27 de marzo de 2023

EL MUERTO.

 


Aquella mañana, las campanas de Villa Candiles de Arriba tocaban a muerto.

Un toque de agonía, lento, a cuerda de dos campanas. Todo indicaba, que era un hombre el fallecido, por los tres toques que se escuchaban por las calles del pueblo.

Era un sonido triste, de despedida; como un quejido, un lamento...

Las campanas, con su repique, eran  las mensajeras, encargadas de comunicar en su propio idioma lo bueno y lo malo que acontecía en el lugar. 

Un ritual ancestral, símbolo de entendimiento entre los hombres y su aventura de vivir.

Con su repique,  eran capaces de reunir a las mujeres, hombres, niños y ancianos en un mismo sentir; ya fuera para un suceso luctuoso, o una alegría festiva.

Su sonido, tenía varios significados: desde un toque religioso, para acudir a misa, o rezar el ángelus, el repicar en una procesión, o el toque a muerto, toque de tormenta, toque de arrebato o de fuego. Incluso para marcar el paso del tiempo desde el amanecer hasta el anochecer.

Aquella mañana el pueblo se vistió de tristeza, ya que le había llegado la hora de la partida a uno de ellos.

En pequeños corros, las gentes hablaban en voz baja, como intentando respetar el dolor de familiares y amigos.

Apenas sucedía nada diferente de las pequeñas rutinas que a todos les atañían y, la novedad, era la noticia que corría de boca en boca.

La pequeña, María, jugaba en la plaza con sus primos. Su tía, Emilia la llamó a gritos, pues se resistía a acudir a su llamada. 

Era una niña cabezota, independiente y soñadora que le gustaba ir por libre.

Al fin, no le quedó más remedio que ir donde se encontraba su tía, pues la amenazaba con ir a por ella y traerla a rastras si fuera necesario. No la quería dejar en la calle a su libre albedrío, pues la habían dejado a su custodia todo el verano y no era de fiar.

-Ven, vamos a ir a casa de Alicia, se ha muerto su padre que es familia nuestra y hay que darle le pésame. 

-¿Qué es el pésame? 

- Es una manera de mostrar dolor y pena a los familiares de alguien que ha fallecido.

-¿Y como se hace?

-Tú, no tienes que decir nada. Yo me encargo.

- ¡Ah, bueno...!

María no estaba muy conforme, pero se dejó peinar, después de haberse cambiado de vestido.

Los zapatos de los domingos, un lazo en el pelo y unas gotas de colonia fueron el aderezo final antes de emprender calle abajo.

Por el camino se iban cruzando con más vecinos que llevaban el mismo camino, hacía la casa del difunto. 

Incluso se podían ver algunos coches, llegados de la capital, de  familiares que habían venido a despedirle.

La puerta estaba abierta. 

La gente se arremolinaba en la pequeña estancia encalada con una ventana que daba al huerto familiar.

En la cama, postrado, el cadáver frío de un hombre de unos cincuenta años. Nariz aguileña, color amarillento, pelo ensortijado. Tenía un semblante de paz en su rostro.

En sus manos enlazadas, almas piadosas habían colocado un rosario.

Le habían amortajado con el traje de su boda; camisa blanca y corbata azul.

Esperaban que la funeraria trajera la caja para meterlo dentro. La más cercana estaba a unos kilómetros del pueblo y no había podido llegar.

El silencio, solo era interrumpido por las toses de los allí presentes. Apenas unos leves susurros al oído de los familiares, haciéndoles partícipes de su pena los que poco a poco iban llegando.

Era un dolor sereno, sin grandes aspavientos. 

Abrazos, lentos y sentidos.

Las lágrimas caían lentamente, mansas y serenas, como aceptando la llegada del final del ser amado.

Había una comunión de afectos y dolorida pena, forjada al amparo de las vivencias de cada uno de los que rodeaban aquel ser sin vida.

A la pequeña, María, no la dejaron entrar dentro de la habitación.

Había que preservar a los niños de algo tan cruel como es la muerte, decían los mayores.

María, y los niños de la casa, nietos del difunto, se quedaron abajo, en la cocina. Eso si, muy callados, pues habían sido amonestados a portarse bien por las circunstancias del momento.

Pero en un descuido, María se escurrió lentamente por las escaleras sin ser vista hasta hacerse un hueco en la habitación.

Detrás de una columna, nadie la podía ver, pero ella veía a todos.

Desde su escondrijo, sus negros ojos se fijaron en el cadáver que yacía inerte y le pareció, la miraba, incluso llamándola por su nombre. Sintió un sudor frío, mientras sus piernecillas parecían flaquear.

Le vio levantarse y salir a su encuentro gritándola  como tantas veces.

