30 de mayo de 2021

EL MUCHACHO FORMAL

 


Tenía fama de ser un chico formal. 

Era alto, bien parecido, de maneras educadas, elegante porte y buena figura.

Tenía una sonrisa burlona y atractiva. Dentadura perfecta, labios gruesos y bien dibujados.

Un mechón de pelo rebelde se asomaba a su frente con enorme descaro y jugaba con taparle los ojos.

Unas manos bien cuidadas y finas, daban fe de su procedencia. Uno podía imaginarse que era de "casa bien" como se suele decir, pues no parecía que hubiera trabajado en oficios de poca monta.

Vestía con enorme pulcritud. Ropa de calidad, moderna, un poco atrevida para la época.

Era el alma de las reuniones familiares por su simpatía.

Siempre dispuesto a hacer un favor, sin esperar beneficio alguno.

Alegre, dicharachero, con un puntito de bonhomía de la que todos se beneficiaban.

Las madres de familiares y amigos, le confiaban a sus hijas cuando se iban de fiesta.

Se les podía ver por el Barrio Santa Cruz en grupo, o la calle Sierpes.

Él se hacía cargo de que las chicas pudieran volver a casa sanas y salvas.

Desde muy joven se diferenciaba de los muchachos de su edad por su sentido de la responsabilidad.

Era maduro, serio, comprometido.

Lo que nadie percibía al tratarle, era su inseguridad.

Una inseguridad casi enfermiza que él trataba de ocultar.

Siempre se había exigido a si mismo demasiado, de ahí que se reprochara el no estar a la altura infinidad de veces.

Pero no podía evitar ser más condescendiente con su manera de actuar.

No era que buscase la perfección personal como meta. 

Era simplemente, que la vida le había obsequiado con aquel carácter imposible de controlar.

Y muchas veces deseó ser como los otros. 

No ser tan disciplinado, moderado, comprometido, tenaz, amable, franco...

Pero al instante, volvía a estar seguro de la obligación de ser él mismo y mantener su reputación.

"Genio y figura, hasta la sepultura" reza un viejo refrán.

Tan solo una vez se atrevió a ir más allá.

Fue en un viaje de fin de curso a Italia. 

Habían pasado la mañana visitando los Museos Capitolinos y su colección de retratos de filósofos y emperadores romanos, la estatua ecuestre de Marco Aurelio, y la Luperca o Loba Capitolina, y salieron enardecidos.

Por la tarde, después de comer, pasearon por la Plaza Navona y Villa Borghese, para terminar en el Freni e Frizioni en el Trastevere.

Allí, al calor de la magia de las calles romanas, se dejó llevar.

Bebió, hasta perder un poco la cordura.

Solo un poco.

Lo suficiente, para atreverse a confesarle su amor a una prima suya de la que hacía tiempo se había enamorado.

Nada volvió a ser lo mismo desde entonces.

Una vez que se atrevió a cruzar el parapeto de sus miedos, no tenía que seguir ocultando su inseguridad.

Ya la vida misma se encargaría de ir llevándoles de la mano.

No importaba ser un poco imprudente, o inconsciente, si con ello lograba liberarse de lo que todos esperaban de él.

Roma, había sido su salvación.

A veces es bueno tomar distancia.

Y en Roma vive, junto con su prima.



19 de mayo de 2021

DESEANDO VOLVER


 

Estoy deseando volver a Guardo.

Los que me seguís hace tiempo, conocéis de sobra que es un pueblo de la Montaña Palentina, del que os he hablado largamente.

El año pasado con todo este lio de la pandemia, no me atreví a ir, pero el verano se me hizo eterno.

La fotografía que os muestro en este collage, las hice una noche que quise robar alguna instantánea al azar. Como todo el mundo me conoce, y saben de mi afición, sonríen a la cámara. Claro, que yo sé muy bien a quien le hago las fotos...jejeje.


En Guardo soy muy feliz.  Aprovecho cuando voy para asistir a los eventos que suele haber, y acudo a las fiestas y tradiciones de los pueblos cercanos.

En esta fotografía os muestro el Pendón de Guardo. 


Lo que si añoro mucho es la nieve.
Esta foto está tomada en Primavera, cuando los árboles se visten de flores. De vez en cuando aparece la nieve y la belleza es espectacular.

Por esta zona también nieva, pero en los pueblos de montaña, y muchas veces no tengo a nadie que me lleve en coche para poder disfrutarla. Desde que vivo en Navarra, he podido ver la nieve todos los años, aunque haya sido en poca cantidad.


Cada mañana suelo tomar un mosto y un picho de tortilla y leer la prensa, en el Bar Montañés, con la Fuente de los Cuatro Caños como testigo.

Como es un lugar que está a la vista de todos, no me falta compañía de amigos y conocidos.
Es un ritual veraniego.


