9 de marzo de 2020

MANOS DE MUJER


Manos de mujer cansadas por el peso de la vida.
Manos con las arrugas del paso del tiempo.
Manos que sembraron generosas el amor.



Manos que acarician conciencias.
Manos cálidas de amigas.
Manos solidarias.



Manos amorosas de madre.
Manos que muestran caminos.
Manos libres y soñadoras.



Manos aferradas al pasado.
Manos que descubrieron el fuego de la pasión.
Manos frías de deseos.



Manos libres y soñadoras.
Manos que velan ausencias.
Manos que secan el llanto.



Manos generosas, siempre dispuestas a dar.
Manos que se olvidaron de reír.
Manos que claman al infinito.



Manos que no juzgan.
Manos que expresan ira y llanto.
Manos que se retuercen por la injusticia.



Manos repletas de estrellas.
Manos que piden pan.
Manos que acarician y sanan.



Manos que invitan a cantar y reír.
Manos llenas de tesoros.
Manos amantes del placer.



Manos que cobijan sueños.
Manos que enseñan a caminar.
Manos que besan.



Manos amigas, compañeras, vecinas...
Manos amantes.
Manos que lloran.


Manos jóvenes.
Manos que ríen y sueñan.
Manos llenas de ilusiones.



Manos que huyen.
Manos doloridas.
Manos esperanzadas.

25 de febrero de 2020

PASEOS POR LA CIUDAD


Me gusta decir que la vida está en la calle, o lo que es lo mismo, que las calles están llenas de vida.

      En el autobús veo a ciudadanos de Lituania, China, Marruecos, India, Mali, Navarra y León.
Todo eso a simple vista sin indagar más. 
Les escucho hablar en su propio idioma, mientras observo su peculiares características.

    No cabe duda de que Pamplona se ha convertido en una ciudad cosmopolita desde hace años.




Cuando la Villavesa- así llaman aquí los autobuses- hace su segunda parada, a través de la ventanilla observo jugar con su papá a una niña muy pequeña con rasgos de un país lejano.

    Tiene una carita preciosa y sonríe sin parar. 
El juego consiste, en que el padre mueve las manos y trata de atrapar las suyas con un ritmo acompasado.
Ella va escondiendo sus manitas, mientras intenta retener entre las suyas las de su papá declarándose victoriosa.

     El último rayo del sol ilumina la tarde, mientras contemplo extasiada la escena.
El autobús se aleja y ella me sonríe al percatarse también de mi sonrisa.

      En un banco de la avenida veo a una mujer joven hablando por teléfono. 
Más bien, grita.
Tiene lágrimas en los ojos. 
Se le ha corrido el rimel y una sombra negra me impide ver de color son.
El pelo alborotado le cae por la cara que muestra un rictus de dolor.
Su voz es un lamento, una queja que se lleva el viento al pasar.
Apenas ha sido un instante, pero suficiente para ser capaz de percibir su estado interior.
Habla con un hombre.
Le lanza una serie de preguntas en plan de reproche.
Estoy a punto de preguntar que le ocurre. Pero no cesa de hablar por teléfono.
Me hubiera gustado aliviar su dolor de alguna manera.

    Unos adolescentes se hacen selfies delante de una tienda de ropa.
Alegres, desenfadados, burlones, divertidos...
Comienzan a vivir su propia viva pletórica de belleza por explorar.


    Un cuidador lleva a un anciano en una silla de ruedas.
El anciano lleva la mirada perdida. Parece estar en su mundo que no es el nuestro.
Ambos se compenetran también en su mundo de necesidades.

    Señoras ricachonas con ropa de marca y caros perfumes, pasan a mi lado.
Ostentosas ellas, van hablando de lo mal que está la vida, que no hay moral, que la gente joven está muy perdida...

      Un hombre toca la guitarra en una calle cercana. 
Su mirara triste se asemeja a las notas melancólicas de su instrumento.
A su lado unas tristes monedas reposan al caer la tarde.
Tan tristes como su guitarra y él mismo.




En un supermercado, una mujer de edad avanzada, me pregunta si no hay guantes para pesar la fruta.
Le comento que no, pues también había pensado yo lo mismo hacía unos minutos.
        Ya...es con el coronavirus hay que tener cuidado.
¿Ha llegado ya a Pamplona, sabes?...
¡No me diga, señora!
Se aleja en busca del encargado de reponer del super.

