8 de marzo de 2010
7 de marzo de 2010
LA DESCONOCIDA
El tren se detuvo en el apeadero como cada día. Era una mañana de primavera como cualquier otra mañana. Una joven mujer se bajó del vagón con unas gafas oscuras que le daban un aíre misterioso.
Miró a un lado y a otro como buscando un rostro conocido. Sacó de su bolso una pitillera y encendió un cigarrillo dispuesta a esperar serenamente. A su lado un vagabundo con un maloliente macuto bostezaba sin ningún recato.
Cuando se percató de su presencia, miró a la mujer a hurtadillas tratando de recordar su cara. Tímidamente le pidió un pitillo y ella se quitó las gafas para darle fuego. El pudo apreciar de cerca sus hermosos ojos oscuros y se le aceleró el corazón. Esos ojos de mirada profunda les conocía desde hace tiempo. En otra época fueron motivo de su amor juvenil.
Ella, no le había reconocido. Su aspecto sucio y desaliñado dejaba mucho que desear.
Aspiró de cerca su perfume para quedarse siempre con él, suspirando bajito para que no le oyera, e intentando quedarse con su presencia y sus bellos recuerdos.
La bocina de un coche puso fin a sus pensamientos. Un joven de porte muy elegante se acercó con premura al verla y le saludó con un beso en la mejilla.
Toda la belleza de la mañana se fue tras ellos...
Una lágrima furtiva resbaló por el sucio rostro del vagabundo siguiéndola con la mirada, hasta perderla de vista.
Miró a un lado y a otro como buscando un rostro conocido. Sacó de su bolso una pitillera y encendió un cigarrillo dispuesta a esperar serenamente. A su lado un vagabundo con un maloliente macuto bostezaba sin ningún recato.
Cuando se percató de su presencia, miró a la mujer a hurtadillas tratando de recordar su cara. Tímidamente le pidió un pitillo y ella se quitó las gafas para darle fuego. El pudo apreciar de cerca sus hermosos ojos oscuros y se le aceleró el corazón. Esos ojos de mirada profunda les conocía desde hace tiempo. En otra época fueron motivo de su amor juvenil.
Ella, no le había reconocido. Su aspecto sucio y desaliñado dejaba mucho que desear.
Aspiró de cerca su perfume para quedarse siempre con él, suspirando bajito para que no le oyera, e intentando quedarse con su presencia y sus bellos recuerdos.
La bocina de un coche puso fin a sus pensamientos. Un joven de porte muy elegante se acercó con premura al verla y le saludó con un beso en la mejilla.
Toda la belleza de la mañana se fue tras ellos...
Una lágrima furtiva resbaló por el sucio rostro del vagabundo siguiéndola con la mirada, hasta perderla de vista.
4 de marzo de 2010
NUBARRONES
Aquella tarde negros nubarrones se cernían sobre su alma. Miró al cielo y apenas una tenue luz se divisaba en el horizonte. Pero la luz estaba allí y aunque poco, aún alumbraba.
Había recibido una noticia que cambiaría en un instante su cómoda y relajada vida. En su ir y venir apenas divisaba a los demás transeúntes que con paso ligero ansiaban llegar a su casa después de un estresante día de trabajo.
Le pareció adivinar a lo lejos un rostro conocido y apresuró el paso para llegar cuanto antes a su encuentro. Cuando estaba a su altura, se dio cuenta de que no era la persona que pensaba y el desencanto le llevó a hacer una triste mueca, que no pasó inadvertida para la persona que ella había confundido.
Vagando entre miles de rostros desconocidos, se vio envuelta en una maraña de sensaciones y miedos y de nuevo alzó su vista al cielo para tratar de encontrar en el infinito un poco de calor humano.
Se desabrochó el abrigo con ligereza. Sentía un nudo en la garganta que le oprimía el pecho. Aspiró con fuerza el viento que acariciaba su pelo y sintió alívio cuando le besó la cara
Poco a poco, se fue serenando. Caía la tarde y la noche empezaba a hacer su aparición. En el cielo, los nubarrones, habían desaparecido.
