8 de enero de 2026

¡FELIZ AÑO!

 


Lo primero ¡Feliz Año Nuevo!

Han pasado las fiestas navideñas y me he dejado llevar de la pereza para actualizar el blog.

Últimamente me han abandonado las letras o, yo las he abandonado a ellas...jejeje.

Me muevo más por las distintas Redes Sociales donde es más fácil interactuar.

Pero no quiero dejar morir este rinconcito donde nos encontramos amigos virtuales muy queridos para mi.

Me gusta en mi vida de jubilada dejarme llevar de mi puntito de bohemia. Por ejemplo, apenas miro el reloj. El reloj del móvil se sobreentiende, ya que todos los demás relojes de pulsera los tengo metidos en un joyero. 

Apenas miro el reloj, porque tengo todo el tiempo del mundo para mi solita.

No me gustan las ataduras, ni los horarios, ni los compromisos...

Y aunque de manera de ser soy muy responsable y ordenada, estoy aprendiendo a soltar amarras.

Es un arte, no cabe duda, ese llevarte a ti misma la contraría, por eso nada más me descuido vuelvo a ser yo...

Cuando me visitan las musas me dejo llevar de la magia de las letras. Muchas veces, regreso de la calle a la hora de comer y no puedo evitar encender el ordenador y escribir mis vivencias mientras las ideas bullen en mi interior tratando de salir atropelladamente. 

Generalmente son pequeños instantes fugaces vividos al azar . Otras, una conversación con un amigo en la barra de un bar.

La magia está en hacer aquel momento transcendente dejando a un lado la vulgaridad de la monotonía.

Saber escuchar al otro enriquece enormemente.

Se crea un ambiente confidencial, en el que la mirada atenta, es la mejor expresión de entendimiento.

Y aquello que parecía banal, se hace enorme con el poder de la palabra y el arte de la comunicación.

Algo de agradecer en estos tiempos en que la mayor parte del tiempo vivimos enganchados al móvil aislándonos de los demás.

Cuando siento la llamada imperiosa de las letras, dejo  a un lado los horarios y me sumerjo en la magia de darles vida. 

Antes compartía mi vida con, Leticia, una gata callejera y nuestros diálogos eran peculiares. Un idioma de afectos reales, que quien nunca ha tenido un animalito en su vida quizá no entienda.

Antes que con la gata, compartí mi vida con una preciosa perrita llamada, Laika. De ahí el nombre de mi blog.

Y también con mi madre después de quedarse viuda.

Presumo de vivir sin horario, ni fecha, ni calendario, como dice la canción.

Y me sumerjo en un desorden caótico a pesar de ser muy ordenada y sea contradictorio, donde soy la reina y señora de mi tiempo, aunque sea por unas horas o unos días. 

En eso consiste la madurez: aprender cada día un poquito más de nosotros mismos y ponerlo por obra antes de que se acabe nuestro tiempo.

Abrazos a cada uno.

4 comentarios:

Macondo dijo...

Poder ir por la vida sin mirar el reloj es un lujo que casi nadie puede permitirse. Y, como casi todas las cosas que generan la felicidad, no cuesta dinero.
Feliz año 2026.

ETF dijo...

Maripaz, qué alegría empezar el año leyéndote. Tus palabras tienen esa mezcla tan tuya de sencillez y esperanza que reconcilia con el mundo. Ojalá el 2026 nos encuentre con más calma, más salud y más momentos de esos que parecen pequeños pero que sostienen la vida entera. Gracias por seguir encendiendo esta lucecita en la blogosfera, que nunca se apaga mientras haya personas como tú.
Un abrazo grande y que este año te regale más motivos para sonreír.

El tejón dijo...

Me gusta ese caos tuyo.
Oye, ¿no será contagioso?, jejeje
Un abrazo y feliz año, no nos abandones.

Sara O. Durán dijo...

Pido a Dios por que siempre te preserve con tu lucidez y alegría de vivir. Siempre así de sana.
Un gran abrazo, querida Maripaz.