7 de octubre de 2026

PENSAMIENTOS

 


Prefiero la postura vertical a la horizontal.

Tener a mi alcance la mirada curiosa, los afanes a flor de piel, las ilusiones frescas y lozanas, los pasos en la dirección correcta, la alegría y el buen humor como compañeros de viaje.

Sin embargo, la postura horizontal me limita la mirada, mis ojos se cierran a la curiosidad, los afanes dormitan remolones, las ilusiones se relajan y pierden interés, los pies se rinden al cansancio, las risas y el buen humor se pierden.

Pero mi limitación como ser humano me lleva a tener en cuenta ambas posturas.

Todo ello viene a cuento de que no me gusta nada dormir. Incluso tengo problemas de vez en cuando para completar las horas de sueño establecidas por los entendidos en esta materia.

Durante el sueño, ese proceso biológico, me siento vulnerable de manera especial. Ese estado de inconsciencia me produce inseguridad y miedo.

Durante las distintas fases del sueño, el cerebro atraviesa ciclos de distintas fases que a mi se me antojan como algo misterioso.   Aunque el cerebro y el cuerpo continúan trabajando para mantener la salud, la función cerebral, y la salud física.

Por lo tanto, dormir es muy necesario.

Creo, que amo tanto la vida, que el sueño me recuerda a la muerte. De ahí mi rechazo.

¿Pero, bueno, cómo no te gusta dormir?

Me preguntan familiares y amigos.

Pues no...

No me gusta nada de nada...

Por supuesto no duermo siesta jamás.

Por la noche, si me vence el sueño viendo una película, me voy a la cama a trancas y barrancas. Y cuando llego, me desaparece el sueño como arte de magia, y entonces las letras bailan a mi alrededor.

Así me ha ocurrido ahora mismo.

Comienzo a darles vida hasta caer rendida.

Entonces si.

Me sumerjo en ese mundo inquietante donde no soy dueña de mi, esperando amanecer un nuevo día.

Yo, y mis neuras...