   Los pobres y miserables de este mundo, esperan a última hora para comprar a mitad de precio las bandejas de pescado del día. Con su dignidad al hombro, quizá ahorren algún euro que les ayude a llegar a fin de mes.

A la salida noto un ligero lagrimeo en los ojos y me pica la garganta.
¿Será que estoy inoculando el virus?

Un pequeño perro espera paciente a la puerta del super.
Se le ve temeroso ante las risas y gritos de unos chiquillos.
Como sufro al ver su vulnerabilidad...
¡Que manía con dejarles a meced de algún malvado ladrón!





La belleza de las calles del casco antiguo me subyugan en la noche. 
Las gentes vienen y van sin prisa alguna.
Se asoma la luna por entre los tejados curiosona y atrevida.
Las notas de una tarantela salen de una pizzería cercana.
Hay algo mágico en mi andar peregrino de esta noche.

Llega el autobús.
Un par de enamorados se besa al despedirse.
El autobús se lleva sus sueños y la ilusión de volver a besarse mañana de nuevo.

En un asiento cercano al mío, una jovenzuela lleva el pelo de dos colores. Moreno y rubio.
Mitad y mitad.
Con dos coquitos en lo alto.
Rubio uno y moreno otro.
Miradas curiosas e incluso burlonas se posan en ella.
Le importa un pimiento el sentido de la estética donde todo tiene que ser según lo establecido.
Es más, se atreve a desafiarlo.
Me producen enorme ternura y me encanta la gente joven sin prejuicios que se atreve a ser ella misma.
Me gusta explorar su rico mundo escondido entre su aspecto nada convencional.


Prácticamente toda la gente del autobús está mirando el móvil.
Jóvenes y menos jóvenes.
Menuda poder de seducción que tiene esa infernal maquinita...
Me niego a ser su esclava y le dejo dentro del bolso.
Parece que ya no fuera posible estar a solas con nuestros propios pensamientos.

      Unos chiquillos juegan en el barrio.
Unas vecinas amantes de los gatos callejeros han bajado a darles de cenar. Me uno al grupo.
Y es que yo siempre llevo pienso en el bolso y se lo dejo en el rincón donde se reúnen a comer.

       En Canal Sur, mi amigo, Toi va a cantar y no quiero perdérmelo.

         Leticia me recibe impaciente. 
Le paso la mano por el lomo, mientras le hago un mimo.

    Paseos por la ciudad, donde las calles están llenas de vida.






17 de febrero de 2020

LOS CALDEREROS


Una semana antes de los Carnavales, por Pamplona desfilan los caldereros. 
La tradición se basa en aquellos oficios artesanos que fabricaban calderos y otros cacharros de metal y los distribuían por medio de la venta ambulante.



Eran los también llamados hojalateros que arreglaban los cacharros por los pueblos.



El Día de los Caldereros nació hace poco más de un siglo. Pretendía emular a a las tribus gitanas que durante el siglo XIX y seguramente el anterior, todos los años venían a vender sus productos por el Carnaval.



Zíngaros y Caldereros recorren las calles del casco viejo de Pamplona.



Su modo de subsistencia era la reparación y venta de cacerolas y otros utensilios de metal, por lo que se les conocía con el nombre de "caldereros",de ahí el nombre de la calle Calderería, ya que se ponían a lo largo de ambas calles( Calderería y San Agustín) llegando a ocupar también las calles de alrededor.



Con una blusa de colores vistosos y un pañuelo a la cabeza con monedas colgando, y una cuchara de palo en la mano se les veía en otras épocas por las calles.



Emulando a esos personajes, mucha gente ataviada de esa peculiar manera,  recorre las calles de la ciudad al son de la música.









La alegría inunda las calles a lo largo del día.
Yo solo acudí por la tarde, pero por la mañana la comitiva acude al mercado de Santo Domingo procedente de la iglesia de San Lorenzo para realizar su tradicional visita junto a los gaiteros y la Cofradía de Danzantes de San Lorenzo donde interpretan varios bailes con timbales y fanfarres.








El oso Margarito hace las delicias de grandes y pequeños cuando encadenado intenta escapar.



Cuando me vio grabando vino hacía mi con intención de devorarme. En este vídeo se pueden escuchar mis gritos. La pena que no me dio tiempo de volver la cámara para que pudierais haber contemplado la escena. Al principio le confundí con un lobo.



Después, en un pequeño descanso intenté hacerme amiga de él y nos hicimos un selfie.












Como colofón os dejo unos vídeos no muy bien grabados por la luz y el jaleo que había en la calle.




Este vídeo de la televisión navarra lo explica muy bien .

