A Elena últimamente le duele el alma, el corazón, los "adentros"... A pesar de que, Pablo, su marido le diga una y mil veces que eso no puede ser, que es imposible. Lo lógico- dice- que te duela la cabeza, el hígado, el estómago, las piernas... ¿ Pero el alma...? Pero a ella le duele cada día más. Y mucho... Se siente cual pajarillo desvalido, vulnerable y triste, como si acabase de caer del nido. De tal manera, que ha perdido el brillo de sus ojos, la fuerza de sus vigorosas manos siempre dispuestas para el trabajo, la luz que siempre irradiaba con su presencia. Incluso parece que ha cambiado de estatura. Se la ve más pequeña y frágil, un poco encorvada sobre si misma, sin apenas atreverse a levantar la mirada. Sus pasos, antaño firmes, son vacilantes e inseguros. Pareciera que tiene temor a tropezar. Como si una fuerza imperiosa tirase de ella intentado seducirla. Esa fuerza se manifiesta desde el interior hacia fuera, con enorme violencia que solo ella es capaz de percibir. En esos instantes, una tremenda angustia le invade. La congoja parece asfixiarle, le tiembla el pulso y la voz, le abandonan las fuerzas, quisiera gritar y no puede. Las lágrimas acuden a sus ojos a borbotones, mientras sus pies se niegan a andar. Ella bien sabe que le duele el alma, por mucho que le digan que nadie la ha visto. Siempre ha tenido un alma muy grande y un corazón mucho más, de ahí que acuse su dolor de esa manera tan intensa. Pero fiel a si misma, nada más se encuentra un poquito mejor, sonríe a su marido, a sus hijos, a sus nietos... Retoma de nuevo el mando, cual capitán en ese mar de la vida, sin permitirse desertar de su responsabilidad. Elena ha llegado a esa edad en que los miedos e inseguridades asoman en el horizonte. Todo su mundo interior parece tambalearse de repente. Como si sintiera la necesidad de hacer balance de todo lo vivido. Parece estar pasando una nueva adolescencia donde afianzar la propia personalidad de nuevo. Un terremoto interior se adueña de su vida anclada en la seguridad desde hace décadas. Aunque tarde, los que la rodean se percatan de que algo no va bien. Está irritable, no se concentra en las cosas, apenas tiene expresión en su rostro. Se encienden las alarmas y por fin la prestan atención. Temerosos unos y otros, piensan que puede ser un principio de esa maldita enfermedad que no se atreven ni a nombrar. O quizá su estado se deba a un pequeño cansancio, o algo más serio como una depresión. Ella, cual pajarillo herido se deja querer. Hace mucho tiempo quizá, que se han dado por supuestas las caricias y los besos, por eso su ausencia, ha hecho que su alma, esa que nadie ve, se rebele y salte por los aíres. Damos por hecho a veces que aquellos a los que amamos lo saben y con eso basta. Pero no es verdad. Quizá, Elena simplemente necesite que los demás sepan que le duele el alma y pongan remedio para aliviarla.
Hoy os quiero presentar a Radio Guardo la Radio de la Montaña.