Y siempre me espera el Rio Carrión. 
Entre él y yo, existe una conexión especial, una amistad muy particular, un idilio de amor...
Me conecta a mis raíces, sabe mis secretos.
Me queda la esperanza de que este verano podré volver a ese viejo sitio donde amé la vida, como dice Violeta Parra.

11 de mayo de 2021

Entrevista


El año pasado se puso en contacto conmigo mi amigo Alfonso Saborido para comentarme que estaba interesado en hacerme una entrevista para la radio.

No soy muy amiga de las entrevistas, pero por un amigo se hace lo que haga falta.

Al ser la primera por este medio, me ha faltado la experiencia de contestar ordenadamente a las preguntas. Soy bastante atolondrada e impulsiva. Pero me veo reflejada a mi misma.

Él, hace un programa en la Radio Comunitaria de Jerez y los sábados tiene un apartado dedicado a hacer entrevistas.

Conocí a Alfonso por la Red, cuando comencé mi andadura en el mundo de la blogosfera.

Desde siempre, mi curiosidad y mi afán de aprender, me ha llevado a explorar mundos nuevos que me aporten algo positivo.

Así he podido tratar a Alfonso en la distancia y ha nacido una bonita amistad.

Desconocía el mundo de las nuevas tecnologías y creía que había llegado ya tarde.

Pero aún así, me atreví, y comencé a moverme en este mundo virtual dando mis primeros pasos, inseguros al principio.

 Con el paso del tiempo fui adquiriendo experiencia y me atreví a compartir mis escritos en un blog. 

Soy autodidacta. 

Bien es verdad, que he tenido la ayuda de familiares, amigos y conocidos en momentos puntuales. Entre ellos, a Alfonso.

También a Carlos.

Desde siempre me ha gustado comunicar lo que mis ojos ven. 

Incluso, hacía de cualquier objeto, un micrófono improvisado. Un vaso, el palo de la escoba, el enchufe de la aspiradora...

Pronto, al descubrir este mundo de internet, que me llevaba a otros lugares, vi la ocasión de hacer realidad mi sueño de convertirme en reportera aunque fuera de mentirijillas.

Y comencé a contar lo que hacíamos en el pueblo donde vivía.

Me lo tomaba con tanta pasión como si fuera una periodista de verdad. No faltaba a ningún evento: fiestas, tradiciones, actividades lúdicas...

Allí estaba yo con mi cámara, corriendo de acá para allá, intentado captar la mejor instantánea, procurando molestar lo menos posible.

Incluso he llegado a trabajar codo con codo con los profesionales de verdad cuando la lucha minera. 

Aprendí, que no puedes entorpecer el trabajo del otro, pero tienes que conseguir ser mejor que él.

Más adelante quise rescatar vidas anónimas de las gentes del lugar, e hice una sección que la titulé: "Personaje del mes".

Con ella quería dar voz a aquellas personas del pueblo que a lo largo de los años habían dejado una huella perenne con el ejemplo de su vida sencilla, llena de valores, que nadie nos había contado.

Fue muy emotivo hablar con ellos, que me entregaban sus fotos, sus recuerdos, su historia personal, para que yo la plasmara con mis pobres letras.

Han sido años maravillosos en Guardo, un pueblo de la Montaña Palentina donde aprendí a amar la vida y sus gentes.

 


https://www.ivoox.com/entrevista-a-mari-paz-brugos-audios-mp3_rf_54951400_1.html 

Os dejo el enlace de la entrevista. Pinchar en él, y luego en el nombre de Alfonso Saborido para llegar a sus audios. Tarda un poquito en empezar.

Espero lo podáis escuchar bien. Nunca he compartido un enlace por este medio.

Os advierto que es muy larga.

Es para escucharla mientras se cocina, se pasea, o cuando se tiene un buen rato libre.



A lo largo de la entrevista hablo mucho del sur. Y es que he vivido más años en Sevilla y Málaga, que en mi tierra.

Conservo grandes recuerdos de Andalucía y a ella regreso siempre que puedo.

Me gusta ser una más, allá donde voy. Eso me enriquece y siempre aprendo de los demás.

Ahora, Navarra es mi nueva tierra. Aquí soy muy feliz rodeada de sus gentes.

2 de mayo de 2021

ZAPATERO REMENDÓN.

 


Era la época en que estaban en auge los oficios artesanos hoy prácticamente desaparecidos.

Entre ellos se encontraba el de zapatero, muy codiciado por entonces. Unos zapatos tenían que durar el mayor tiempo posible. Las familias no nadaban en la abundancia y se procuraba hacer durar aquello que se poseía.

En pequeños habitáculos a veces sin apenas luz, con un olor muy peculiar a goma y pegamento, y rodeados de herramientas como el martillo para asentar, las leznas, el clicker, las tenazas, la máquina de coser, bisagras y alisadores ejercían su trabajo muy poco remunerado.

