28 de septiembre de 2021

OTOÑO

 


Ha llegado el Otoño.

Una alfombra de hojas se asoma por los caminos.

Aún puedo sentir el cálido sol de los últimos días del verano.

No se oyen las risas de los niños ni los trinos de los pájaros en el parque.


Están frescas las huellas de los veraneantes en la plaza.

Puedo escuchar el sonido de un violín, o la voz de una joven soprano que me acaricia el alma.

Las musas acuden a mi presurosas, insinuantes, atrevidas...

Es la hora de dejarme llevar por ellas.

Sin las musas, me ocurre como a esas viejas casas deshabitadas, que están huérfanas de amores.

Mis pasos bailan al compas de la tarde. 




 Mi corazón sueña y ama, intentando atrapar la luna como los locos y los niños.

Llevo enlazados en mis dedos, tantos deseos como soy capaz de acariciar mientras camino.

Me abro paso como mejor puedo, salvando obstáculos.



He perdido la cordura por algún rincón, al igual que un día perdí mi cinturita.

Cada día estoy más convencida de que la vida es hermosa, y merece la pena embarcarse en la aventura de vivir el día a día.

Bien es verdad, que no todo es bello y bueno.

¿Quién no se ha encontrado perdido, o desamparado alguna vez?

Podemos sentir el peso del viaje, el polvo de los sinsabores que nos acechan por las esquinas. El mal en toda su crudeza, y tanto desatino que nos lleva a querer claudicar y tirar la toalla.

Aún así, la vida es hermosa y a ella me aferro.

Cada amanecer, renazco un poco.

Me atrevo a llevar en mi alforja, la ilusión como bandera, la curiosidad a flor de piel, el amor como insignia de mi escudo.

En fin...que soy una guerrera a pie de calle, pisando el asfalto en mi quehacer cotidiano.

Si alguien se quiere apuntar conmigo, será bienvenido.

19 de septiembre de 2021

LAS MIRADAS

 


De repente, les vi pasar delante de mi.

Un hombre rudo increpaba de malas maneras a su mujer .

Ella, intentaba hacerle entrar en un bar cercano, donde estaba alguien conocido, pues parecía querer decirle algo.

Imposible que el hombre cediera a a su amable requerimiento.

Tan solo recibió de nuevo un exabrupto como respuesta.

Con la cara descompuesta de rabia, volvió sobre sus pasos, y le faltó poco para empujarla.

Los ojos de aquella sumisa mujer, se posaron en los míos por un instante.

Después, bajó la mirada avergonzada y siguió su camino.

Se me encogió el corazón y estuve al borde de las lágrimas.

Su mirada penetró en mi alma, causándome una herida interior.

Por un momento, pude imaginar su calvario y me llené de tristeza.

Era una mañana soleada, y me encontraba saludando a unas amigas. Nos habíamos reunido allí saboreando la belleza del encuentro, cuando fui testigo de tamaña injusticia.

Tuve la tentación de coger de la mano a la mujer y salvarla de aquel energúmeno. Invitarla con nosotras, y que sonriera, dando un salto a la libertad. 

Pero se perdió a lo lejos con su amargura, sin darme tiempo de rescatarla.

Cerca, en unos matorrales, vi una mariposa libando el néctar de unas flores que acababan de nacer. Volaba libre, sin ataduras, mientras yo la observaba extasiada.

Y volví a recordar a a aquella mujer de mirada triste que soportaba el peso de su prisión.

¡Como me hubiera gustado hablar con ella!

Aliviar su pena, intentar cambiar su situación.

Pero tan solo fue un instante en el que nuestras miradas se cruzaron.

2 de septiembre de 2021

LA MIRADA


Bienvenido Septiembre.

 Aprovecho los últimos días del verano para saborear la vida a orillas del Carrión, donde unos ojos misteriosos me observan.

Su mirada estática me acecha cada atardecer. Por mucho que intento pasar de largo sin ser vista, ella me escudriña las entretelas del alma.

Es el único retazo de arte que queda en aquel paredón desde que un viento huracanado lo tirase al suelo un día de Otoño gris.

Todas las demás figuras y paisajes que allí habitaban  desaparecieron bajo los escombros, llevándose el corazón del artista que les dio vida.


Pero ella, con sus enigmáticos ojos, observa la vida y a las gentes del lugar, por si alguien le devuelve la mirada y quizá esboce una sonrisa comprensiva tratando de aliviar su soledad.

Se quedó rumiando sola los días pasados en buena compañía. 

Su mirada se torna triste y melancólica, cuando el agua del río cercano le canta una canción de amor al pasar. Y en las noches de luna llena, cuentan que se les ha oído reír a los dos  compartiendo confidencias mientras los humanos duermen y la paz inunda aquel rincón.

Un viejo poste le sirve de refugio cuando la lluvia azota la pared hiriendo su cara sin piedad.

