Nos han robado la Primavera, el mes de Abril, los besos, los abrazos, el aíre, el sol, la vida...
Los caminos están vacíos de sueños.
Nos ahoga la pena de tantos de los nuestros que se han marchado en desamparo. Sin un mimo, sin un beso, sin poder acariciar la mano amada. Padres, abuelos, madres, amigos, vecinos... Apenas nos quedan lágrimas para tanto dolor.
Ni fuerzas para aplaudir a la ocho de cada tarde a tantos héroes anónimos.
Las calles están vacías, silenciosas, doloridas... No se escuchan los pasos en el silencio de la noche, ni la algarabía de los días de fiesta, ni los saludos, ni las risas...
Pero la Primavera se asoma pletórica de belleza por los caminos como símbolo de esperanza.
Desde mi ventana observo a los gorriones de acá para allá... Surcan el cielo una y mil veces, mientras yo ansío volver a volar en libertad.
Añoro esos gatos callejeros que subían a mi ventana buscando comida en invierno, cuando la blanca nieve cubría el jardín. ¡Libres! Por aquí apenas se ven gatos callejeros.
Y me llega, como en un susurro, el murmullo de las frías agua del Carrión. Quizá este verano no pueda acudir a mi cita con él.
Amigos muy queridos de la blogosfera, os envío todos los besos que me gustaría daros. Espero que vosotros y vuestras familias os encontréis bien. P.D. Un par de fotos son prestadas de la red.
Como el confinamiento se alarga, y las musas me han abandonado, voy a publicar fotos donde la gente sonría para poner una nota de esperanza.
De alguna manera, la sonrisa, es la esperanza reflejada en una mirada y unos labios. Un gesto que aquieta, que calma, que cicatriza...
Un día sin sonreír es un día perdido. (Charlie Chaplin)
La sonrisa es una curva que endereza todo. ( Phyllis Diler)
El mundo siempre parece ser más luminoso tras una sonrisa. La de mi amigo, Toño ilumina el mundo.
La sonrisa es el bálsamo que cura heridas.
Hay sonrisas que tramiten bondad y sabiduría.
Las sonrisas de los amigos que se fueron se llevan en el corazón.
Las jóvenes sonrisas llenan el mundo de ilusión. Mientras dure el "encierro"me he propuesto llenar la red de sonrisas, en mi Facebook, Twitter, Instagram y mi blog..
La sonrisa como un canto a la vida después del duelo por la muerte. P.D. Queridos lectores, mi deseo es que os encontréis todos bien, junto a vuestras familias. Os envío muchos besos y todo mi cariño.
Érase una vieja maleta que atesoraba todos los sueños cumplidos y por cumplir. Dentro de ella se encerraban las aspiraciones más bellas y los desencantos más tristes. En su ir y venir por las estaciones de trenes, los aeropuertos, los apeaderos...muchas manos se habían aferrado a ella con todas sus fuerzas. Quizá con la esperanza a flor de piel y como meta de viaje. Y es que solo la esperanza es capaz de convertir nuestros anhelos en vida. Muchas personas la habían abierto como quien abre un tesoro porque estaban dentro sus pertenencias. Significaba de alguna manera el propio interior de su dueño, aquello íntimo que nadie conoce. Porque las maletas, son un poco como el alma... Caminamos a veces con maletas muy pesadas, y nos falta la valentía de abrirlas y tirar lo que sobra, lo que nos impide caminar ligeros. Otras veces podemos perderlas en nuestro ir y venir como se pierden los sueños y las ilusiones del corazón. Pero también en las maletas se esconden regalos y tesoros. Incluso besos.
Me gusta decir que la vida está en la calle, o lo que es lo mismo, que las calles están llenas de vida.
En el autobús veo a ciudadanos de Lituania, China, Marruecos, India, Mali, Navarra y León. Todo eso a simple vista sin indagar más. Les escucho hablar en su propio idioma, mientras observo su peculiares características. No cabe duda de que Pamplona se ha convertido en una ciudad cosmopolita desde hace años.
Cuando la Villavesa- así llaman aquí los autobuses- hace su segunda parada, a través de la ventanilla observo jugar con su papá a una niña muy pequeña con rasgos de un país lejano. Tiene una carita preciosa y sonríe sin parar. El juego consiste, en que el padre mueve las manos y trata de atrapar las suyas con un ritmo acompasado. Ella va escondiendo sus manitas, mientras intenta retener entre las suyas las de su papá declarándose victoriosa. El último rayo del sol ilumina la tarde, mientras contemplo extasiada la escena. El autobús se aleja y ella me sonríe al percatarse también de mi sonrisa. En un banco de la avenida veo a una mujer joven hablando por teléfono. Más bien, grita. Tiene lágrimas en los ojos. Se le ha corrido el rimel y una sombra negra me impide ver de color son. El pelo alborotado le cae por la cara que muestra un rictus de dolor. Su voz es un lamento, una queja que se lleva el viento al pasar. Apenas ha sido un instante, pero suficiente para ser capaz de percibir su estado interior. Habla con un hombre. Le lanza una serie de preguntas en plan de reproche. Estoy a punto de preguntar que le ocurre. Pero no cesa de hablar por teléfono. Me hubiera gustado aliviar su dolor de alguna manera. Unos adolescentes se hacen selfies delante de una tienda de ropa. Alegres, desenfadados, burlones, divertidos... Comienzan a vivir su propia viva pletórica de belleza por explorar. Un cuidador lleva a un anciano en una silla de ruedas. El anciano lleva la mirada perdida. Parece estar en su mundo que no es el nuestro. Ambos se compenetran también en su mundo de necesidades. Señoras ricachonas con ropa de marca y caros perfumes, pasan a mi lado. Ostentosas ellas, van hablando de lo mal que está la vida, que no hay moral, que la gente joven está muy perdida... Un hombre toca la guitarra en una calle cercana. Su mirara triste se asemeja a las notas melancólicas de su instrumento. A su lado unas tristes monedas reposan al caer la tarde. Tan tristes como su guitarra y él mismo.