El llamado "Zapatero" a causa de su profesión, dio lugar a personajes muy curiosos y originales como los de la historia que os traigo a vuestra consideración.

Incluso hay un refrán popular que reza: "Zapatero a tus zapatos" que hace referencia a a que cada cual debería opinar solamente de aquello que sabe, y abstenerse de manifestarse en aquellos asuntos que no le incumben.

Pero rebuscando por la Red, he encontrado que proviene de la Grecia clásica. Uno de los pintores más famosos de la Grecia antigua fue Apeles. Filipo de Macedonia y Alejandro Magno confiaron en su pincel para perpetuar su imagen.

A Apeles le gustaba mostrar sus cuadros en público para ver si gustaban o no, y mejorar aquellas cosas que no convencían a sus conciudadanos. 

En una de estas exposiciones en la plaza, un zapatero que pasaba por allí criticó la forma de las sandalias de unos de los personajes retratados en la pintura.

Apeles aceptó la crítica y decidió modificar dicho complemento en su taller.

Cuando el zapatero volvió a ver el cuadro y observó que el pintor lo había corregido, decidió criticar más elementos del retrato.

Apeles, para frenar tanta sabiduría, le dijo: zapatero a tus zapatos.

No cabe duda de la sabiduría del llamado zapatero remendón, que ejerce de consejero sobre la conveniencia de arreglar o no un paz de zapatos desgastados y es capaz con su ingenio de reformarles con su arte y darles una segunda vida.

Pero volvamos a la historia que os quería contar.

En un pequeño pueblo extremeño, ejercían de zapateros dos hermanos solteros que se ganaban la vida con ese trabajo sin tener grandes aspiraciones.

Eran un par de grandullones sin maldad alguna. 

Uno de ellos tenía los ojos azules, que daban un poco de luz a sus sucias manos llenas de betún casi siempre.

Su frente, surcada por un mechón rebelde que a veces le impedía ver, le proporcionaba un aire divertido de chiquillo travieso.

El otro, de mirada penetrante e inquisitiva, siempre tenía un pitillo entre los labios a punto de extinguirse y al que apenas prestaba atención. Sobresalían de sus ágiles manos unas uñas negras y descuidadas.

Aquel rincón era como un santuario. De allí salían los dimes y diretes de la población, las noticias más variopintas, los sucesos más inesperados, los chascarrillos más divertidos.

Sus conversaciones no se libraban de numerosos tacos, palabras malsonantes, incluso blasfemias sin ánimo de ofensa.

Por eso, los chiquillos sabedores de la diversión que allí reinaba, no perdían la ocasión de pasar largos ratos con ellos.

Solía acudir, enviada por su madre, una pequeña niña de doce años que apuntaba maneras de adolescente, a llevar a arreglar los zapatos de sus hermanos.

La chiquilla era muy bonita, tímida, insegura.

Le causaba enorme impresión entrar allí, donde era observada por todos.

Suponía un acto de valentía traspasar el umbral, temiendo dar un traspié e ir de bruces al suelo.

La belleza recién estrenada de la pequeña, no pasó desapercibida por aquellos hombres rudos, pero buenos y honrados a su manera.

-¡Qué guapa te estás poniendo! le decían amablemente.

Entonces, un rubor dibujaba en sus mejillas dos círculos rojos haciéndola más preciosa.

La mayoría de las veces, no acertaba a decir de corrido lo que su madre le había dicho que dijera, y su lengua se trabucaba al hablar.

Le impresionaba ver el pitillo casi extinguido en los labios de uno de los hermanos, y pensaba que cualquier día le vería con los labios abrasados y chillando de dolor.

Pero nunca ocurrió. 

Aquel pitillo lleno de babas, parecía tener una compenetración con la comisura de los labios de algo pactado de antemano entre ambos.

Una vez, que por fin, podía hablar y comunicar lo que quería le hicieran a aquel calzado aparentemente nuevo, uno de ellos examinaba con detención el arreglo y si valía la pena realizarlo, así como el importe del mismo.

En unos instantes, aquellas sucias manos desarmaban casi el zapato entero, a la vista de la ingenua niña, que pensaba se habían cargado el zapato y era ya inservible. 

Era entonces cuando se escuchaban palabras  rodeadas de interjecciones reflejando los sentimientos más primarios del ser humano.

Ella, avergonzada, bajaba la mirada y repetía las jaculatorias que su madre, una mujer muy piadosa, le había enseñado a recitar.

Cuando de nuevo, a los pocos días, tenía que volver a recoger los zapatos arreglados, su asombro era enorme. Le parecía mentira, después de haberlos visto casi descuartizados, verlos como recién comprados.

Han pasado los años, y el olor a cuero, a pegamento, a tinta, a tacos y blasfemias, se mezclan con los recuerdos de esa niña, hoy mujer entrada en años.

