura en el trato. No en vano le avalan sus largos años de dependiente en Madrid. Comenzó a los doce años a trabajar detrás del mostrador.
Por entonces tienen necesidad de tener con ellos un dependiente que les ayude. Allí estuvo Irenio, hasta que se fue a Francia.
Me asombra la memoria de Teodora. Me cuenta que vendía fiado y apuntaba en una libreta lo que le iban debiendo de lo que le compraban y no podían pagar al contado.


Comienza una nueva etapa para Teodora y Paco. Con su negocio bien planificado y con buenos resultados, se dedican a cuidar de sus hijos que van creciendo poco a poco.
Su hija estudia secretariado y tres años de piano. Sus hijos estudian el bachiller en los Maristas de Palencia en un colegio de pago.


Pero para el espíritu emprendedor de Paco, no acaban aquí sus ideas de montar nuevos negocios.
Compran un solar por 160000 pesetas con intención de edificar. A esta operación se suman varios problemas de índole económica y trabas varias que lo complican, pero Paco no se rinde nunca hasta conseguir lo que desea.
 Al final como empiezan a estar las discotecas de moda, montan una llamada, HER-GAR, que significa "Hermanos Garcia", pues para entonces ya los hijos se dedican al negocio familiar junto con sus padres.
Al mismo tiempo en la planta de arriba ponen un Salón de Te. Es un reservado con música ambiental. Por allí han pasado muchas parejas de novios, hoy casados, que se conocieron en ese lugar. Alguna vez he visitado la sala que se mantiene como entonces, pero no se usa actualmente, y os puedo asegurar que esas paredes están llenas de recuerdos. Se puede con la imaginación retroceder en el tiempo y revivir historias de amor. Hay como un halo de misterio anclado en el pasado, pero lleno de vida propia.
Después edificaron doce pisos en donde viven Teodora y sus hijos actualmente.
En el año 1983, tuvo lugar la inauguración de una nueva discoteca llamada OVNI.
Estaba en un lugar un poco apartado por lo que ponían autobuses gratis para ir . También era frecuente ver a chicas en patines repartiendo propaganda por las calles del pueblo.
Además fue un foco de actuación de grandes artistas de la época. Juan Pardo, Manolo Escobar, Bertín Osborne, Gila y otros muchos actuaron para el público de Guardo.
Poco a poco cambiaron las costumbres a la hora de divertirse, y tuvieron que cerrar.
Paco, después de una intensa vida de trabajo, murió joven, con 62 años victima de una enfermedad.


Teodora me cuenta pesarosa que no pudieron disfrutar de una merecida jubilación. Le hubiera gustado viajar con su Paco, mientras posa para mi con el bolso que llevó el día de su boda.



Teodora hoy a sus 97 años conserva una perenne juventud y una alegría y optimismo envidiables debido según ella a una taza de exquisito chocolate que se prepara cada tarde.




Rodeada de su familia que regenta todavía un  bar familiar, celebra cada año su cumpleaños con sus amigas por todo lo alto.



Tiene una vitalidad enorme y es muy querida por todos.



He pasado varias horas con Teodora, mientras me ha contado su vida. Hemos recorrido su casa palmo a palmo... Me ha enseñado sus recuerdos y ha compartido sus cuitas conmigo.  Las dos estamos visiblemente emocionadas.
Nos abrazamos y nos despedimos hasta otra nueva cita mientras le ayudo a recoger el baúl con sus fotos.
Ha sido una experiencia preciosa que guardare en el fondo del alma.
Bajo por la escalera- dado mi miedo a los ascensores- mientras mi corazón late con fuerza a causa de las emociones vividas.
Es noche cerrada y la calle esta vacía. Solo un gato callejero me acompaña hasta llegar a casa..