Entre los dos hay un pacto de amistad que el paso del tiempo ha hecho firme y seguro.

Las gentes con la llegada de la Primavera y el verano, van y vienen por el camino charlando de sus cosas, disfrutando del buen tiempo, mientras unos ojos oscuros les contemplan en silencio.

Cuando descubrí esa mirada, desde el primer instante me fascinó, y hubo una complicidad enorme con esos ojos.

Quizá se deba a mi imaginación calenturienta y mi curiosidad innata por dar vida a los objetos que me rodean.

Cada verano cuando regreso a Guardo, en mis paseos solitarios a orilla del Carrión, la busco, por si aún vive.

Y si, ahí esta con su misteriosa mirada y sus recónditos secretos.

P.D. Queridos amigos regreso a la blogosfera de nuevo después de un intenso verano. Aunque todavía permanezco de momento en Guardo, en unas semanas volveré a Navarra de nuevo. Os iré visitando poco a poco. 

30 de junio de 2021

¡FELICES VACACIONES!

 


Con la llegada del verano, me dispongo a tomarme unas vacaciones cerrando el blog hasta Septiembre.

Las musas me han abandonado y apenas estoy inspirada para escribir algo.

En breve, me iré a Guardo, mi pueblito muy querido en la preciosa Montaña Palentina.

Allí pasaré estos meses, al arrullo de las montañas y mi rio Carrión.

Y de mis amigos, vecinos y conocidos.

Volveré a recorrer las calles y plazas que guardan retazos de mi historia entonando una canción.

Como dice Mercedes Sosa: "Uno vuelve siempre, a los viejos sitios donde amó la vida, y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas"

La ausencia de las personas queridas, se percibe en las paredes de mi vieja casa, pero su esencia sigue agazapada allí. Puedo sentir los besos y caricias de mis padres, como legado de amor incondicional, bello y bueno.

Os deseo a cada uno unas felices vacaciones.

Cuidaros mucho. 

Todavía tenemos que tener mucho cuidado.

Nos volvemos a comunicar por aquí en Septiembre.

Besos para cada uno de los que habéis formado parte de mi vida a través del Baúl de Laika.

Os agradezco vuestra maravillosa compañía, la calidez de vuestros comentarios, la grandeza de lo que me habéis enseñado cada uno de vosotros.

Os voy a extrañar.



16 de junio de 2021

EL BILLETERO

 


Últimamente me obsesiono con la pérdida del billetero.

Cuando voy al centro, me ocurre con frecuencia, que a veces lo busco y no lo encuentro dentro del bolso.

Bien es verdad, que procuro ponerlo siempre en el mismo lugar para que sea más fácil dar con él cuando lo necesito.

Pero a veces, aún así, es difícil localizarlo a la primera con el consiguiente sobresalto.

El otro día, me ocurrió, al ir a coger el bonobús para regresar a casa después de una tarde de tiendas, empecé a rebuscar en el bolsillo donde lo suelo poner y no aparecía. 

Comencé entonces a revolver una y otra vez cada uno de los recovecos del bolso para dar con él, pero imposible. No aparecía por ningún rincón.

Alterada, nerviosa, con el alma en vilo, intenté pensar donde lo había perdido. 

¿Me lo habría robado aquel chico joven que se acercó a mi pidiendo una ayuda?

No quería pensar mal. Me estaba dejando llevar del ambiente de desconfianza que anida en la calle.

¿Lo habría caído al pagar una camiseta en el Corte Inglés?

Un montón de preguntas como estas me iba haciendo, mientras pensaba como iba a regresar a casa.

De nuevo intenté localizarle hurgando con mi mano una vez más, y al fin apareció en el fondo del bolso.

¡Menos mal!

Respiré aliviada mientras cruzaba el semáforo cercano.

Esto me ha ocurrido un par de veces más.

Pero a los pocos días, volví al centro de nuevo. Como el verano se está haciendo notar ya, y el bolso de invierno era enorme y me daba calor, opté por sacar uno más ligero.

Hice el cambio lo mejor que pude, intentando no olvidarme de nada.

A la vuelta, colgué el bolso detrás de la puerta de mi habitación.

Al día siguiente, a la hora de salir a la calle, volví por inercia a coger el bolso de invierno. Cual es mi sorpresa, que no encuentro las llaves de casa.

¡Uff...ni el billetero!

Busco precipitadamente en otro bolso de verano parecido al que había llevado la tarde anterior, y nada de nada...

Densos calores me invadieron por dentro, mientras mis manos temblorosas y agitadas volcaban todo lo que había en el interior de cada bolso intentando recuperar lo perdido.

¿Pero, como había entrado en casa si me faltaba la llave?

Profundo misterio.

¿Y la tarjera?

Tendría que llamar al banco inmediatamente para anularla.