A ella le dedico esta historia que me contó una tarde de Primavera.


23 de abril de 2021

LA LOCA

 


El sol se despedía en el horizonte llenado de belleza la tarde.

Ella, contoneaba sus caderas al compás de la vida y sonreía.

Siempre sonreía.

Y cantaba.

Se la podía escuchar tararear una canción al pasar.

Caminaba con ligereza, la espalda erguida, desafiante la mirada, los pasos certeros y un puntito de locura en sus ademanes.

Era una mujer bien parecida, esbelta, de ojos oscuros muy bellos y cabello ensortijado.

Solía vestir con ropa informal, de colores alegres, que movía con soltura e iba esparciendo por las callejas su aroma de libertad.

Tenía un no sé qué, que atrapaba las miradas.

Ella y sus rutinas formaban parte del paisaje urbano.

Por unos instantes la vieron perderse calle abajo como cada tarde.

Su falda de vuelo revoloteaba con el viento.

Sus pies, casi descalzos, marcaban el ritmo como entonando una bella melodía.

Curiosos, y gente de mala fe, que no soportaban su libertad y su forma de vivir, la juzgaban sin más.

Sus miradas viscosas y sucias, se atrevían a desnudar su alma sin conocerla.

 Prejuicios ancestrales que anidan en corazones aherrojados de inmundicia, prisioneros de sus miedos y debilidades sin atreverse a volar.

Ella, giraba su cabeza, sonreía y cantaba.

Iba inmersa en sus pensamientos. Se podía adivinar en su mirada el reflejo de su interior limpio y claro.

El sol se fue ocultando lentamente y, con él, la tormenta que se habían formado a su paso.

Ella, sonreía y cantaba.

Después llego la noche y le bailó descalza a la luna.

Todo el mundo la conocía con el sobrenombre de "La loca"

Y es qué, aquel que se significa por algo contrario a lo establecido, corre el riesgo de ser tomado por loco.


15 de abril de 2021

PASEOS POR PAMPLONA

 


Pamplona está triste.

¿Qué tendrá Pamplona?

Últimamente Pamplona no es lo que era.

Pamplona la bella, como me gusta llamarla desde que la descubrí, ha sufrido un cambio por culpa del COVID.

Ya no escucho música por calles y plazas, ni puedo ver las sonrisas de la gente al pasar.

Vamos escondiendo en la mascarilla nuestros miedos e inseguridades.




Aún recuerdo cuando hice estas fotos en la Plaza el Castillo una tarde de Primavera hace dos años.



Bullía la plaza llena de chiquillos intentado coger con sus manos la magia de las pompas de jabón.

Estuve largo rato observándoles.

Hoy por la mañana estuve en el banco para hacer una transferencia bancaria.

Había cola para entrar.

Ahora hay cola para casi todo: la frutería, el banco, las oficinas de hacienda...

Además, si quieres pedir dinero en efectivo tienes un horario muy restringido. No te queda otra que madrugar y, como llegues un poco tarde, no te atienden.

Para eso está el cajero, dicen, aunque apenas veas la pantalla cuando la da el sol.

No tenemos acceso a nuestro propio dinero. Parece que fuera de los banqueros.

Me atendió una chica muy amable. Después de haberle dado todos los datos que me pedía para hacer la gestión, me advirtió que me cobraría seis euros de comisión.

Qué iba a decir yo. Aceptar resignada a pagarlos. No me quedaba otra.

-¿Hay que guardar cola para `poner la cartilla al día? 

Pregunta un señor mayor.

-No, no hace falta, puede usted pasar.

Yo como él, también aprovecho para poner la cartilla al día. 

En esto no he evolucionado y, no me fio un pelo de las cuentas de internet.

Si, ya sé que es el futuro y nos quedará otra que pasar por el aro.

 Un hombre pasa cerca de mi. Lleva unos originales zapatos verdes. Camina presuroso, desafiando al asfalto y poniendo una nota del color de la esperanza.

Cerca, unas chicas jóvenes, hablan acaloradas. "Eso le pones una denuncia laboral y verás como se acaba" . Debe de ser algo serio, me digo a mi misma.

Me pierdo por la Vuelta el Castillo mientras escucho las notas de un acordeón.

Un hombre de un país lejano la toca cada mañana, mientras implora una pequeña limosna.

La mañana es cálida. No hace el viento frío de los últimos días.

Las gentes se dejan besar por el sol sentadas en los bancos o mientras pasean.

Me paso por el Corte Inglés para saludar a mi amigo, Arturo. Hace días que no le veo en el stand de belleza y me preocupa.

Voy creando lazos afectivos por donde quiera que vaya. No me quiero dejar morir de indiferencia.

Ya le veo.

Se le ilumina la cara cuando me ve. Podía ser su abuela.

Nos saludamos codo con codo.

¿Va todo bien?.

