Anoche la luna se confabuló con la nieve y en pocos minutos se hicieron dueñas de las calles.
Había algo mágico en el ambiente, como cuando los duendes campan a su anchas por los rincones...
La luna esplendorosa y coqueta, estaba empeñada en salir de marcha con la nieve, ya que se estrenaba por primera vez esta temporada y estaba cautivadora.
Lentamente como si de un ritual se tratara, pequeños copos blancos bailaban alegres y traviesos acompañados por la bella luna.
Y amaneció un nuevo día, blanco, inmaculado... Napoleón, entre curioso y asombrado, observaba aquel manto que lo cubría todo.
La belleza se encontraba fácilmente por doquier.
Y las plazas se llenaron de risas y juegos.
Unas coquetas hojas de colores charlaban animadamente con la nieve, como dándole paso y despidiéndose hasta el próximo año.
Alguna familias celebraban su reencuentro muy ilusionadas, dejando como muestra de ello, una fotografía para el recuerdo.
En el parque, asistí a una batalla campal de bolas de nieve...
Para terminar haciendo el "angel" sin ningún miedo al frío.
Yo, no me pude resistir...
Hasta Raúl, poso así de guapo con sus papas.
Como no soy madrugadora, cuando quise grabar un vídeo la nieve ya casi se había ido, pero aún así os dejo este.
Y para comer, que mejor lugar que el mesón "El Cristo"?
Excelente servicio con sonrisa incluida.
Exquisito cocido castellano con un buen vino y chimenea.
Vivimos constantemente expuestos a los juicios de los demás de manera agresiva condicionando muchas veces nuestro modo de expresarnos y comportarnos. Es como un ritual propio de la condición humana que desde tiempos lejanos se viene sucediendo de generación en generación.
El ser humano tiende a juzgar situaciones o modos de ser, desde su propia óptica, sin llegar al meollo de lo que realmente importa del otro.
Cuando juzgamos, la mayoría de las veces no contamos con todos los datos necesarios para poder hacerlo y solemos ser implacables.
En nuestra peculiar manera de impartir justicia no damos al otro la oportunidad de defenderse, quizá porque nos movemos en una sociedad con unos parámetros de conducta preestablecidos . Olvidamos que la belleza del interior de cada ser humano tiene infinidad de tonalidades, luces y sombras, que componen la obra de arte de su propia vida.
Hay seres ignorantes que no ven mas allá de lo que tienen delante y que tampoco se empeñan en mirar con otra perspectiva. No saben mirar.
Hay seres mezquinos que manchan todo aquello que observan, atreviéndose a juzgar hasta la propia conciencia del otro. Su mirada es turbia.
Hay seres mediocres que ponen cargas en hombros ajenos intentando aliviar su propia cobardía. Su mirada es viscosa.
Mientras intentamos colarnos con nuestros juicios temerarios en las vidas ajenas, dejamos de vivir la nuestra con plenitud, robándonos eficacia y fuerza para nuestra propia batalla diaria.
Es demasiado bella y fugaz la vida para perderla en pequeñas escaramuzas sin valor. Demasiado majestuoso el horizonte para quedarse prendido en cualquier pequeña vereda del camino.
Se necesita un espíritu libre que sepa ver mas allá de los actos y de las intenciones que vemos a primera vista, y adentrarse en el mundo mágico del interior del otro sin la espada de los juicios temerarios dispuesta a cortar cabezas y corazones.
Ayer tarde anochecía como es habitual en esta época del año muy temprano. Por eso aproveché a primera hora para darme un largo paseo disfrutando del colorido otoño al ver que la lluvia había cesado. Cuando me disponía a ver una película en plan tranquilo, llegaron a mi ventana unas notas musicales anunciando fiesta y no pude evitar sentir curiosidad. Sin pensármelo dos veces, me puse los vaqueros, una chaqueta, y con mi cámara al hombro que siempre tiene batería por lo que pueda suceder, me lance a la calle.
Al volver la esquina me encontré con esta señora despampanante que bailaba y pretendía echarme mano sin conseguirlo.
Detrás de ella con su imponente figura unos pequeños personajes trataban de imitarla en sus danzas y malas intenciones. Eso si, para nada me intimidaban, ya que sus caritas infantiles eran divertidas y mas de uno de ellos me conocían y trataban de pasar por delante de la cámara.
Una enorme chiquillería junto a sus padres acompañaban a la comitiva gritando y bailando al unísono. Los mas atrevidos trataban de llamar la atención a la Dama de Negro que solícita se acercaba a saludarles.
Los peques, vestidos con sus disfraces de calabaza, brujas, y demás monstruos, con una coreografía perfectamente sincronizada como podéis observar viendo a las criaturas, desafiaban al frío de la noche.
Por unas horas las calles se llenaron de risas y música, y a pesar de que hay muchos detractores de esta fiesta, la mayoría de las gentes estaban en la calle disfrutando de la noche otoñal.
La Escuela de Música, Danza y Teatro, artífice del evento, enarbolaba la bandera con su logotipo disfrazada para la ocasión.