10 de febrero de 2020

ARIADNA Y LA LUNA


Ariadna se enfundó el abrigo y se fue en busca de los secretos de la noche.
Hacía un intenso frío que calaba hasta los huesos y el alma, pero enseguida se sintió aliviada arropada por su bufanda de colores.
Aligeró el paso por las calles desiertas. Necesitaba mover sus pies entumecidos por las largas horas de reposo.

Un gato callejero cruzó muy cerca de ella aunque apenas logró verle. Huidizo corrió a refugiarse en el seto de un jardín cercano.

Allá a lo lejos, unos jóvenes cruzaban la plaza en plan de marcha.
Iban hablando a gritos.
Al pasar cerca de ella le invitaron a sumarse a la fiesta.
Ella no aceptó. 
Tenía una cita más allá de las estrellas.

Se perdió por una calleja cantando una canción.
Tan solo el eco de sus botas al pasar, y su sombra, le acompañaban en su paseo.

Iba muy segura de saber hacía donde quería llegar.

La plaza solitaria coqueteaba con la hermosa luna, mientras el tintineo de las gotas de agua de la fuente cercana marcaban el compás.

Ariadna contempló a la luna extasiada de placer.

Después, se soltó el pelo y descalza comenzó una danza apasionada.
Sus menudos pies volaban una y otra vez al son de una música imaginaria.
Su fina cintura se cimbreaba como una contorsionista al ritmo de sus caderas.

Así estuvo largo hasta que vencida por el cansancio dejo caer sus brazos y sus pies suspendieron el frenético baile.

Seguidamente se sentó en el suelo y comenzó a llorar con desconsuelo.

Así la recogió Manuel que la había seguido desde que salió de casa. 
Él la sigue siempre cada noche de luna llena.

No ha vuelto a ser la misma desde que regresó de la clínica donde estuvo internada después de perder a su hijo.

30 de enero de 2020

LA LLUVIA


Salí a pasear después de comer. Caían una finas gotas de lluvia y el viento huracanado luchaba por arrebatarme mi paraguas de colores.
Con enorme pericia para sostenerme en pie, me azotaba la cara sin piedad alguna.
Era frío, muy frío...
Parecía que estaba en el polo norte.

De repente, apareció el sol en el horizonte poniendo una nota de luz a la tarde.
Fue algo fugaz y muy bello.
Después, comenzó a llover torrencialmente. 
Me costaba enormemente sostenerme en pie y avanzar de nuevo.
Por un instante, pensé que mi paraguas saldría volando por los aires en busca de aventuras, e intenté sujetarlo con fuerza.
Viendo que mis esfuerzos eran inútiles, opté por cerrarlo y dejarme llevar.

El agua caía sobre mi y calaba mis huesos.
Comencé un baile por aquel camino saboreando la vida.

Alguien descorrió los visillos de una ventana y observó con asombro mi danza.
Luego, esbozó una sonrisa cómplice.

Apenas podía ver, pues el agua besaba mis ojos con frenesí y resbalaba por mi cara.
Un rebelde mechón de cabello se posó en mi frente.
Mis botas iban marcando el ritmo uniéndose a la fiesta.

Entre el agua y yo, se había establecido una conexión mágica de la que tan solo yo era testigo.
La calle desierta a ambos lados, me hacía pensar que la gente a esas horas dormitaba en el sofá al igual que mi gata Leticia.

Llegué a casa empapada de vida.
Un poquito de locura ayuda a la monotonía.

23 de enero de 2020

CUMPLEAÑOS FELIZ



Estoy en vísperas de mi cumpleaños.
Apurando estas últimas horas de mis 71 años.
Cuando se tiene mi edad, el tiempo no corre, vuela...
Os dejo este vídeo con retazos de mi vida 
Como dice Serrat: 



Uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia



 pero su tren vendió boleto de ida y vuelta.



Son aquellas pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas, en un rincón, en un papel, o en un cajón."



Como un ladrón,  te acechan detrás de la puerta.



Te tienen tan a su merced como hojas muertas.




Que el viento arrastra allá o aquí.



Que te sonríen tristes, y nos hacen



que lloremos cuando nadie nos ve.




Pero eso si, sonriendo siempre a la vida.



Porque la vida, son momentos...












15 de enero de 2020

EL AVIÓN TRAVIESO


Era una mañana de Domingo soleada. 
Desde mi ventana pude observar a unos vecinos, una familia joven con dos críos. Niño y niña.