En un supermercado, una mujer de edad avanzada, me pregunta si no hay guantes para pesar la fruta. Le comento que no, pues también había pensado yo lo mismo hacía unos minutos. Ya...es con el coronavirus hay que tener cuidado. ¿Ha llegado ya a Pamplona, sabes?... ¡No me diga, señora! Se aleja en busca del encargado de reponer del super.
Los pobres y miserables de este mundo, esperan a última hora para comprar a mitad de precio las bandejas de pescado del día. Con su dignidad al hombro, quizá ahorren algún euro que les ayude a llegar a fin de mes. A la salida noto un ligero lagrimeo en los ojos y me pica la garganta. ¿Será que estoy inoculando el virus? Un pequeño perro espera paciente a la puerta del super. Se le ve temeroso ante las risas y gritos de unos chiquillos. Como sufro al ver su vulnerabilidad... ¡Que manía con dejarles a meced de algún malvado ladrón!
La belleza de las calles del casco antiguo me subyugan en la noche. Las gentes vienen y van sin prisa alguna. Se asoma la luna por entre los tejados curiosona y atrevida. Las notas de una tarantela salen de una pizzería cercana. Hay algo mágico en mi andar peregrino de esta noche. Llega el autobús. Un par de enamorados se besa al despedirse. El autobús se lleva sus sueños y la ilusión de volver a besarse mañana de nuevo. En un asiento cercano al mío, una jovenzuela lleva el pelo de dos colores. Moreno y rubio. Mitad y mitad. Con dos coquitos en lo alto. Rubio uno y moreno otro. Miradas curiosas e incluso burlonas se posan en ella. Le importa un pimiento el sentido de la estética donde todo tiene que ser según lo establecido. Es más, se atreve a desafiarlo. Me producen enorme ternura y me encanta la gente joven sin prejuicios que se atreve a ser ella misma. Me gusta explorar su rico mundo escondido entre su aspecto nada convencional. Prácticamente toda la gente del autobús está mirando el móvil. Jóvenes y menos jóvenes. Menuda poder de seducción que tiene esa infernal maquinita... Me niego a ser su esclava y le dejo dentro del bolso. Parece que ya no fuera posible estar a solas con nuestros propios pensamientos. Unos chiquillos juegan en el barrio. Unas vecinas amantes de los gatos callejeros han bajado a darles de cenar. Me uno al grupo. Y es que yo siempre llevo pienso en el bolso y se lo dejo en el rincón donde se reúnen a comer. En Canal Sur, mi amigo, Toi va a cantar y no quiero perdérmelo. Leticia me recibe impaciente. Le paso la mano por el lomo, mientras le hago un mimo. Paseos por la ciudad, donde las calles están llenas de vida.
Una semana antes de los Carnavales, por Pamplona desfilan los caldereros. La tradición se basa en aquellos oficios artesanos que fabricaban calderos y otros cacharros de metal y los distribuían por medio de la venta ambulante.
Eran los también llamados hojalateros que arreglaban los cacharros por los pueblos.
El Día de los Caldereros nació hace poco más de un siglo. Pretendía emular a a las tribus gitanas que durante el siglo XIX y seguramente el anterior, todos los años venían a vender sus productos por el Carnaval.
Zíngaros y Caldereros recorren las calles del casco viejo de Pamplona.
Su modo de subsistencia era la reparación y venta de cacerolas y otros utensilios de metal, por lo que se les conocía con el nombre de "caldereros",de ahí el nombre de la calle Calderería, ya que se ponían a lo largo de ambas calles( Calderería y San Agustín) llegando a ocupar también las calles de alrededor.
Con una blusa de colores vistosos y un pañuelo a la cabeza con monedas colgando, y una cuchara de palo en la mano se les veía en otras épocas por las calles.
Emulando a esos personajes, mucha gente ataviada de esa peculiar manera, recorre las calles de la ciudad al son de la música.
La alegría inunda las calles a lo largo del día. Yo solo acudí por la tarde, pero por la mañana la comitiva acude al mercado de Santo Domingo procedente de la iglesia de San Lorenzo para realizar su tradicional visita junto a los gaiteros y la Cofradía de Danzantes de San Lorenzo donde interpretan varios bailes con timbales y fanfarres.
El oso Margarito hace las delicias de grandes y pequeños cuando encadenado intenta escapar.
Cuando me vio grabando vino hacía mi con intención de devorarme. En este vídeo se pueden escuchar mis gritos. La pena que no me dio tiempo de volver la cámara para que pudierais haber contemplado la escena. Al principio le confundí con un lobo.
Después, en un pequeño descanso intenté hacerme amiga de él y nos hicimos un selfie.
Como colofón os dejo unos vídeos no muy bien grabados por la luz y el jaleo que había en la calle.
Este vídeo de la televisión navarra lo explica muy bien .