¿Y el carnet de identidad? 

Tendría que acudir a la policía y contar que lo había perdido.

Menuda rollo, ahora que tengo pensado pasar el verano en Guardo, no tener carnet.

¿Y la llave de casa? 

Bueno, tenía una copia en el cajón.

Menos mal que tenía el móvil.

Mi angustia se iba haciendo mayor cada vez, sin saber que hacer.

De repente, entré en mi habitación tratando de buscar en algún otro bolso, y al cerrar la puerta, allí estaba un bolso muy parecido al que creía haber utilizado.

¡Madre mía que alegría!

La llaves, la tarjeta, el carnet... todo estaba intacto.

¡Qué mal rato!

Poco a poco me fui serenando y tomando aire de nuevo.

Por unos minutos me sentí morir y me faltaba el aliento.

Y es que tengo una colección de bolsos muy parecidos.

Aún me faltan de traer de Guardo cuatro o cinco de variados colores de verano.

Creo que comienzo a perder fuelle...jejeje.

Y es que los años no pasan en balde.

 


30 de mayo de 2021

EL MUCHACHO FORMAL

 


Tenía fama de ser un chico formal. 

Era alto, bien parecido, de maneras educadas, elegante porte y buena figura.

Tenía una sonrisa burlona y atractiva. Dentadura perfecta, labios gruesos y bien dibujados.

Un mechón de pelo rebelde se asomaba a su frente con enorme descaro y jugaba con taparle los ojos.

Unas manos bien cuidadas y finas, daban fe de su procedencia. Uno podía imaginarse que era de "casa bien" como se suele decir, pues no parecía que hubiera trabajado en oficios de poca monta.

Vestía con enorme pulcritud. Ropa de calidad, moderna, un poco atrevida para la época.

Era el alma de las reuniones familiares por su simpatía.

Siempre dispuesto a hacer un favor, sin esperar beneficio alguno.

Alegre, dicharachero, con un puntito de bonhomía de la que todos se beneficiaban.

Las madres de familiares y amigos, le confiaban a sus hijas cuando se iban de fiesta.

Se les podía ver por el Barrio Santa Cruz en grupo, o la calle Sierpes.

Él se hacía cargo de que las chicas pudieran volver a casa sanas y salvas.

Desde muy joven se diferenciaba de los muchachos de su edad por su sentido de la responsabilidad.

Era maduro, serio, comprometido.

Lo que nadie percibía al tratarle, era su inseguridad.

Una inseguridad casi enfermiza que él trataba de ocultar.

Siempre se había exigido a si mismo demasiado, de ahí que se reprochara el no estar a la altura infinidad de veces.

Pero no podía evitar ser más condescendiente con su manera de actuar.

No era que buscase la perfección personal como meta. 

Era simplemente, que la vida le había obsequiado con aquel carácter imposible de controlar.

Y muchas veces deseó ser como los otros. 

No ser tan disciplinado, moderado, comprometido, tenaz, amable, franco...

Pero al instante, volvía a estar seguro de la obligación de ser él mismo y mantener su reputación.

"Genio y figura, hasta la sepultura" reza un viejo refrán.

Tan solo una vez se atrevió a ir más allá.

Fue en un viaje de fin de curso a Italia. 

Habían pasado la mañana visitando los Museos Capitolinos y su colección de retratos de filósofos y emperadores romanos, la estatua ecuestre de Marco Aurelio, y la Luperca o Loba Capitolina, y salieron enardecidos.

Por la tarde, después de comer, pasearon por la Plaza Navona y Villa Borghese, para terminar en el Freni e Frizioni en el Trastevere.

Allí, al calor de la magia de las calles romanas, se dejó llevar.

Bebió, hasta perder un poco la cordura.

Solo un poco.

Lo suficiente, para atreverse a confesarle su amor a una prima suya de la que hacía tiempo se había enamorado.

Nada volvió a ser lo mismo desde entonces.

Una vez que se atrevió a cruzar el parapeto de sus miedos, no tenía que seguir ocultando su inseguridad.

Ya la vida misma se encargaría de ir llevándoles de la mano.

No importaba ser un poco imprudente, o inconsciente, si con ello lograba liberarse de lo que todos esperaban de él.

Roma, había sido su salvación.

A veces es bueno tomar distancia.

Y en Roma vive, junto con su prima.



19 de mayo de 2021

DESEANDO VOLVER


 

Estoy deseando volver a Guardo.

Los que me seguís hace tiempo, conocéis de sobra que es un pueblo de la Montaña Palentina, del que os he hablado largamente.

El año pasado con todo este lio de la pandemia, no me atreví a ir, pero el verano se me hizo eterno.

La fotografía que os muestro en este collage, las hice una noche que quise robar alguna instantánea al azar. Como todo el mundo me conoce, y saben de mi afición, sonríen a la cámara. Claro, que yo sé muy bien a quien le hago las fotos...jejeje.