Arturo, ese rincón le llenas tú de luz, le digo picaronamente. No te vayas nunca. Le sonrío y me sonríe, mientras me pierdo por los grandes almacenes.

Una mujer sentada en en un banco habla temerosa: "Si no te identificas, llamo a la policía" dice a su interlocutor.

Buff...da un poco de miedo.

En Zara, todo es color.

La ropa de temporada con sus alegres colores lo inunda todo.

La moda actual no es muy atractiva.

O eso me parece a mi.

Paso de nuevo delante de la Oficina de Hacienda.

"Solo se atiende a clientes con visita concertada" leo en un cartel.

La gente se arremolina en una larga fila, mientras le preguntan al de seguridad algunas cosas que no tienen muy claras.

Un caos, dicen, un caos...

Estamos fichados. 

Nos van a sacar las entretelas.

Yo soy del Erte, yo del Ingreso Mínimo Vital.

Estos políticos son unos ineptos.

Escucho quejas y más quejas.

No está el horno para bollos...

Llega el autobús.

Hay relevo de conductor.

En un instante se cruzan personas de varios países.

Pamplona la bella, pequeñica, acogedora, alegre y cosmopolita.

P.D. No sé porque me ocurre que de repente se ponen las letras más grandes.

Misterios del teclado.


7 de abril de 2021

LA ERA TECNOLÓGICA

 



Vivimos en plena era tecnológica.

En apenas unos años hemos cambiado nuestro modo de relacionarnos.

Es a través de las nuevas tecnologías como lo hacemos. Vivimos pendientes del móvil a todas las horas. 

Es curioso observar a jóvenes y menos jóvenes, mujeres y hombres, niños y ancianos con esta infernal maquinita.

Apenas levantamos los ojos del teclado, hasta cuando paseamos. He visto más de una vez pegarse una "castaña" contra una farola o un árbol, a personas que ya no saben vivir sin él. 

Esta moda ha llegado a los parques infantiles incluso.  He podido observar a padres que insistentemente graban a sus hijos y hacen fotos sin parar. 

En el autobús, en las tiendas, en las calles y plazas...todos hemos perdido la libertad de saborear la vida de manera natural.

Apenas disfrutamos de un bonito paisaje, de una mirada y una sonrisa al pasar.

Eso si, cuando ocurre algo a nuestro alrededor, sacamos el aparatejo y hacemos fotos y vídeos para ser el primero en lanzarlos a la Red. Incluso a veces antes de socorrer al  accidentado, si se trata de un accidente.

Hemos caído en la trampa de manera sibilina, sin apenas darnos cuenta.

En las Redes Sociales, cada uno se construye un personaje donde muestra la parte idílica de su vida. La vanidad, el espíritu crítico más vulgar, la soberbia, la mala educación y los instintos más primarios campan a sus anchas.

Algunos hasta se han convertido en creadores de opinión. 

De la suya, claro...

Nos dejamos manipular por unos y otros cual rebaño de ovejas.

Muchos adolescentes ya no quieren estudiar y hacer una carrera.

¿Para qué?

Si no van a encontrar trabajo.

Quieren ser YouTuber, Instagramer, Influencer...

Hasta los niños en su cochecito, nada más pueden sujetar algo, se aferran a este artefacto ladrón de infancias.

¿Soy una exagerada?

Quizás.

Pero se muy bien de lo que hablo.

Yo también he caído en la trampa.

P.D. Que conste que soy una forofa de las nuevas tecnologías y sus grandes aciertos. No cabe duda de que es el futuro. 

Quizá otro día hable de las cosas positivas, pero hoy quería hablar de algunas de las conductas nocivas que encierran.

30 de marzo de 2021

CECILIA

 


Cecilia vivía en una casa con la puerta y el balcón pintado de verde, como queriendo con aquel color robarle a la vida un poco de esperanza.

Era una mujer de carácter aparentemente huraño, que apenas se relacionaba con nadie, escondiendo entre las paredes de su vieja casa su capacidad de amar y su valor como ser humano.

Tenía el pelo negro y los ojos del mismo color. Su figura menuda, ataviada con una bata oscura y, un enorme delantal, le hacían aparentar más años de los que tenía.

Su mirada escondía una ternura especial si se la sabía mirar con interés. 

Sus huesudas manos, hábiles para los trabajos caseros, aunque un poco ajadas, eran bonitas.

Vivía con Pascual, su marido y Andrea, su hija. Era con los únicos que solía hablar.

Sus vecinos, sin apenas conocerla, juzgaban que era un ser distinto a los demás, por aquello de ser diferente a ellos.

Tenía un halo misterioso y no lograban descubrir cual era el secreto que guardaba en su interior.

En su afán de ignorarla, la habían marginado sin darle una oportunidad. 

Desconocían su pasado, su historia personal, de donde venía...