En las zonas rurales aunque sea un pueblo grande como este, se agradecen estos actos que despiertan nuestra modorra y nos ayudan a ver la vida un poco menos negra.
No voy a entrar yo en discusiones de que si todo está muy mal, la economía familiar, el país, la vida , la corrupción... ¡Claro que está todo muy mal! precisamente por ello es necesario rescatar instantes de esparcimiento familiar para seguir luchando.
Respecto a como nació esta tradición, os remito a la Wikipedia o a cualquier otra página de las que abundan por aquí, para informaros. Yo, estoy perezosa para hacerlo, pero si os dejo este vídeo donde se puede ver muy bien el ambiente que había. Nos invaden costumbres y tradiciones nuevas, debe ser por la globalización esa...jejeje.
Lo importante es no perder las nuestras y conservarlas con la misma pasión.
Algún personaje estaba tan bien caracterizado que me fue imposible reconocer hasta el final .
Y es que bajo un buen maquillaje es difícil conocer a nadie...
Coquetas brujas y muertos vivientes me acechaban por doquier.
Caras inocentes con no muy buenas intenciones salían a mi encuentro...
Hasta un demonio colorao acompañaba a los viandantes...
Simpáticas bailarinas llamaron mi atención por ser muy conocidas...
La portadora de esta máquina infernal, me asedió durante el trayecto sin parar...
Pude atrapar a alguna familia conocida con sus retoños ...
Y a, Zaida, con sus amigas...
Grandes y pequeños disfrutando de la fiesta.
Este atrevido vampiro estuvo a punto de morderme...
Y esta simpática brujita poso para mi así de guapa.
Al final posaron así de divertidos para el recuerdo.
P-D- Para ver las fotografías mas grandes, pinchar encima de ellas.
Erase un banco, un sencillo banco de madera vieja casi carcomida por el paso del tiempo. Un banco que guardaba secretos escondidos de las gentes que allí se habían sentado a lo largo de los años. Secretos alegres y tristes. Secretos de color sepia que se pierden en la fugacidad de los días.
Pero también guardaba en su interior secretos de colores, donde la magia de la vida se había parado en un instante en aquel lugar. Risas, besos, bailes, miradas cómplices, abrazos, amores, niños, flores, amistades, padres, madres, promesas a la luz de la luna, besos de enamorados...
Y muchas mas cosas que guarda dentro, como un celoso guardián de la memoria .
Con especial cariño escondía en su corazón los juegos infantiles de los niños, los primeros pasos, las primeras palabras, los tebeos, las canicas, la peonza, las carreras...
Y después, los primeros amores, el primer encuentro con el dolor, las pequeñas traiciones, las grandes aventuras, los grandes ideales, la muerte, la huida, el regreso, las despedidas,los encuentros, las promesas, las derrotas, las victorias, las traiciones...
Muy cerca , otro banco mayor que él y amigo de recuerdos, le recordaba con sorna que era un idealista de los que ya no quedan. Él por ejemplo reía a carcajadas cuando de sus recuerdos sacaba los sospechosos ruidos que escuchaba cuando el tío Nicolás allá por la hora de la siesta cabeceaba sentado a la puerta. También la señora Rosa, aunque muy pizpireta ella, había dejado mas de una vez la impronta de su perfume en aquel rincón. Y es que, "no todo es poesía" decía su amigo mientras se escuchaban sus risas calle abajo.
Estos bancos, guardianes de la memoria y de secretos humanos, poseen la belleza de lo eterno. Nada que ver con los "Bancos" que nos están asfixiando en la actualidad, y es que el dinero todo lo embadurna de color marrón, el color del desencanto y la hipocresía.
Caía la tarde y en el cielo unas nubes un poco alocadas jugaban a disfrazarse de humanos. Una de ellas quería ser poeta para captar la belleza que se esconde en un instante. Otra quería ser muy rica, tener mucho dinero, posesiones, infinidad de dinero contante y sonante...
La más temida de todos por su fuerte carácter, soñaba con poder gobernar la tierra de parte a parte, y que con solo mover un dedo a sus subordinados se cumplieran sus órdenes de inmediato.
Una de apariencia muy frágil se envalentonaba pensando en ser famosa algún día y reconocida en el mundo entero.
Las mas joven de ellas, siempre quiso obtener sabiduría sin tener que poner demasiado esfuerzo.
Casi en un segundo plano asomaba su nariz la menos agraciada de todas, que desde pequeña quiso poseer la belleza.
En medio de todas, se podía ver una muy vanidosa haciendo piruetas para llamar la atención y ser escuchada utilizando su mal humor y sus malas maneras.Quería ponerse el disfraz de ladrón y aguafiestas de vidas ajenas.
Una muy tímida, se esforzaba por no ser vista queriendo ponerse el disfraz de la bondad, mientras las demás la ignoraban.
Pero entre ellas se encontraba una sencilla nube que siempre había soñado con ser libre, porque le parecía que siendo libre lo podía abarcar todo...
Tan solo eran unas nubes juguetonas que se habían despertado de la siesta y les entro ganas de jugar.