Veinte años después del cierre de la antigua emisora local, la Agrupación Musical de Guardo (AMGu) ha vuelto a dar vida en las ondas a los pueblos de la Montaña Palentina. Vida y voz, pues las zonas rurales son las grandes olvidadas. Nace con vocación de servicio público, comprometida con aquellos colectivos y vecinos de la zona. Se puede acceder a los contenidos de la emisora a través de la web www.radioguardo.org y en la app Radio Guardo para teléfonos Andoid donde también se podrán descargar los podcast y en la FM en el 107.2. Oscar Laso como locutor, y Manolo Dos Santos, en la gestión se coordinarán para hacer llegar a los radioyentes el magacín y el noticiario semanal así como las actividades de la zona norte y sus pueblos. La mayoría de los espacios serán liderados por los vecinos y las distintas asociaciones y identidades entre las que figuran Adecas- Fundación Personas, AFA- Guardo o el CEAS. https://www.facebook.com/RadioGuardo/?ref=br_rs
También se les puede seguir por las distintas redes sociales. Facebook, ahí os dejo un enlace, Twitter, Instagram. Desde que comenzó a emitir no he dejado de escuchar cada uno de sus programas. No en vano es una manera de mantenerme en contacto con mi Guardo del alma y sus gentes. No me pierdo "Cuentos a la sombra de un roble"dirigido por Juan Carlos de la Fuente donde la literatura se hace vida a través de su voz. Me cautivan los "Oteruelos Reporteros" los alumnos del Colegio el Otero con su programa de temas variados y sus voces infantiles que llenan las ondas de magia. No me pierdo "Amapolas 2.0. Mónica y Sandra de Vida Propia, con un programa original y creativo. Por supuesto nunca dejo de escuchar al Burlesco Malandrín con su programa"Mis Delirios" . Divertido, libre, atrevido y capaz de trasladarte a su mundo diferente a través de sus locuras. Como amante del Séptimo Arte, "Guardo es de Cine" con Jesús Ángel Rodriguez y sus colaboradores, Pablo Vega y Samuel Gutierrez , es otro de mis programas favoritos. Vicky y su programa "Más que Montañas" me atrapa cada miércoles y jueves. Y así uno a uno os podía ir contando de cada uno de los programas y sus colaboradores. "Hablemos de comida" "Salud y Bienestar" "Momentos Musicales" "Sección de Balonmano" "AFA Guardo" "Pierre May" "Top 40" "La Gramola" "El Rincón del Artista" "Cuarto y Mitad"...
Pero de manera muy especial afino mi oído y pongo atención cuando llega "La Coctelera" De la mano de Oscar Laso y Manolo Dos Santos, voy recorriendo esos lugares amados y voy poniendo cara a cada una de las personas que intervienen y me van contando todo cuanto acontece en ese querido pueblo. Como colofón, os dejo este vídeo donde comentan un audio que les envié para felicitarles por su trabajo. Manolo que me conoce bien y me aprecia enormemente, me dedica unas emotivas palabras, y junto a Oscar me invitan a pasar por la emisora cuando vaya a Guardo. También os dejo un vídeo donde se puede ver la Escuela de Música por dentro. ¡Gracias, chicos!
Suena el despertador. Son las seis de la mañana. Tengo cita con el médico y para ello tengo que bajar a Palencia. Leticia, que dormita a mis pies, abre un ojo con cara de sentirse incomoda, y le vuelve a cerrar como preguntándome: ¿Donde vas a estas horas? No solemos madrugar ni ella ni yo. Ejercemos de jubiladas que para eso tenemos ya una edad... Somos noctámbulas y nos gusta la noche y sus misterios. Nos acostamos tarde, muy tarde... Por lo tanto, si un día tenemos que levantarnos antes de la hora pactada el organismo se rebela y protesta.