Aparentemente era igual a ellos en lo externo, pero algo albergaba en su interior que le daba un aíre muy particular.

O quizá la imaginación de los lugareños daba pie a inventarse historias extrañas, sin percibir que todo era más simple.

Había aparecido en el pueblo un atardecer de Primavera, cuando el buen tiempo saca a los vecinos de sus casas, y se forman corrillos y charlas de unos y otros.

Desde el primer instante, sintió el rechazo de todos los del pueblo.

Era una comunidad cerrada, anclada en sus costumbres y rutinas, sin apenas haber evolucionado, dominada por sus instintos más primarios.

No estaban dispuestos a que nadie enturbiara la paz de aquel lugar.

Ella, poco a poco se fue metiendo dentro de sí y bajaba la mirada al escuchar cuchicheos a su paso.

Aún así,  desprendía una dignidad que no pasaba desapercibida para nadie.

El desconocido, el diferente, el que sobresale, suele verse como peligroso para el grupo. Es mejor evitarlo, ignorarlo, hacerlo desaparecer.

Así se logra una paz aparente y todos se refugian en ella a pesar de su ceguera.

Pero un día, llegó al pueblo, una niña morena de pelo liso y ojos muy vivos, con cara pícara y bondadosa a la vez.

Venía a quedarse por un tiempo con su familia.

Con el asombro de los niños ante lo desconocido, recorrió las callejas observándolo todo con enorme curiosidad.

Fue así como se encontró con la mirada escudriñadora de Cecilia.

Carmen, que así se llamaba la pequeña, le sostuvo la mirada desafiándola. 

Fueron unos instantes un poco tensos, hasta que la niña sonrió a Cecilia, que le correspondió con otra sonrisa.

Entonces comprendieron que sus almas se esperaban desde siempre.

Carmen, se alejó despacio, calle abajo, con un latido alegre en su corazón, bajo la atenta mirada de Cecilia.

Desde aquel fugaz encuentro, se vieron muchas veces.

Solían comunicarse con pocas palabras. No necesitaban hacerlo, debido a su perfecta compenetración de deseos y anhelos.

A veces, los silencios están llenos de hermosas palabras que acunan el corazón.

La casa de Cecilia era sombría, el suelo de barro y las paredes oscuras del humo de la chimenea, la hacían muy poco atractiva.

Pero un día la invitó a pasar dentro, ofreciéndole lo que los seres humanos ofrecen a sus amigos. Lo que tienen.

La mirada de la niña se fue fijando en cada rincón, grabando para siempre en sus pupilas aquel lugar de su niñez donde aprendió el valor de la amistad.

Solo la imaginación y la fantasía, son capaces de elevarnos del suelo y percibir lo bello y lo bueno.

Con el paso de los años se alejó de aquel lugar llevándose sus recuerdos.

Cuentan, que Cecilia murió, porque su hígado estaba muy enfermo de compartir con Pascual aquel vino de la tierra que les había puesto contentos a lo largo de su vida.

A los pocos meses, Pascual no salía a trabajar cada mañana.

Al preguntarle los vecinos y curiosos, respondía que no tendría que hacerlo más. 

Había encontrado en un viejo colchón una gran suma de dinero.

P.D. Este relato está basado en hechos reales, aunque la casa no tiene nada que ver con la historia.

Me lo contó una amiga una tarde de invierno al calor de su hogar. Ella lo vivió como una aventura preciosa en su inocencia infantil. 

Han pasado los años y lo recuerda con nitidez.

El relato lo escribí hace tiempo, pero como era al principio del blog, quedaba un poco pobre.

Mi escritura desde entonces ha evolucionado un poquito y me dispongo a corregir mis antiguos relatos.

21 de marzo de 2021

JULIETA

 


Julieta tenía los ojos más bellos del lugar. 

Cuando asomaba a los caminos, los pájaros salían a su encuentro y la acompañaban largo rato jugando a esconderse entre los arbustos.

Apenas tenía doce años, y su cuerpo grácil era bamboleado por el viento como una pluma, mientras sus pies y brazos componían una hermosa danza adoptando siluetas curvilíneas de una belleza singular.

El trigo mecido por el viento, trataba de imitarla llevando el compás al unísono, y el sol que estaba a punto de ocultarse se unió a la fiesta con unos rayos saltarines y coquetos.

Caía la tarde, y Julieta pasito a pasito comenzaba la aventura de su vida.

Se sabía poseedora de todos los sueños por cumplir, e iba acariciándoles uno a uno lentamente.

Julieta entonó una canción, bajito, como para sus adentros.

Era tal la alegría que sentía, que no podía reprimirla.

Caminó unos pasos más, hasta que de repente comenzó a dar saltitos de felicidad, porque con andar no le resultaba suficiente.

A lo lejos, vio llegar un hermoso perro blanco. Su pelo era como de algodón. Al llegar donde estaba la niña, se acercó muy despacio, como si presintiera la belleza de su alma.