Acostumbrada a vivir en un piso bajo, vivir en un tercero me parece estar cerca de las nubes. 

Desde mi atalaya me siento poderosa mientras observo a la gente desde arriba.

Y no es que esté todo el día curioseando a través de los cristales. Simplemente lo más divertido o curioso que me ha ocurrido, ha sido mirando por casualidad.



El Otoño ha desnudado de hojas los árboles cercanos, pero aún así se veían bellos. 
La inmensidad del cielo azul ponía la nota de color al precioso día.
Los niños vestidos de Domingo salían ilusionados de casa con los juguetes que les acababan de dejar los Reyes Magos.

La nena llevaba un carrito con su muñeco bien arropado dentro. A pesar del sol, el frío de la mañana se hacía notar.
Pizpireta ella, cruzaba orgullosa estrenando maternidad.
Vestida con un abriguito color rojo y peinada con un par de coletas, sonreía a su bebé mientras le decía cosas bonitas, que yo no llegaba a escuchar, por la distancia que me separaba de ella.

El niño llevaba un avión en su mano que podía manejar a distancia a través de un mando. 
Le puso en su pequeña mano y apretó el mando.
El avión salió volando por encima de su cabeza a corta y baja distancia. 
Como un ser mágico daba volteretas de acá para allá, mientras yo le observaba ensimismada desde arriba.
Era un espectáculo encantador. 
El avión con su color amarillo y rojo parecía tener vida propia. 
El crío se sentía poderoso viendo como le obedecía.




Y como el poder suele empoderar- valga la redundancia-  a la persona que lo ejerce y hacerla temeraria, en un momento determinado apretó con enorme fuerza su dedo, y el avión salió volando lejos bordeando el árbol más cercano hasta posarse en su copa. 

La cara del niño mudó de color, o eso me pareció a mi. 
Su padre estaba abriendo la puerta del coche.
Su madre estaba metiendo en el capó el cochecito de la nena. 
Ninguno de los dos se dieron cuenta de la "tragedia"
Tan solo yo, que tenía todo el tiempo del mundo en la mañana, y que estaba disfrutando de la escena infantil. 

Cuando al escuchar el llanto del niño, sus padres acudieron a ver que le ocurría, se quedaron pasmados.
El padre levantó la mirada hacia el árbol tratando de ver donde había caído el juguete.
Imposible intentar rescatarle.
Se miró el reloj y le susurró algo a su pequeño mientras le animaba a subir al coche.
Pero el niño se negaba a dejar allí arriba su preciado tesoro.




Pasaron unos intensos minutos en los que la magia se había ido al traste.
El padre apretó la mano de su hijo con ternura y le susurró algo al oído que imaginé sería una promesa.

A duras penas logro hacerle subir al coche.

Pude ver su carita afligida mirar hacia arriba, mientras se perdían por la avenida cercana.

Más tarde salí a pasear. 
Con curiosidad, me acerqué al árbol para ver de cerca aquel travieso avión que había querido ser libre y hacerle unas fotos.
Allí estaba tan flamante y dicharachero. Incluso creí verle sonreír.

¿Había querido huir de las manos de su dueño? 

¿O simplemente había querido darle un susto?

Quizás quiso ser libre.

Han pasado los días y al asomarme de nuevo a la ventana, el avión ya no está en la copa del árbol.
Quiero creer que el papá del pequeño haciendo de héroe lo haya podido recuperar.
Pero eso daría para otra historia, y nos os puedo asegurar que haya sido así por no haberlo visto con mis propios ojos.


Pequeñas historias que observo y os cuento a través de mi atalaya.


9 de enero de 2020

REBAJAS


Acudí el otro día a las rebajas. No suelo ir el primer día, pero quería ver el ambiente personalmente y me decidí a ir.

El Corte Inglés estaba a rebosar.  Gente de todas las edades y condiciones subían y bajaban continuamente por las escaleras mecánicas.

Era un espectáculo curioso. 
Parecíamos hormigas atareadas en hurgar entre la ropa variopinta que se acumulaba en grandes montones desordenados, por más que las dependientas se afanaban en poner un poco de orden.

Cuando una multitud descontrolada se concentra en un lugar, es muy difícil que todo discurra con normalidad.
Todos en mayor o menor medida nos dejamos llevar amparados en el grupo y perdemos nuestra propia identidad.
El caos nos arrastra sin apenas percibirlo y nos hace perder la compostura y a veces hasta la dignidad.
Esto ocurre en las rebajas y en otras manifestaciones de nuestra convivencia como sociedad.