Otra vez, los nubarrones, pensó, cuando aprenderé...y se perdió por una calleja, cercana a su casa.
Había recibido una noticia que cambiaría en un instante su cómoda y relajada vida. En su ir y venir apenas divisaba a los demás transeúntes que con paso ligero ansiaban llegar a su casa después de un estresante día de trabajo.
Le pareció adivinar a lo lejos un rostro conocido y apresuró el paso para llegar cuanto antes a su encuentro. Cuando estaba a su altura, se dio cuenta de que no era la persona que pensaba y el desencanto le llevó a hacer una triste mueca, que no pasó inadvertida para la persona que ella había confundido.
Vagando entre miles de rostros desconocidos, se vio envuelta en una maraña de sensaciones y miedos y de nuevo alzó su vista al cielo para tratar de encontrar en el infinito un poco de calor humano.
Se desabrochó el abrigo con ligereza. Sentía un nudo en la garganta que le oprimía el pecho. Aspiró con fuerza el viento que acariciaba su pelo y sintió alívio cuando le besó la cara
Poco a poco, se fue serenando. Caía la tarde y la noche empezaba a hacer su aparición. En el cielo, los nubarrones, habían desaparecido.
Otra vez, los nubarrones, pensó, cuando aprenderé...y se perdió por una calleja, cercana a su casa.
3 de marzo de 2010
PERSONAS Y PERSONAJES
Tengo que decir que últimamente estoy obtusa. Por ejemplo, ayer pretendía hacer un enlace a Facebook, y lo puse en el blog. La fotografía anterior, se me ha escapado...en fin, que soy un desastre. ¿ Será por el cambio climático ?
Mi historia empieza una tarde de primavera cuando contemplaba a una madre y a su hija sentadas en un banco de la plaza saboreando el sol de la tarde.
A lo lejos, aparecieron dos personajes con unos sombreros muy curiosos. Parecian salidos de una pelicula del oeste, tan solo les faltaba el caballo. No lograba adivinar desde lejos, si eran portadores de un revolver...
Todos los presentes en los demás bancos, les miraban. Unos a hurtadillas, y otros con enorme descaro.
Aquellos personajes, habían captado de manera especial la atención de los demás. Casi temían que se acercasen y les miraran de frente.
Cuando la hija les vio muy cerca, temió como todos, su presencia a dos palmos de ellas.
-Pasarán de largo, pensó-
Su asombro llegó al límite, cuando aquellos individuos se acercaron al banco con una mirada y una sonrisa, llena de sorpresa. Con enorme cariño, se acercaron a la anciana, y le propinaron sonoros besos en su preciosa cara.
- ¡ tía !-dijeron al unísono, los dos hermanos.
La hija, que no recordaba el parentesco, se vió acribillada a preguntas : ¿ eres quien la cuida ? ¿ como se encuentra la tia ?
Una vez repuesta de la sorpresa, respondido a sus preguntas, y después de haber visto el cariño con el que se miraban mutuamente su madre y ellos, sonrió tambien.
Las demás personas que ocupaban los bancos cercanos, se les veía poner el oído para no perderse nada de la conversación.
Esto me llevaba a pensar en las relaciones de los humanos. Juzgamos sin piedad el aspecto externo, haciéndonos una idea de la persona por lo que su personaje representa.
En nuestro mundo de incomunicación, ponemos un parapeto de prejuicios establecidos en unos parámetros, que marca la fria sociedad.
No nos tomamos la molestia de profundizar más. Nuestro juicio severo es inapelable.
Perdemos así una oportunidad de acercarnos a la riqueza interior de los demás. Preferimos no comprometernos a arañar la capa de superficialidad que todos en mayor o menor medida llevamos puesta.
Nos encerramos en nuestro pequeño mundo de manías, derrotas ,sinsabores...sin tener la valentia de explorar nuevos horizones.
Quizá la vida monótona y aburrida que llevamos en nuestras relaciones humanas, es porque la mayoria de las veces nos quedamos con el personaje sin profundizar en la persona...