Ambos se fundieron en un abrazo, ante la atenta mirada de su dueña.

Después, se perdió por la vereda dejando tras de si una estela de luz maravillosa.


14 de marzo de 2021

HA PASADO UN AÑO

 


Ha pasado un año desde que se decretó el estado de alarma que dio lugar al confinamiento domiciliario. 

Un cartel de "Se vende" en una ventana, unas flores huérfanas de amores en la entrada de una casa, balcones cerrados a cal y canto, sonrisas que se perdieron en una estrella, besos al cielo, donde dicen que ahora habitan, cerrojos que se han cerrado para siempre, ilusiones y sueños varados en el mar de la vida, abrazos que no se pudieron dar,  manos ausentes, rumbo a lo desconocido, miradas en busca del ser amado, desamparo en el corazón herido de muerte, despedidas que no pudieron ser, nostalgias que perduran en el tiempo...

La muerte forma parte de la vida, pero no nos enseñan a convivir con ella. 

Desde hace unos meses, una anciano que me saludaba al pasar desde su ventana, ya no lo hace. Otro que cuidaba las flores de la entrada de su casa, ha dejado el barrio para irse a vivir a una residencia. Mi amigo Txampi con el que charlaba muy a menudo, también se ha ido sin despedirse. Y así muchas historias más.

Mi barrio se ha quedado silencioso y triste. Tan solo escucho al pasar la nostalgia de la ausencia. 

Y mi amiga, Julia, Isabel, Raquel...también me han dejado huérfana.

Y mi gata Leticia se fue cuando menos lo esperaba. 

Cada uno conserva dentro de si la experiencia de este año maldito.

Y lo llevaremos siempre en nuestra memoria. 







Por aquellos días, donde estaba sola con mi gata Leticia, no paré de hacer el "indio".

Para no dejaros un mal sabor de boca con el recuerdo de tanto sufrimiento, os dejo estos vídeos para que sonriáis.



 
https://youtu.be/vDx5PusxWtQ




Y mi recuerdo a mi preciosa gatita de ojos azules.


P.D. Últimamente los vídeos que cuelgo en mis entradas no se ven en el móvil. Por lo visto hay que configurar una nueva opción y no sé hacerlo. He probado insertando el enlace y pegándolo en la entrada. He hecho la prueba con este último vídeo y así, si que se ve en el móvil. La mayoría de la gente utiliza el móvil más que el ordenador, de ahí que intente solucionarlo como sea.

5 de marzo de 2021

RAQUEL

 


Me llegaba hace unos días la noticia del fallecimiento de mi querida amiga, Raquel y mi corazón está roto de dolor.

La última vez que me comuniqué con ella, fue para felicitarle por su cumpleaños hace unas semanas.

Ambas cumplíamos en el mismo mes y nunca faltábamos a la cita.

Conocí a Raquel, al poco de llegar a Guardo, cuando regresé de Sevilla. Desde el primer instante, me cautivó su carácter alegre, vital, acogedor. 

Tenía una luz propia, capaz de irradiar con ella, a todo aquel que tuviera la dicha de conocerla. 

Sus ojos vivos, tenían la complicidad de llevarte a descubrir la belleza de su alma. 

Era una mujer de corazón generoso y bueno. De esas personas que desprenden autenticidad por todos los poros de su piel. 

Esposa, madre y abuela amorosa, amiga fiel. 

Pendiente de los más vulnerables, los necesitados, siempre dispuesta a hacer un favor. 

Esa sensibilidad suya para con las personas, se manifestaba de igual manera en su amor por los animales. 

A través de ella conocí a Tomás, su marido y a sus hijos y nietos. 

Su hijo Tomy, tenia un pequeño perrito llamado, Keny. Yo tenía una perrita llamada, Laika. Ambos se conocieron y se enamoraron y tuvieron unos cachorros preciosos.

Tomy y sus amigos iban a casa a verlos, e incluso uno de ellos adoptó a uno. 

Recuerdo a mi madre, ya enferma, disfrutar con aquellos chavales que invadían nuestra casa.

Así se fue forjando una bonita amistad con Raquel y su familia. 

Recuerdo muy bien, cuando Keny murió en sus brazos por un absurdo accidente.

Además ha tenido dos perritas más.

Alguna vez me cuidó a la mía en mis viajes a Sevilla. 

Cuando me vine a vivir a Navarra, le invité a pasar unos días en mi casa. Acababa de morir, Tomás y lo estaba pasando mal. 

Después, vino la pandemia y truncó nuestros planes.

Mi último WhatsApp fue para cantarle y desearle feliz cumpleaños. 

Recuerdo muy bien esas largas conversaciones en su casa mientras cosía. Era una gran modista.

Nos encantaba hablar de nuestras cosas y pasear a orillas del Carrión. 