En Guardo soy muy feliz.  Aprovecho cuando voy para asistir a los eventos que suele haber, y acudo a las fiestas y tradiciones de los pueblos cercanos.

En esta fotografía os muestro el Pendón de Guardo. 


Lo que si añoro mucho es la nieve.
Esta foto está tomada en Primavera, cuando los árboles se visten de flores. De vez en cuando aparece la nieve y la belleza es espectacular.

Por esta zona también nieva, pero en los pueblos de montaña, y muchas veces no tengo a nadie que me lleve en coche para poder disfrutarla. Desde que vivo en Navarra, he podido ver la nieve todos los años, aunque haya sido en poca cantidad.


Cada mañana suelo tomar un mosto y un picho de tortilla y leer la prensa, en el Bar Montañés, con la Fuente de los Cuatro Caños como testigo.

Como es un lugar que está a la vista de todos, no me falta compañía de amigos y conocidos.
Es un ritual veraniego.


Y siempre me espera el Rio Carrión. 
Entre él y yo, existe una conexión especial, una amistad muy particular, un idilio de amor...
Me conecta a mis raíces, sabe mis secretos.
Me queda la esperanza de que este verano podré volver a ese viejo sitio donde amé la vida, como dice Violeta Parra.

11 de mayo de 2021

Entrevista


El año pasado se puso en contacto conmigo mi amigo Alfonso Saborido para comentarme que estaba interesado en hacerme una entrevista para la radio.

No soy muy amiga de las entrevistas, pero por un amigo se hace lo que haga falta.

Al ser la primera por este medio, me ha faltado la experiencia de contestar ordenadamente a las preguntas. Soy bastante atolondrada e impulsiva. Pero me veo reflejada a mi misma.

Él, hace un programa en la Radio Comunitaria de Jerez y los sábados tiene un apartado dedicado a hacer entrevistas.

Conocí a Alfonso por la Red, cuando comencé mi andadura en el mundo de la blogosfera.

Desde siempre, mi curiosidad y mi afán de aprender, me ha llevado a explorar mundos nuevos que me aporten algo positivo.

Así he podido tratar a Alfonso en la distancia y ha nacido una bonita amistad.

Desconocía el mundo de las nuevas tecnologías y creía que había llegado ya tarde.

Pero aún así, me atreví, y comencé a moverme en este mundo virtual dando mis primeros pasos, inseguros al principio.

 Con el paso del tiempo fui adquiriendo experiencia y me atreví a compartir mis escritos en un blog. 

Soy autodidacta. 

Bien es verdad, que he tenido la ayuda de familiares, amigos y conocidos en momentos puntuales. Entre ellos, a Alfonso.

También a Carlos.

Desde siempre me ha gustado comunicar lo que mis ojos ven. 

Incluso, hacía de cualquier objeto, un micrófono improvisado. Un vaso, el palo de la escoba, el enchufe de la aspiradora...

Pronto, al descubrir este mundo de internet, que me llevaba a otros lugares, vi la ocasión de hacer realidad mi sueño de convertirme en reportera aunque fuera de mentirijillas.

Y comencé a contar lo que hacíamos en el pueblo donde vivía.

Me lo tomaba con tanta pasión como si fuera una periodista de verdad. No faltaba a ningún evento: fiestas, tradiciones, actividades lúdicas...

Allí estaba yo con mi cámara, corriendo de acá para allá, intentado captar la mejor instantánea, procurando molestar lo menos posible.

Incluso he llegado a trabajar codo con codo con los profesionales de verdad cuando la lucha minera. 

Aprendí, que no puedes entorpecer el trabajo del otro, pero tienes que conseguir ser mejor que él.

Más adelante quise rescatar vidas anónimas de las gentes del lugar, e hice una sección que la titulé: "Personaje del mes".

Con ella quería dar voz a aquellas personas del pueblo que a lo largo de los años habían dejado una huella perenne con el ejemplo de su vida sencilla, llena de valores, que nadie nos había contado.

Fue muy emotivo hablar con ellos, que me entregaban sus fotos, sus recuerdos, su historia personal, para que yo la plasmara con mis pobres letras.

Han sido años maravillosos en Guardo, un pueblo de la Montaña Palentina donde aprendí a amar la vida y sus gentes.

 


https://www.ivoox.com/entrevista-a-mari-paz-brugos-audios-mp3_rf_54951400_1.html 

Os dejo el enlace de la entrevista. Pinchar en él, y luego en el nombre de Alfonso Saborido para llegar a sus audios. Tarda un poquito en empezar.

Espero lo podáis escuchar bien. Nunca he compartido un enlace por este medio.

Os advierto que es muy larga.

Es para escucharla mientras se cocina, se pasea, o cuando se tiene un buen rato libre.