Temió la alcanzara por fin y se desquitase de tanta burla con que le habían obsequiado.

El difunto se llamaba, Teodoro y tenía un huerto con árboles frutales.

En las tardes de estío, muchas veces se habían subido a la tapia para robar alguno de sus preciados tesoros en aquel trozo de tierra fértil.

Más de una vez, tuvieron que salir huyendo, por haber sido pilladas infraganti, mientras escuchaban los gritos enfadados del señor Teodoro.

Ellos, le hacían burla desde lejos y gritaban su nombre.

Un nudo en la garganta le impedía casi respirar.

Tenía miedo.

Un miedo a lo desconocido.

Jamás había visto un muerto y se sentía acongojada.

Después de unos minutos, se dio cuenta de que todo lo había imaginado.

El señor, Teodoro, permanecía rígido. Ni sus ojos, ni su boca, ni las manos tenían movimiento alguno.

Después del primer susto, se fue serenando. Incluso, hicieron intención de aparecer unas lágrimas, que amenazaban con salir resbalando por su hermosa carita. 

Eran demasiadas emociones para su pequeño corazoncito.

Pero si algo había aprendido, de aquella circunstancia, era que el señor Teodoro ya no iba a volver jamás.

El huerto, de alguna manera se había quedado huérfano.

¿Quién se ocuparía ahora de él?

¿La muerte viene cuando menos lo esperas?

¿Será muy dolorosa?

¿Se podrá uno escabullir?

Estas preguntas se iba haciendo mientras bajaba las escaleras de la casa.

Una vez en la calle, se sintió aliviada.

Comenzó a caminar deprisa, sin rumbo fijo, como queriendo huir de allí, a no sabía donde.

Al cabo de un rato, se sentó en una enorme piedra. Lucía un sol primaveral. En el prado, unos caballos pastaban pacíficamente.

Un pajarillo cantaba en una rama.

El perro de una casa cercana salió a saludarla. Se sentó junto a ella largo rato.

La vida seguía latiendo en aquel lugar, a pesar de que la muerte había había pasado por allí sin esperarla.

María, cerró sus ojos como para mirar a sus adentros. 

Después, los abrió con todas sus fuerzas, se levantó de golpe y salió dando saltitos por las callejas.

Pasado un mes, su tía le dijo una mañana, que iban a ir a dormir a casa de un familiar que necesitaba compañía.

Su rebeldía le hizo contestar mal a su tía y, esta la reprendió.

- Una tiene que estar dispuesta a hacer algo por los demás, aunque no nos apetezca.

-Ya...pero no tengo ganas...

-Bueno, las ganas se hacen y ya está...

-Pues yo no tengo ganas, de hacer ganas...

Así podían estar horas enfrascadas en pequeñas discusiones.

Su tía, se daba cuenta de la responsabilidad de tenerla todos los veranos en casa y la necesidad de irla formando.

Pero ella, se resistía como gato panza arriba.

Al llegar la noche, emprendieron rumbo a la casa donde iban a pernoctar.

Una luna curiosona iba siguiendo sus pasos.

La calle estaba en silencio, tan solo interrumpido por los ladridos de los perros.

Al llegar frente a la puerta, María, cambió de color.

¡Era la casa del muerto!

Con un manotazo se deshizo de la mano de su tía sin querer entrar dentro.

-¿Pero qué te pasa?

- Nada...que quiero irme a casa.

-Mira, la hija del señor Teodoro me ha pedido venga a dormir con ella, que se ha quedado sola esta noche.

-Ya...pero...yo ...

Tras un pequeño forcejeo, su tía la empujó hacia el portal.

-¡Alicia, estamos aquí!

-¡Ah, hola!

María, caminaba despacio, con desgana, obligada...

En unos minutos se tomaron un vaso de leche con cola cao y se fueron a la cama. 

María, estaba angustiada, no sabía como zafarse y echar a correr lejos.

¡La cama del muerto... la cama del muerto... la cama del muerto...! Iba diciendo para sus adentros.

Una vez allí, se pusieron el camisón y se dispusieron a acostarse.

Era una cama de matrimonio. La de los padres de, Alicia, que ahora había heredado ella.

-María, tú en medio.

- ¡Venga, venga, María...!

¡Ya voy!

Un ligero temblor invadía el cuerpecillo desgarbado de  aquella niña respondona y rebelde.

Haciendo de tripas corazón, como se suele decir, de un salto de metió en medio de las dos.

Solo así, en medio, se sentía más protegida.

¿No andaría por allí el señor Teodoro con un palo?

Ahora estaba a su merced. 

No podría escapar.

Intentó cerrar los ojos, mientras se agarraba a la mano de su tía.