Ahora mismo mientras escribo estas letras las lágrimas me impiden ver. 

Se ha ido una maravillosa amiga que iluminaba el mundo con su sonrisa. 

Hasta siempre, querida Raquel.

19 de febrero de 2021

RAICES

 


Hay personas que dicen no tener raíces. Incluso presumen de no sentirse de ninguna parte y ser ciudadanos del mundo.

Otros reniegan de sus raíces y de su origen, y cualquier  otro país les parece un paraíso.

Existe también gente que le importa muy poco ser de aquí o allí.

Otros defienden a capa y espada, como se suele decir, su procedencia, y no dudan que se les reconozca allá donde quiera que van.

Es lógico dada nuestra condición humana y sus peculiares características. 

Personalmente me conmueven esas personas que aman su pueblo con toda su alma.

Ayer, sin ir más lejos, me encontré a un amigo que al enterarse de que había nevado, no se lo pensó dos veces y se vino a Guardo a pasar unos días.

Como un chiquillo me contaba emocionado que había pasado la mañana recorriendo rincones que le eran familiares: la casa paterna, el barrio, la estación del tren, y hasta se atrevió a cruzar el puente de hierro como cuando era niño y competía con sus amigos a ver quien era el más valiente.

Llevaba en su mano una cámara fotográfica y me decía que había fotografiado todo lo que sus ojos habían visto.

Había querido rescatar retazos de su historia en aquellas instantáneas y guardarlas para siempre. 

Pasó la mañana pisando nieve, recorriendo calles y plazas, despacio, como regresando a su origen.

Pasado y presente se fusionan entre si volviendo al punto de partida como una necesidad imperiosa de encontrarnos a nosotros mismos. 

Y es que en el fondo yo soy igual que mi amigo. Aparecí aquí después de muchos años viviendo en el sur y he encontrado mi lugar. 

Estoy de nuevo anclada a mis raíces. 

No sabría vivir sintiendo el desarraigo en mi alma. 

Cada cual que haga lo que crea conveniente. 

P.D. De vez en cuando me abandonan las musas y entonces suelo rescatar antiguos relatos míos que Facebook me recuerda.  


10 de febrero de 2021

ISABEL

 



Nos acaba de dejar Isabel, escritora y poeta brillante.

El mundo de las letras está de luto.

Y también el mundo de la blogosfera, que es donde yo la conocí.

Desde que comencé a escribir en el blog, ella fue una de las primeras personas que comenzó a seguirme y que yo comencé a seguir.

Al cabo de un tiempo, habíamos formado sin proponérnoslo, una comunidad de amigos blogueros amantes de la literatura.

Compartíamos nuestros relatos, nuestras vivencias, viajes, fotografías, acontecimientos...

Es impresionante, como sin conocernos personalmente, se puede forjar una amistad virtual tan fuerte.

No hace mucho, también nos dejó Maria Jesús y fue un duro golpe. 

La Red nos unió y fue punto de encuentro durante largos años.

Después, los blogs dejaron paso a las redes sociales y comenzamos a comunicarnos por ese medio también. 

En la actualidad, somos menos los de aquella época, que mantenemos el blog abierto, pero queda intacta la amistad.




Isabel, nos comunicó un día, que había publicado su primer libro retomando así una pasión que siempre le había acompañado. 

Me puse en contacto con ella para comprarle alguna de obras. 



Mujer afectuosa y detallista, siempre me conmovía con sus dedicatorias.


Uno de los últimos libros que me dedicó fue el "Nervio de la Piedra", un libro de poemas.



Pero también tuvo el detalle de regalarme su libro titulado: "Mujeres de Otoño". Ocho relatos donde las mujeres son los personajes principales. 

Nos comunicábamos por el messenger, o por email.

No hace mucho mantuvimos una conversación animada sobre las circunstancias actuales de la sociedad.

He leído en "La Verdad" de Murcia, donde le han dedicado un artículo, que una de sus últimas novelas lleva por título:"La Epidemia del siglo" novela premonitoria, publicada en 2019.

Llevaba varías semanas hospitalizada. En uno de sus últimos versos compartidos advertía de la fragilidad humana: "Hoy somos torpes criaturas conscientes de su barro frágil"

Se despidió de nosotros en Facebook, por motivos de salud. A pesar del cuidado que había puesto, el "bicho" la había enganchado, decía. 

No le daba más importancia, mientras procuraba cuidarse y poder volver a comunicarse con nosotros.

Nada hacía prever que era su despedida.

A los amigos blogueros nos ha dejado el corazón roto, pero siempre permanecerá en nuestro recuerdo a través del legado de sus letras y por su enorme corazón y humanidad.

Arropamos a sus huérfanos libros en algún lugar del corazón.

Envío un fuerte abrazo a sus familiares.

¡Hasta siempre, querida amiga!