En la calle hace frío y llovizna. De camino a la estación apenas me encuentro con nadie. Quizá se deba a que la mayoría de los habitantes de este pueblo son jubilados como Leticia y yo, y no tengan que madrugar tampoco. Hay ambiente en el bar de la estación. Unos hombres en la barra toman su primer café. Hablan a voces. Mientras, van llegando más pasajeros. Nos conocemos todos y no faltan los saludos. Para hacer más liviana la espera, hablamos del reciente desfile de Carnaval. El autobús se pone en marcha y me quedo absorta mirando por la ventanilla. Todavía es casi noche cerrada, pero en apenas unos minutos se abre paso el nuevo día y aparece el sol en el horizonte infinito de los campos de la vieja tierra parda castellana. Llego al hospital y pregunto en recepción hacía donde me tengo que dirigir. Una amplia sala de espera al fondo, repleta de gente, será por unas horas mi lugar de reposo. Y nunca mejor dicho lo de reposo. Anoche apenas dormí un par de horas y mi maltrecho cuerpo se resiente. Me pasan a una sala para hacerme una prueba. Se trata de apoyar la barbilla en una máquina, mirando por un agujero sin pestañear. Misión imposible. Mis ojos somnolientos se ponen a pestañear insistentemente con el consiguiente enfado de la enfermera. Esta prueba es una de las que me tienen que realizar antes de mi operación de cataratas. Se hace con la intención de medir la tensión intraocular durante la primera consulta preoperatoria con el llamado tonómetro de aire que emite un soplido sobre la cornea y da el valor de la presión. Un celador nos sube en el ascensor a la planta de arriba. Allí esperan varias personas de Guardo a las que conozco. Saludos y preguntas del por qué están allí. Viene bien mostrar atención unos por otros. Quizá estemos pasando por un mal momento y nos pueda aliviar. Allí veo a la hija de una amiga mía que la acaba de hacer abuela y a la que saludo de manera especial. Observo detenidamente a la gente de la sala. Hay muchos ancianos acompañados de familiares. Con paso casino, como si ya no pudieran con la vida, se apoyan en esos brazos protectores. Les veo perderse por el pasillo cuando son requeridos por la enfermera. Una señora de mi edad comienza a hablar conmigo. Tiene una mirada serena, profunda...como si quisiera darte con ella lo mejor de si misma. Siempre me conmueven esa miradas anónimas de las gentes con las que me cruzo al azar. Ella entra antes que yo a la consulta acompañada de su marido. Cuando sale, se despide de mis familiares y de mi con enorme afecto y con esa luz en su mirada que me ha cautivado. Aquello está abarrotado de gente y la cita se alarga mucho. Si lo siento es porque quiero darme una vuelta por la Calle Mayor.
Al final lo consigo, y además como todavía estamos en rebajas adquiero dos prendas a bajo coste. Antes me he pasado por la óptica. Necesito unas gafas de calidad para el sol. Después de mi operación, mis ojos son muy sensibles a la luz y necesito protección. La emblemática Calle Mayor tiene la prestancia de las plazas de los pueblos con sus soportales y todo. Pasear por ella es para mi un placer. Pero es la una, y quiero regresar a casa en el autobús de la una treinta. Comienza a llover y saco del bolso un pequeño paraguas. Hace un viento huracanado y me lo vuelve del revés. Incluso tengo que sujetar mi sombrero para que no salga volando por los aires.
Ya dentro del autobús, se pone a mi lado un señor más o menos de mi edad. Tiene sobrepeso y apenas cabe en el asiento. Me gusta en los viajes conocer nuevas gentes, por eso si comienzan una conversación conmigo, suelo entrar de lleno sin hacerme la dormida...jejeje. Al cabo de un rato comenzamos a charlar sobre la vida y sus circunstancias. Y como no...de política y los políticos... Tema de moda. Les ponemos a caldo... Después, nuestra conversación se vuelve más confidencial. Me cuenta que es soltero. Lo quiso así porque tenía una relación muy particular con sus padres y prefirió dedicarse a ellos. Con su muerte y sin hermanos, se siente solo. Le comento que yo también soy soltera. Me mira por el rabillo del ojo y se le ilumina la cara. Él, se queja de su soledad. Yo, la busco. Si...tienes amigos, familiares, conocidos...pero al final estás solo- me dice angustiado. Le comento, que vivir en soledad es una opción que se elige con todas sus consecuencias. Yo lo tengo muy claro. No cambio mi independencia por nada. Necesito tener mi espacio, mi tiempo, mi silencio...para leer, para escribir, para salir y entrar... Y no soy una mujer rara ni solitaria. Me vuelve a mirar desconcertado, mientras insiste que la soledad es muy mala. Le gustaría encontrar una mujer que se la hiciera más llevadera. Le animo a buscarla. Es un hombre triste. Lleva consigo una mochila de soledades que va desgranado con quien quiera escucharle. En la vida se apuesta por una cosa u otra. Lo difícil es acertar. Él parece que no ha acertado. ¿Y quien es el que acierta al cien por cien? Unas veces se gana y otras se pierde... Me habla bajito, despacio, muy cercano. Ojú, casi tengo el corazón en un puño. Llega el final del viaje y se despide de mi con adiós lleno de melancolía.