Largo rato estuve observando a la gente con mi mirada curiosa.
En su afán por coger primero la prenda que parecía estar más rebajada, los empujones de hacían notar.

Bien es verdad, que se ha rebajado ( valga la redundancia ) la tensión mucho, dado que ya el periodo de rebajas tiene otro competidor llegado de fuera. El Black Friday y que comienza un poco antes. 
Además están las compras online que es otra manera de comprar sin moverte de casa y que acapara muchos adeptos.

Yo prefiero acudir a las tiendas y probarme una y otra vez los modelos con el cansancio que ello comporta. Pero no lo puedo evitar. Soy capaz de pasarme la tarde o la mañana de acá para allá de tienda en tienda. 

Y no soy una compradora compulsiva. 

La mayoría de las veces vuelvo a casa sin haber comprado nada.

Sin embargo conozco personas que les horroriza mi postura y solo acuden a las tiendas cuando tienen verdadera necesidad de comprar algo urgente.

Yo lo veo como un placer.

Lo que si me divierte es ver a los maridos aburridos o cuidando de los peques.

Aunque no se puede generalizar. Hay hombres a los que les gusta las compras tanto o más que a las mujeres.



Observo esa lucha cuerpo a cuerpo por encontrar la prenda largo tiempo deseada, y no puedo por menos de sonreír.

Generalmente, los stand de las grandes marcas, poco asequibles para el ciudadano medio, suelen estar vacíos dados los precios desorbitados que llevan en la etiqueta.
Hablo de Carolina Herrera para arriba...
Suele haber una dependienta guapa, amable, educada, atenta, que nada más te ve acercarte, se brinda a ayudarte a buscar lo que deseas. 
Aunque la mayoría de las veces sea solo el deseo de deleitarse mirando esas obras de arte inasequibles para tu economía. 
Un vestido de 350 euros se llevaría la mitad de mi pensión.
Ocurre que tanta atención intimida, y optas por no pararte siquiera allí donde se encuentra el oscuro secreto de deseo de cualquier fémina que le guste vestir bien.

Pero todo cambia cuando llegan las rebajas precisamente por ese caos que se forma y donde uno se escabulle sin apenas hacerse notar.
Además, con las rebajas los precios son más asequibles y uno se puede permitir un capricho.

Estas últimas semanas se podía diferenciar la clase social a la que se pertenece con tan solo mirar a cada lado de los stand.
Pero llegada esta época, es muy divertido ver a la gente mezclada por las distintas plantas con la ilusión en la mirada tratando de hacer una buena compra por poco dinero.

Aún así, la mayoría de las veces tenemos más de lo que necesitamos. Vamos acumulando cosas materiales arrastrados por esta sociedad de consumo en la estamos inmersos.

Personalmente me gusta la ropa bonita, sea de marca o no. 
Me gustan las marcas porque me ofrecen calidad. 
 Prefiero invertir precisamente en calidad y precio.
No tengo muchos caprichos ni me los puedo permitir, pero no cabe duda de que los "trapos" son uno de ellos...

Contaros, que de momento no he encontrado nada que valga la pena. 
Me traje a casa un vestido rojo ( mi color fetiche ) y lo voy a devolver. 
Una manga tiene un pequeño defecto que le quita prestancia a la prenda. Y eso que es una marca famosa.

No cabe duda de que además de gustarme ir de tiendas, me apasiona observar a la gente y con mi fantasía poder construir un relato.

Espero os haya gustado este y os doy la bienvenida después de las vacaciones navideñas en las que he hecho un parón.

P.D. Las fotografías son cogidas de la red.








21 de diciembre de 2019

¡FELIZ NAVIDAD!


Queridos lectores y amigos blogueros: Os deseo unas felices Fiestas de Navidad.



Que paséis unos días estupendos y aprovechéis para descansar.



Que bailéis y cantéis hasta el amanecer.




Mi recuerdo además de mis padres ya fallecidos y familiares y amigos, se va hasta la orilla del río Carrión lugar entrañable para mi .



Él, mejor que nadie guarda mis secretos...



También a tantos amigos y conocidos de Guardo donde está escrita una parte de mi historia.



Con mi inseparable compañera, mi cámara de fotos, seguiré rescatando la belleza de la vida por los rincones del mundo.




Y por supuesto mi cariño y mi recuerdo se va a cada uno de vosotros que me acompañáis a lo largo del año.
Que el Año Nuevo os colme de venturas y cosas maravillosas.