A lo largo de la entrevista hablo mucho del sur. Y es que he vivido más años en Sevilla y Málaga, que en mi tierra.

Conservo grandes recuerdos de Andalucía y a ella regreso siempre que puedo.

Me gusta ser una más, allá donde voy. Eso me enriquece y siempre aprendo de los demás.

Ahora, Navarra es mi nueva tierra. Aquí soy muy feliz rodeada de sus gentes.

2 de mayo de 2021

ZAPATERO REMENDÓN.

 


Era la época en que estaban en auge los oficios artesanos hoy prácticamente desaparecidos.

Entre ellos se encontraba el de zapatero, muy codiciado por entonces. Unos zapatos tenían que durar el mayor tiempo posible. Las familias no nadaban en la abundancia y se procuraba hacer durar aquello que se poseía.

En pequeños habitáculos a veces sin apenas luz, con un olor muy peculiar a goma y pegamento, y rodeados de herramientas como el martillo para asentar, las leznas, el clicker, las tenazas, la máquina de coser, bisagras y alisadores ejercían su trabajo muy poco remunerado.

El llamado "Zapatero" a causa de su profesión, dio lugar a personajes muy curiosos y originales como los de la historia que os traigo a vuestra consideración.

Incluso hay un refrán popular que reza: "Zapatero a tus zapatos" que hace referencia a a que cada cual debería opinar solamente de aquello que sabe, y abstenerse de manifestarse en aquellos asuntos que no le incumben.

Pero rebuscando por la Red, he encontrado que proviene de la Grecia clásica. Uno de los pintores más famosos de la Grecia antigua fue Apeles. Filipo de Macedonia y Alejandro Magno confiaron en su pincel para perpetuar su imagen.

A Apeles le gustaba mostrar sus cuadros en público para ver si gustaban o no, y mejorar aquellas cosas que no convencían a sus conciudadanos. 

En una de estas exposiciones en la plaza, un zapatero que pasaba por allí criticó la forma de las sandalias de unos de los personajes retratados en la pintura.

Apeles aceptó la crítica y decidió modificar dicho complemento en su taller.

Cuando el zapatero volvió a ver el cuadro y observó que el pintor lo había corregido, decidió criticar más elementos del retrato.

Apeles, para frenar tanta sabiduría, le dijo: zapatero a tus zapatos.

No cabe duda de la sabiduría del llamado zapatero remendón, que ejerce de consejero sobre la conveniencia de arreglar o no un paz de zapatos desgastados y es capaz con su ingenio de reformarles con su arte y darles una segunda vida.

Pero volvamos a la historia que os quería contar.

En un pequeño pueblo extremeño, ejercían de zapateros dos hermanos solteros que se ganaban la vida con ese trabajo sin tener grandes aspiraciones.

Eran un par de grandullones sin maldad alguna. 

Uno de ellos tenía los ojos azules, que daban un poco de luz a sus sucias manos llenas de betún casi siempre.

Su frente, surcada por un mechón rebelde que a veces le impedía ver, le proporcionaba un aire divertido de chiquillo travieso.

El otro, de mirada penetrante e inquisitiva, siempre tenía un pitillo entre los labios a punto de extinguirse y al que apenas prestaba atención. Sobresalían de sus ágiles manos unas uñas negras y descuidadas.

Aquel rincón era como un santuario. De allí salían los dimes y diretes de la población, las noticias más variopintas, los sucesos más inesperados, los chascarrillos más divertidos.

Sus conversaciones no se libraban de numerosos tacos, palabras malsonantes, incluso blasfemias sin ánimo de ofensa.

Por eso, los chiquillos sabedores de la diversión que allí reinaba, no perdían la ocasión de pasar largos ratos con ellos.

Solía acudir, enviada por su madre, una pequeña niña de doce años que apuntaba maneras de adolescente, a llevar a arreglar los zapatos de sus hermanos.

La chiquilla era muy bonita, tímida, insegura.

Le causaba enorme impresión entrar allí, donde era observada por todos.

Suponía un acto de valentía traspasar el umbral, temiendo dar un traspié e ir de bruces al suelo.

La belleza recién estrenada de la pequeña, no pasó desapercibida por aquellos hombres rudos, pero buenos y honrados a su manera.

-¡Qué guapa te estás poniendo! le decían amablemente.

Entonces, un rubor dibujaba en sus mejillas dos círculos rojos haciéndola más preciosa.

La mayoría de las veces, no acertaba a decir de corrido lo que su madre le había dicho que dijera, y su lengua se trabucaba al hablar.

Le impresionaba ver el pitillo casi extinguido en los labios de uno de los hermanos, y pensaba que cualquier día le vería con los labios abrasados y chillando de dolor.

Pero nunca ocurrió. 