Y vuelvo a mi soledad. A la buscada y querida. En el fondo, cada uno está solo consigo mismo, por muy acompañado que esté. Por eso a mi me gusta mucho hablar con la gente, porque me enriquece siempre. Acercarse al alma humana es descubrir algo tuyo en el otro. Y contrastar una vez más que somos muy parecidos y vagamos por este valle de lágrimas pisando la misma senda. Después, vuelvo a mi mundo. A la vida que he elegido vivir.
Por cierto, después de haber dormido apenas unas pocas horas, una vez en la tranquilidad de mi casa, lo normal es que me hubiera echado una buena siesta. Buff...no me gusta nada dormir. Ya tendré tiempo en la vida eterna... Prefiero contar lo que veo y vivo. P.D. Con esto del confinamiento, las musas se han ido volando. He optado por compartir un relato que Facebook me ha recordado y que escribí hace cuatro años.
Nos han robado la Primavera, el mes de Abril, los besos, los abrazos, el aíre, el sol, la vida...
Los caminos están vacíos de sueños.
Nos ahoga la pena de tantos de los nuestros que se han marchado en desamparo. Sin un mimo, sin un beso, sin poder acariciar la mano amada. Padres, abuelos, madres, amigos, vecinos... Apenas nos quedan lágrimas para tanto dolor.
Ni fuerzas para aplaudir a la ocho de cada tarde a tantos héroes anónimos.
Las calles están vacías, silenciosas, doloridas... No se escuchan los pasos en el silencio de la noche, ni la algarabía de los días de fiesta, ni los saludos, ni las risas...
Pero la Primavera se asoma pletórica de belleza por los caminos como símbolo de esperanza.
Desde mi ventana observo a los gorriones de acá para allá... Surcan el cielo una y mil veces, mientras yo ansío volver a volar en libertad.
Añoro esos gatos callejeros que subían a mi ventana buscando comida en invierno, cuando la blanca nieve cubría el jardín. ¡Libres! Por aquí apenas se ven gatos callejeros.
Y me llega, como en un susurro, el murmullo de las frías agua del Carrión. Quizá este verano no pueda acudir a mi cita con él.
Amigos muy queridos de la blogosfera, os envío todos los besos que me gustaría daros. Espero que vosotros y vuestras familias os encontréis bien. P.D. Un par de fotos son prestadas de la red.
Como el confinamiento se alarga, y las musas me han abandonado, voy a publicar fotos donde la gente sonría para poner una nota de esperanza.
De alguna manera, la sonrisa, es la esperanza reflejada en una mirada y unos labios. Un gesto que aquieta, que calma, que cicatriza...
Un día sin sonreír es un día perdido. (Charlie Chaplin)
La sonrisa es una curva que endereza todo. ( Phyllis Diler)
El mundo siempre parece ser más luminoso tras una sonrisa. La de mi amigo, Toño ilumina el mundo.
La sonrisa es el bálsamo que cura heridas.
Hay sonrisas que tramiten bondad y sabiduría.
Las sonrisas de los amigos que se fueron se llevan en el corazón.
Las jóvenes sonrisas llenan el mundo de ilusión. Mientras dure el "encierro"me he propuesto llenar la red de sonrisas, en mi Facebook, Twitter, Instagram y mi blog..
La sonrisa como un canto a la vida después del duelo por la muerte. P.D. Queridos lectores, mi deseo es que os encontréis todos bien, junto a vuestras familias. Os envío muchos besos y todo mi cariño.
