21 de junio de 2026

VERANO

 


Comienza oficialmente el verano.

Me gusta la luz, el sol, los días largos, las vacaciones, visitar el pueblo y los amigos.

En una palabra, saborear la vida.

Y es que la vida hay que saber saborearla, como se saborea un buen vino, o un exquisito plato que que atrapa nuestros sentidos del olfato y el gusto.

La vida hay que sentirla para disfrutarla.

Y no hacen falta grandes cosas para ello.

La mayoría de las veces son pequeños detalles arropados por fugaces instantes cotidianos.

Pero que requieren el esfuerzo de saber encontrarlos, descubrirlos, verlos, acariciarlos.

Todo ello con la simplicidad de lo genuino y bello.

Con el paso de los años he aprendido a simplificarme, a vivir lo más inmediato que la vida me ofrece con verdadera pasión.

Y cuando llega lo inesperado, lo que desconcierta y duele, lo miro de frente sin intentar huir.

Entre otras cosas porque no me serviría de nada.

Me enfrento a ello procurando encontrar solución, si es que la tiene.

Y si no, aceptarlo serenamente.

Todo ello con enorme paz y el bagaje de mis años vividos.

¡Feliz Verano!

6 de junio de 2026

BAÚL DE LAIKA

 


El Baúl de Laika está adormecido por mi pereza para escribir y darle vida.

Estoy ya con el cuerpo de fiesta. 

En unas semanas darán comienzo las fiestas de San Fermín.


Se llenarán las calles y plazas de la algarabía de la fiesta y del colorido del rojo y blanco de los atuendos típicos de estos días.


Y me perderé tras la Comparsa de Gigantes y Cabezudos los kilikis, los zaldicos, figuras emblemáticas de Pamplona y comarca. El de la foto es "Caravinagre".

Y además, un buen amigo me ha invitado a ver el encierro desde un balcón y el chupinazo, con lo cual, no me pienso perder nada de nada...


Eso si, este verano, como el anterior, no podré acudir a mi cita con Guardo, sus gentes, y mi rio Carrión.

Siento mucho dejar de visitar ese pueblo al que tanto amo. Espero que el próximo verano pueda reanudar esa costumbre.


Y poder desayunar cada mañana en la terraza de la casa familiar llena de entrañables recuerdos.


Perderme por rincones amados.


Por estas escaleras subía cada mañana al colegio cuando era pequeña. Por ellas subí y bajé con mi vestido blanco de Primera Comunión que me había comprado mi madre en León.


Cada mañana en el Montañés me tomo un mosto y un pincho de tortilla viendo pasar los transeúntes y veraneantes.


Y siempre hay algún amigo que se brinda a llevarme en su coche a visitar los pueblos cercanos.


Y como en un ritual, cada verano me hago una foto junto a los rosales que plantaron mis padres y vecinos a la puerta de casa.

Este verano lo pasaré en Zizur.

No me queda otra...

Os contaré mis aventuras desde este rinconcito bello donde también soy muy feliz.