Aquel pitillo lleno de babas, parecía tener una compenetración con la comisura de los labios de algo pactado de antemano entre ambos.

Una vez, que por fin, podía hablar y comunicar lo que quería le hicieran a aquel calzado aparentemente nuevo, uno de ellos examinaba con detención el arreglo y si valía la pena realizarlo, así como el importe del mismo.

En unos instantes, aquellas sucias manos desarmaban casi el zapato entero, a la vista de la ingenua niña, que pensaba se habían cargado el zapato y era ya inservible. 

Era entonces cuando se escuchaban palabras  rodeadas de interjecciones reflejando los sentimientos más primarios del ser humano.

Ella, avergonzada, bajaba la mirada y repetía las jaculatorias que su madre, una mujer muy piadosa, le había enseñado a recitar.

Cuando de nuevo, a los pocos días, tenía que volver a recoger los zapatos arreglados, su asombro era enorme. Le parecía mentira, después de haberlos visto casi descuartizados, verlos como recién comprados.

Han pasado los años, y el olor a cuero, a pegamento, a tinta, a tacos y blasfemias, se mezclan con los recuerdos de esa niña, hoy mujer entrada en años.

A ella le dedico esta historia que me contó una tarde de Primavera.


23 de abril de 2021

LA LOCA

 


El sol se despedía en el horizonte llenado de belleza la tarde.

Ella, contoneaba sus caderas al compás de la vida y sonreía.

Siempre sonreía.

Y cantaba.

Se la podía escuchar tararear una canción al pasar.

Caminaba con ligereza, la espalda erguida, desafiante la mirada, los pasos certeros y un puntito de locura en sus ademanes.

Era una mujer bien parecida, esbelta, de ojos oscuros muy bellos y cabello ensortijado.

Solía vestir con ropa informal, de colores alegres, que movía con soltura e iba esparciendo por las callejas su aroma de libertad.

Tenía un no sé qué, que atrapaba las miradas.

Ella y sus rutinas formaban parte del paisaje urbano.

Por unos instantes la vieron perderse calle abajo como cada tarde.

Su falda de vuelo revoloteaba con el viento.

Sus pies, casi descalzos, marcaban el ritmo como entonando una bella melodía.

Curiosos, y gente de mala fe, que no soportaban su libertad y su forma de vivir, la juzgaban sin más.

Sus miradas viscosas y sucias, se atrevían a desnudar su alma sin conocerla.

 Prejuicios ancestrales que anidan en corazones aherrojados de inmundicia, prisioneros de sus miedos y debilidades sin atreverse a volar.

Ella, giraba su cabeza, sonreía y cantaba.

Iba inmersa en sus pensamientos. Se podía adivinar en su mirada el reflejo de su interior limpio y claro.

El sol se fue ocultando lentamente y, con él, la tormenta que se habían formado a su paso.

Ella, sonreía y cantaba.

Después llego la noche y le bailó descalza a la luna.

Todo el mundo la conocía con el sobrenombre de "La loca"

Y es qué, aquel que se significa por algo contrario a lo establecido, corre el riesgo de ser tomado por loco.


15 de abril de 2021

PASEOS POR PAMPLONA

 


Pamplona está triste.

¿Qué tendrá Pamplona?

Últimamente Pamplona no es lo que era.

Pamplona la bella, como me gusta llamarla desde que la descubrí, ha sufrido un cambio por culpa del COVID.

Ya no escucho música por calles y plazas, ni puedo ver las sonrisas de la gente al pasar.

Vamos escondiendo en la mascarilla nuestros miedos e inseguridades.




Aún recuerdo cuando hice estas fotos en la Plaza el Castillo una tarde de Primavera hace dos años.



Bullía la plaza llena de chiquillos intentado coger con sus manos la magia de las pompas de jabón.

Estuve largo rato observándoles.

Hoy por la mañana estuve en el banco para hacer una transferencia bancaria.

Había cola para entrar.

Ahora hay cola para casi todo: la frutería, el banco, las oficinas de hacienda...

Además, si quieres pedir dinero en efectivo tienes un horario muy restringido. No te queda otra que madrugar y, como llegues un poco tarde, no te atienden.

Para eso está el cajero, dicen, aunque apenas veas la pantalla cuando la da el sol.

No tenemos acceso a nuestro propio dinero. Parece que fuera de los banqueros.

Me atendió una chica muy amable. Después de haberle dado todos los datos que me pedía para hacer la gestión, me advirtió que me cobraría seis euros de comisión.

Qué iba a decir yo. Aceptar resignada a pagarlos. No me quedaba otra.

-¿Hay que guardar cola para `poner la cartilla al día? 

Pregunta un señor mayor.

-No, no hace falta, puede usted pasar.

Yo como él, también aprovecho para poner la cartilla al día. 

En esto no he evolucionado y, no me fio un pelo de las cuentas de internet.