Érase una vieja maleta que atesoraba todos los sueños cumplidos y por cumplir. Dentro de ella se encerraban las aspiraciones más bellas y los desencantos más tristes. En su ir y venir por las estaciones de trenes, los aeropuertos, los apeaderos...muchas manos se habían aferrado a ella con todas sus fuerzas. Quizá con la esperanza a flor de piel y como meta de viaje. Y es que solo la esperanza es capaz de convertir nuestros anhelos en vida. Muchas personas la habían abierto como quien abre un tesoro porque estaban dentro sus pertenencias. Significaba de alguna manera el propio interior de su dueño, aquello íntimo que nadie conoce. Porque las maletas, son un poco como el alma... Caminamos a veces con maletas muy pesadas, y nos falta la valentía de abrirlas y tirar lo que sobra, lo que nos impide caminar ligeros. Otras veces podemos perderlas en nuestro ir y venir como se pierden los sueños y las ilusiones del corazón. Pero también en las maletas se esconden regalos y tesoros. Incluso besos.
Me gusta decir que la vida está en la calle, o lo que es lo mismo, que las calles están llenas de vida.
En el autobús veo a ciudadanos de Lituania, China, Marruecos, India, Mali, Navarra y León. Todo eso a simple vista sin indagar más. Les escucho hablar en su propio idioma, mientras observo su peculiares características. No cabe duda de que Pamplona se ha convertido en una ciudad cosmopolita desde hace años.
Cuando la Villavesa- así llaman aquí los autobuses- hace su segunda parada, a través de la ventanilla observo jugar con su papá a una niña muy pequeña con rasgos de un país lejano. Tiene una carita preciosa y sonríe sin parar. El juego consiste, en que el padre mueve las manos y trata de atrapar las suyas con un ritmo acompasado. Ella va escondiendo sus manitas, mientras intenta retener entre las suyas las de su papá declarándose victoriosa. El último rayo del sol ilumina la tarde, mientras contemplo extasiada la escena. El autobús se aleja y ella me sonríe al percatarse también de mi sonrisa. En un banco de la avenida veo a una mujer joven hablando por teléfono. Más bien, grita. Tiene lágrimas en los ojos. Se le ha corrido el rimel y una sombra negra me impide ver de color son. El pelo alborotado le cae por la cara que muestra un rictus de dolor. Su voz es un lamento, una queja que se lleva el viento al pasar. Apenas ha sido un instante, pero suficiente para ser capaz de percibir su estado interior. Habla con un hombre. Le lanza una serie de preguntas en plan de reproche. Estoy a punto de preguntar que le ocurre. Pero no cesa de hablar por teléfono. Me hubiera gustado aliviar su dolor de alguna manera. Unos adolescentes se hacen selfies delante de una tienda de ropa. Alegres, desenfadados, burlones, divertidos... Comienzan a vivir su propia viva pletórica de belleza por explorar. Un cuidador lleva a un anciano en una silla de ruedas. El anciano lleva la mirada perdida. Parece estar en su mundo que no es el nuestro. Ambos se compenetran también en su mundo de necesidades. Señoras ricachonas con ropa de marca y caros perfumes, pasan a mi lado. Ostentosas ellas, van hablando de lo mal que está la vida, que no hay moral, que la gente joven está muy perdida... Un hombre toca la guitarra en una calle cercana. Su mirara triste se asemeja a las notas melancólicas de su instrumento. A su lado unas tristes monedas reposan al caer la tarde. Tan tristes como su guitarra y él mismo.
En un supermercado, una mujer de edad avanzada, me pregunta si no hay guantes para pesar la fruta. Le comento que no, pues también había pensado yo lo mismo hacía unos minutos. Ya...es con el coronavirus hay que tener cuidado. ¿Ha llegado ya a Pamplona, sabes?... ¡No me diga, señora! Se aleja en busca del encargado de reponer del super.
Los pobres y miserables de este mundo, esperan a última hora para comprar a mitad de precio las bandejas de pescado del día. Con su dignidad al hombro, quizá ahorren algún euro que les ayude a llegar a fin de mes. A la salida noto un ligero lagrimeo en los ojos y me pica la garganta. ¿Será que estoy inoculando el virus? Un pequeño perro espera paciente a la puerta del super. Se le ve temeroso ante las risas y gritos de unos chiquillos. Como sufro al ver su vulnerabilidad... ¡Que manía con dejarles a meced de algún malvado ladrón!