A mi, que contemplaba embobada la escena, se me ocurrió pensar mientras les fotografiaba, que los juegos de las nubes eren muy parecidos a los de los humanos.
Anochecía, y el horizonte se tiñó de rojo.
De repente, un impetuoso tren se cruzó en su camino, llevándose sus sueños de golpe.
Aquel otoño se quedaría grabado para siempre en el alma de aquella niña. Su abuela, su adorada e idolatrada abuela se había ido para siempre casi sin despedirse.
Era difícil conciliar desde entonces el sueño, porque se le venían imágenes de los años pasados en su compañía constantemente. Quizá no estaba aún preparada para su marcha ¡Tenia tantos sueños por vivir con ella!
Siempre le gustaba presumir de las bufandas tan preciosas que le hacia cada invierno. Cuando alguna vez había invitado a alguna amiga a casa comer, sus ojos se iluminaban al ver la cara de asombro y placer que ponía cuando degustaba los macarrones de su abuela. ¡Nadie los hacía mejor!
Con ella de la mano aprendió a amar a los animales y la naturaleza, dando grandes paseos por el campo. Las abuelas -pensaba ella- poseen toda la sabiduría del mundo encerrada en su corazón y la van desparramando a manos llenas en el camino de aquellos que aman.
Jamás podrá olvidar aquella niña herida por la ausencia de su abuela querida, la primera vez que viajó con ella a la capital en aquel sencillo tren que todas las mañanas cruzaba el puente de hierro. Apenas pudo dormir de la emoción. Sus ganas de aventuras se hacían realidad con aquel viaje, y mientras lentamente observaba el paisaje asomada a la ventanilla, sus sueños bailaban a su alrededor mientras los prados, las nubes y las montañas le sonreían.
El río estuvo siempre muy presente en la vida de su abuela y en la suya, de tal manera que siempre pensaba que allá en el fondo de sus aguas guardaba todos los secretos de ambas.
Mas de una vez sus pies descalzos, jugaron a atardecer con la corriente, como pretendiendo escaparse con él por esos mundos caminando al unísono. Y es que al lado de su abuela, aprendió a amar la vida apasionadamente.
Aquel otoño se quedará grabado para siempre y nada volverá a ser igual. Dicen que las personas que se van para siempre, siguen vivas en la memoria de los seres amados. Esa querida niña, guardará como el mejor tesoro los momentos vividos a su lado, mientras pasea su pena por los lugares amados de las dos.
P.D. Este relato, me lo ha inspirado la mirada inocente de una niña amiga mía, que acaba de perder a su querida abuela, y he querido traerlo aquí, como homenaje a su abuela y a todas las abuelas del mundo que cualquier otoño de la vida nos dejan.
Me gusta mirar con profundidad lo que veo. Alguna veces me acompaño de mi cámara e intento plasmar con ella instantes, rescatar encuentros, robar secretos...
Todo depende de la mirada.
Uno puede pasar una y mil veces por un lugar y no descubrir nada nuevo porque sus pasos llevan pegados a sus zapatos la indiferencia de la monotonía.
Caminamos a veces con pesos reales que nos asfixian y cargan nuestras espaldas de pesimismo. Pero la mayoría de las veces es nuestra actitud ante la vida lo que nos corta las alas y nos impide respirar intensamente.
Hay personas que son un "luto" como suelen decir en Sevilla, donde he pasado muchos años de mi vida. La persona "luto" todo lo ve negro, como la palabra indica. Ya puede lucir el sol, o ser un día de fiesta, o estar rodeada de familiares y amigos, ella siempre ve negrura y pesimismo en mayor o menor grado. Sus días se consumen con la inercia de la supervivencia y el sentido del deber que ahoga los sueños.
Huyo de esas personas, porque me roban apenas unos instantes con ellas, la alegría de vivir.
No, tampoco me agradan los optimistas de cartón piedra, de maneras infantiles, y el coco lleno de miel de flores.
El optimismo tiene que fundamentarse en la realidad de la vida.
Muchas veces es genético y aprendido en el comportamiento de nuestros padres en nuestros primeros años de infancia. Actitudes, maneras de enfrentarse a los problemas, nos marcan para siempre.
El alma infantil, recoge todo aquello que ve y lo hace suyo como un legado de futuro de la manera mas natural.
Por eso es tan importante la mirada desde que abrimos los ojos a la razón.Esa mirada nos acompañará siempre a lo largo de nuestra vida y hará que descubramos la belleza de los días uno a uno.
Nuestros ojos son el medio por el que nos llegan las imágenes que acompañan nuestros años. Unas veces nos muestran la dureza, el egoísmo, otras la esperanza, la belleza...
Es muy importante saber mirar para captar lo que encierra un instante, lo que trasmite una mirada, los sentimientos que despiertan al amor, el horizonte de posibilidades que abarca el universo, los momentos en que fuimos amados, el amor que fuimos capaces de dar.
A veces es verdad que hace falta ponerse unas gafas de colores desde bien temprano. No es bonito lo que vemos, ni agradable, ni nos motiva, ni nos alegra...pero no nos queda mas remedio que seguir en la brecha y saborear la vida lo mejor que podamos.