Si, ya sé que es el futuro y nos quedará otra que pasar por el aro.

 Un hombre pasa cerca de mi. Lleva unos originales zapatos verdes. Camina presuroso, desafiando al asfalto y poniendo una nota del color de la esperanza.

Cerca, unas chicas jóvenes, hablan acaloradas. "Eso le pones una denuncia laboral y verás como se acaba" . Debe de ser algo serio, me digo a mi misma.

Me pierdo por la Vuelta el Castillo mientras escucho las notas de un acordeón.

Un hombre de un país lejano la toca cada mañana, mientras implora una pequeña limosna.

La mañana es cálida. No hace el viento frío de los últimos días.

Las gentes se dejan besar por el sol sentadas en los bancos o mientras pasean.

Me paso por el Corte Inglés para saludar a mi amigo, Arturo. Hace días que no le veo en el stand de belleza y me preocupa.

Voy creando lazos afectivos por donde quiera que vaya. No me quiero dejar morir de indiferencia.

Ya le veo.

Se le ilumina la cara cuando me ve. Podía ser su abuela.

Nos saludamos codo con codo.

¿Va todo bien?.

Arturo, ese rincón le llenas tú de luz, le digo picaronamente. No te vayas nunca. Le sonrío y me sonríe, mientras me pierdo por los grandes almacenes.

Una mujer sentada en en un banco habla temerosa: "Si no te identificas, llamo a la policía" dice a su interlocutor.

Buff...da un poco de miedo.

En Zara, todo es color.

La ropa de temporada con sus alegres colores lo inunda todo.

La moda actual no es muy atractiva.

O eso me parece a mi.

Paso de nuevo delante de la Oficina de Hacienda.

"Solo se atiende a clientes con visita concertada" leo en un cartel.

La gente se arremolina en una larga fila, mientras le preguntan al de seguridad algunas cosas que no tienen muy claras.

Un caos, dicen, un caos...

Estamos fichados. 

Nos van a sacar las entretelas.

Yo soy del Erte, yo del Ingreso Mínimo Vital.

Estos políticos son unos ineptos.

Escucho quejas y más quejas.

No está el horno para bollos...

Llega el autobús.

Hay relevo de conductor.

En un instante se cruzan personas de varios países.

Pamplona la bella, pequeñica, acogedora, alegre y cosmopolita.

P.D. No sé porque me ocurre que de repente se ponen las letras más grandes.

Misterios del teclado.


7 de abril de 2021

LA ERA TECNOLÓGICA

 



Vivimos en plena era tecnológica.

En apenas unos años hemos cambiado nuestro modo de relacionarnos.

Es a través de las nuevas tecnologías como lo hacemos. Vivimos pendientes del móvil a todas las horas. 

Es curioso observar a jóvenes y menos jóvenes, mujeres y hombres, niños y ancianos con esta infernal maquinita.

Apenas levantamos los ojos del teclado, hasta cuando paseamos. He visto más de una vez pegarse una "castaña" contra una farola o un árbol, a personas que ya no saben vivir sin él. 

Esta moda ha llegado a los parques infantiles incluso.  He podido observar a padres que insistentemente graban a sus hijos y hacen fotos sin parar. 

En el autobús, en las tiendas, en las calles y plazas...todos hemos perdido la libertad de saborear la vida de manera natural.

Apenas disfrutamos de un bonito paisaje, de una mirada y una sonrisa al pasar.

Eso si, cuando ocurre algo a nuestro alrededor, sacamos el aparatejo y hacemos fotos y vídeos para ser el primero en lanzarlos a la Red. Incluso a veces antes de socorrer al  accidentado, si se trata de un accidente.

Hemos caído en la trampa de manera sibilina, sin apenas darnos cuenta.

En las Redes Sociales, cada uno se construye un personaje donde muestra la parte idílica de su vida. La vanidad, el espíritu crítico más vulgar, la soberbia, la mala educación y los instintos más primarios campan a sus anchas.

Algunos hasta se han convertido en creadores de opinión. 

De la suya, claro...

Nos dejamos manipular por unos y otros cual rebaño de ovejas.

Muchos adolescentes ya no quieren estudiar y hacer una carrera.

¿Para qué?

Si no van a encontrar trabajo.

Quieren ser YouTuber, Instagramer, Influencer...

Hasta los niños en su cochecito, nada más pueden sujetar algo, se aferran a este artefacto ladrón de infancias.

¿Soy una exagerada?

Quizás.

Pero se muy bien de lo que hablo.

Yo también he caído en la trampa.

P.D. Que conste que soy una forofa de las nuevas tecnologías y sus grandes aciertos. No cabe duda de que es el futuro. 

Quizá otro día hable de las cosas positivas, pero hoy quería hablar de algunas de las conductas nocivas que encierran.