La belleza de las calles del casco antiguo me subyugan en la noche. Las gentes vienen y van sin prisa alguna. Se asoma la luna por entre los tejados curiosona y atrevida. Las notas de una tarantela salen de una pizzería cercana. Hay algo mágico en mi andar peregrino de esta noche. Llega el autobús. Un par de enamorados se besa al despedirse. El autobús se lleva sus sueños y la ilusión de volver a besarse mañana de nuevo. En un asiento cercano al mío, una jovenzuela lleva el pelo de dos colores. Moreno y rubio. Mitad y mitad. Con dos coquitos en lo alto. Rubio uno y moreno otro. Miradas curiosas e incluso burlonas se posan en ella. Le importa un pimiento el sentido de la estética donde todo tiene que ser según lo establecido. Es más, se atreve a desafiarlo. Me producen enorme ternura y me encanta la gente joven sin prejuicios que se atreve a ser ella misma. Me gusta explorar su rico mundo escondido entre su aspecto nada convencional. Prácticamente toda la gente del autobús está mirando el móvil. Jóvenes y menos jóvenes. Menuda poder de seducción que tiene esa infernal maquinita... Me niego a ser su esclava y le dejo dentro del bolso. Parece que ya no fuera posible estar a solas con nuestros propios pensamientos. Unos chiquillos juegan en el barrio. Unas vecinas amantes de los gatos callejeros han bajado a darles de cenar. Me uno al grupo. Y es que yo siempre llevo pienso en el bolso y se lo dejo en el rincón donde se reúnen a comer. En Canal Sur, mi amigo, Toi va a cantar y no quiero perdérmelo. Leticia me recibe impaciente. Le paso la mano por el lomo, mientras le hago un mimo. Paseos por la ciudad, donde las calles están llenas de vida.
Una semana antes de los Carnavales, por Pamplona desfilan los caldereros. La tradición se basa en aquellos oficios artesanos que fabricaban calderos y otros cacharros de metal y los distribuían por medio de la venta ambulante.
Eran los también llamados hojalateros que arreglaban los cacharros por los pueblos.
El Día de los Caldereros nació hace poco más de un siglo. Pretendía emular a a las tribus gitanas que durante el siglo XIX y seguramente el anterior, todos los años venían a vender sus productos por el Carnaval.
Zíngaros y Caldereros recorren las calles del casco viejo de Pamplona.
Su modo de subsistencia era la reparación y venta de cacerolas y otros utensilios de metal, por lo que se les conocía con el nombre de "caldereros",de ahí el nombre de la calle Calderería, ya que se ponían a lo largo de ambas calles( Calderería y San Agustín) llegando a ocupar también las calles de alrededor.
Con una blusa de colores vistosos y un pañuelo a la cabeza con monedas colgando, y una cuchara de palo en la mano se les veía en otras épocas por las calles.
Emulando a esos personajes, mucha gente ataviada de esa peculiar manera, recorre las calles de la ciudad al son de la música.
La alegría inunda las calles a lo largo del día. Yo solo acudí por la tarde, pero por la mañana la comitiva acude al mercado de Santo Domingo procedente de la iglesia de San Lorenzo para realizar su tradicional visita junto a los gaiteros y la Cofradía de Danzantes de San Lorenzo donde interpretan varios bailes con timbales y fanfarres.
El oso Margarito hace las delicias de grandes y pequeños cuando encadenado intenta escapar.
Cuando me vio grabando vino hacía mi con intención de devorarme. En este vídeo se pueden escuchar mis gritos. La pena que no me dio tiempo de volver la cámara para que pudierais haber contemplado la escena. Al principio le confundí con un lobo.
Después, en un pequeño descanso intenté hacerme amiga de él y nos hicimos un selfie.
Como colofón os dejo unos vídeos no muy bien grabados por la luz y el jaleo que había en la calle.
Este vídeo de la televisión navarra lo explica muy bien .