Por cierto, aquellos dos, los del sombrero...son excelentes personas, lo han demostrado infinidad de veces. Simplemente son personas auténticas, son ellas mismas, sin artilugios que empañen su humanidad, salvo sus originales sombreros.
Mi historia empieza una tarde de primavera cuando contemplaba a una madre y a su hija sentadas en un banco de la plaza saboreando el sol de la tarde.
A lo lejos, aparecieron dos personajes con unos sombreros muy curiosos. Parecian salidos de una pelicula del oeste, tan solo les faltaba el caballo. No lograba adivinar desde lejos, si eran portadores de un revolver...
Todos los presentes en los demás bancos, les miraban. Unos a hurtadillas, y otros con enorme descaro.
Aquellos personajes, habían captado de manera especial la atención de los demás. Casi temían que se acercasen y les miraran de frente.
Cuando la hija les vio muy cerca, temió como todos, su presencia a dos palmos de ellas.
-Pasarán de largo, pensó-
Su asombro llegó al límite, cuando aquellos individuos se acercaron al banco con una mirada y una sonrisa, llena de sorpresa. Con enorme cariño, se acercaron a la anciana, y le propinaron sonoros besos en su preciosa cara.
- ¡ tía !-dijeron al unísono, los dos hermanos.
La hija, que no recordaba el parentesco, se vió acribillada a preguntas : ¿ eres quien la cuida ? ¿ como se encuentra la tia ?
Una vez repuesta de la sorpresa, respondido a sus preguntas, y después de haber visto el cariño con el que se miraban mutuamente su madre y ellos, sonrió tambien.
Las demás personas que ocupaban los bancos cercanos, se les veía poner el oído para no perderse nada de la conversación.
Esto me llevaba a pensar en las relaciones de los humanos. Juzgamos sin piedad el aspecto externo, haciéndonos una idea de la persona por lo que su personaje representa.
En nuestro mundo de incomunicación, ponemos un parapeto de prejuicios establecidos en unos parámetros, que marca la fria sociedad.
No nos tomamos la molestia de profundizar más. Nuestro juicio severo es inapelable.
Perdemos así una oportunidad de acercarnos a la riqueza interior de los demás. Preferimos no comprometernos a arañar la capa de superficialidad que todos en mayor o menor medida llevamos puesta.
Nos encerramos en nuestro pequeño mundo de manías, derrotas ,sinsabores...sin tener la valentia de explorar nuevos horizones.
Quizá la vida monótona y aburrida que llevamos en nuestras relaciones humanas, es porque la mayoria de las veces nos quedamos con el personaje sin profundizar en la persona...
Por cierto, aquellos dos, los del sombrero...son excelentes personas, lo han demostrado infinidad de veces. Simplemente son personas auténticas, son ellas mismas, sin artilugios que empañen su humanidad, salvo sus originales sombreros.
2 de marzo de 2010
RIO CARRIÓN
El río Carrión a su paso por la localidad ha visto aumentado su caudal a causa de las ultimas lluvias y la nieve acumulada en las montañas.
En la fotografía, el agua con una fuerza inusual, ha cubierto las piedras que forman parte de su ornamentación habitual.
El río Carrión que normalmente, es tranquilo y apacible, nos muestra su otra cara, desafiante, lleno de bravura y fuerza.
Asusta la fuerza de la naturaleza al mismo tiempo que sobrecoge y llena de asombro las pupilas de los humanos que lo observan.
En la fotografía, el agua con una fuerza inusual, ha cubierto las piedras que forman parte de su ornamentación habitual.
El río Carrión que normalmente, es tranquilo y apacible, nos muestra su otra cara, desafiante, lleno de bravura y fuerza.
Asusta la fuerza de la naturaleza al mismo tiempo que sobrecoge y llena de asombro las pupilas de los humanos que lo observan.
La protectora de animales, cercana al río, siempre se ve afectada. Me acerqué a ver como estaban. Como el agua habia bajado, no se veia inundado el lugar. Las encargadas, estoy segura que habrán estado pendientes de subsanar el problema.
Esta mastína, de ojos tristes, miraba a la cámara con curiosidad.
Esta mastína, de ojos tristes, miraba a la cámara con curiosidad.
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