30 de marzo de 2021

CECILIA

 


Cecilia vivía en una casa con la puerta y el balcón pintado de verde, como queriendo con aquel color robarle a la vida un poco de esperanza.

Era una mujer de carácter aparentemente huraño, que apenas se relacionaba con nadie, escondiendo entre las paredes de su vieja casa su capacidad de amar y su valor como ser humano.

Tenía el pelo negro y los ojos del mismo color. Su figura menuda, ataviada con una bata oscura y, un enorme delantal, le hacían aparentar más años de los que tenía.

Su mirada escondía una ternura especial si se la sabía mirar con interés. 

Sus huesudas manos, hábiles para los trabajos caseros, aunque un poco ajadas, eran bonitas.

Vivía con Pascual, su marido y Andrea, su hija. Era con los únicos que solía hablar.

Sus vecinos, sin apenas conocerla, juzgaban que era un ser distinto a los demás, por aquello de ser diferente a ellos.

Tenía un halo misterioso y no lograban descubrir cual era el secreto que guardaba en su interior.

En su afán de ignorarla, la habían marginado sin darle una oportunidad. 

Desconocían su pasado, su historia personal, de donde venía...

Aparentemente era igual a ellos en lo externo, pero algo albergaba en su interior que le daba un aíre muy particular.

O quizá la imaginación de los lugareños daba pie a inventarse historias extrañas, sin percibir que todo era más simple.

Había aparecido en el pueblo un atardecer de Primavera, cuando el buen tiempo saca a los vecinos de sus casas, y se forman corrillos y charlas de unos y otros.

Desde el primer instante, sintió el rechazo de todos los del pueblo.

Era una comunidad cerrada, anclada en sus costumbres y rutinas, sin apenas haber evolucionado, dominada por sus instintos más primarios.

No estaban dispuestos a que nadie enturbiara la paz de aquel lugar.

Ella, poco a poco se fue metiendo dentro de sí y bajaba la mirada al escuchar cuchicheos a su paso.

Aún así,  desprendía una dignidad que no pasaba desapercibida para nadie.

El desconocido, el diferente, el que sobresale, suele verse como peligroso para el grupo. Es mejor evitarlo, ignorarlo, hacerlo desaparecer.

Así se logra una paz aparente y todos se refugian en ella a pesar de su ceguera.

Pero un día, llegó al pueblo, una niña morena de pelo liso y ojos muy vivos, con cara pícara y bondadosa a la vez.

Venía a quedarse por un tiempo con su familia.

Con el asombro de los niños ante lo desconocido, recorrió las callejas observándolo todo con enorme curiosidad.

Fue así como se encontró con la mirada escudriñadora de Cecilia.

Carmen, que así se llamaba la pequeña, le sostuvo la mirada desafiándola. 

Fueron unos instantes un poco tensos, hasta que la niña sonrió a Cecilia, que le correspondió con otra sonrisa.

Entonces comprendieron que sus almas se esperaban desde siempre.

Carmen, se alejó despacio, calle abajo, con un latido alegre en su corazón, bajo la atenta mirada de Cecilia.

Desde aquel fugaz encuentro, se vieron muchas veces.

Solían comunicarse con pocas palabras. No necesitaban hacerlo, debido a su perfecta compenetración de deseos y anhelos.

A veces, los silencios están llenos de hermosas palabras que acunan el corazón.

La casa de Cecilia era sombría, el suelo de barro y las paredes oscuras del humo de la chimenea, la hacían muy poco atractiva.

Pero un día la invitó a pasar dentro, ofreciéndole lo que los seres humanos ofrecen a sus amigos. Lo que tienen.

La mirada de la niña se fue fijando en cada rincón, grabando para siempre en sus pupilas aquel lugar de su niñez donde aprendió el valor de la amistad.

Solo la imaginación y la fantasía, son capaces de elevarnos del suelo y percibir lo bello y lo bueno.

Con el paso de los años se alejó de aquel lugar llevándose sus recuerdos.

Cuentan, que Cecilia murió, porque su hígado estaba muy enfermo de compartir con Pascual aquel vino de la tierra que les había puesto contentos a lo largo de su vida.

A los pocos meses, Pascual no salía a trabajar cada mañana.

Al preguntarle los vecinos y curiosos, respondía que no tendría que hacerlo más. 

Había encontrado en un viejo colchón una gran suma de dinero.

P.D. Este relato está basado en hechos reales, aunque la casa no tiene nada que ver con la historia.

Me lo contó una amiga una tarde de invierno al calor de su hogar. Ella lo vivió como una aventura preciosa en su inocencia infantil. 

Han pasado los años y lo recuerda con nitidez.

El relato lo escribí hace tiempo, pero como era al principio del blog, quedaba un poco pobre.

Mi escritura desde entonces ha evolucionado un poquito y me dispongo a corregir mis antiguos relatos.