-¿Pero qué te pasa. Estás helada?

-No, nada...

No podía quitarse de la cabeza la cara y las manos inertes del señor Teodoro en aquella misma cama.

Si, en la mima cama...

¿Cómo podía haberle ocurrido a ella eso?

Pensó en contarles su secreto; que había visto al muerto encima de la cama, si, si...de la mismísima cama... que le tenía miedo en vida, que le parecía que estaba allí todavía de alguna manera esperando tomarse su venganza.

Pero, pensó la tomarían por una niña. Y ella era ya casi una mujer. No estaba dispuesta a ceder, a pesar de su temor.

Igual, así, se le quitaba para siempre el miedo al señor Teodoro y a la muerte. Porque mira que la muerte es fea...ah, y el señor Teodoro también era bastante feo.

La ventana del jardín estaba abierta y unas sombras juguetonas se dibujaron en la pared.

María, dio un respingo, que no pudieron percibir sus compañeras que estaban dormidas como un tronco.

Se metió debajo las sábanas sin que se le viera ni la cabeza.

Respiró una y otra vez lentamente hasta serenarse.

Tengo que tener fuerzas- se dijo- la vida no es nada fácil por lo que estoy observando en mis cortos años.

Después, sacó la cabeza y se armó de valentía.

La luna, le sonreía asomada a la ventana.

En unos minutos sus ojos se cerraron agotados.

¿Velaría su sueño el espíritu del señor, Teodoro?


P.D. Basado en hechos reales.


17 de marzo de 2023

BARRIO

 


El barrio se llena de vida cuando llega el buen tiempo. 

Los ancianos, después de largos meses viendo pasar el tiempo a través de la ventana salen presurosos de su escondrijo.

Su palidez les delata. 

Pero aún les quedan fuerzas para saborear la vida. Se nota, en sus caras anhelantes, de que alguien les dedique una sonrisa cómplice, un saludo, una mirada afectuosa. 

Un grupo de mujeres realizan unos ejercicios en el parque cercano.

Sus risas, llenan la mañana de una alegría festiva, pues es fin de semana.

Una pequeña niña, se acerca a mi y me regala un caramelo.

Tiene unos rebeldes rizos en su pelo, y su mirada es azul cielo.

Le doy las gracias, mientras doy unos saltitos a su lado para que me sienta cercana.

Luego, me dice adiós con su pequeña manita, donde aflora la generosidad más pura y bella.

Por el parque cercano, salta y corre con sus pequeñas, una joven madre. 

Es casi una niña.

A su lado, un chico joven que parece ser su pareja, le grita:

 ¡Ainara, ya está bien!

¿Cuántas veces te he dicho que tienes que aprender a comportarte?

Ella, se para en seco y con ella las pequeñas niñas. 

Le miran con temor, mientras cabizbajas se alejan. 

¡No podemos hacer nada, siempre nos riñes...!

La queja, el reproche, la rabia, se pierde en la mañana llena de luz y alegría.

Hay gente que  se empeña en tapar el sol con el poso amargo de su alma atormentada.

El hombre, metido en si mismo, con gesto adusto y desapacible, se fija en mi al pasar. 

Sus ojos se fijan en los míos. Creo que perciben mi reproche.

Y de nuevo les grita con malos modos.

A punto estoy de gritarle yo también.

Hasta un pequeño gorrión se sobrecoge y revolotea a su lado, como intentado hacerle entender lo feo de su comportamiento.

Las terrazas arropan a familias enteras, mientras el sol les besa la cara en esta mañana de sábado primaveral.

Un chico muy joven pasa cerca. 

Su andar es seguro, ágil. 

Lleva una rosa en la mano. 

Puedo ver su corazón ilusionado.

Incluso juego a saber quien será la destinataria de esa flor tan bella.

Poesía a pie de calle.

Contrastes de colores. 

Luces y sombras del ser humano.

Dos muchachas están enfrascadas en una conversación muy amena, por lo que puedo comprobar al ver sus gestos. 

Una de ellas lleva dos perros con un arnés. 

El sol aprieta con fuerza, mientras los canes buscan refugio entre la sombra que producen los cuerpos de las dos amigas.

La conversación va para largo. 

Al final, los animalitos se tumban en el suelo.

Entro a tomar un café en una terraza cerrada, con intención de leer la prensa y un libro que llevo dentro del bolso.

Empiezo a rebuscar las gafas y no aparecen por ningún lugar.

¡Buff...me las he dejado en casa!

Tan solo puedo leer las letras grandes de los titulares.

Una mujer bastante joven, lleva a su marido en una silla de ruedas. Intenta meterlo dentro de la terraza, por la rampa que hay, pero no puede.

Me levanto rauda a ayudarle.

La puerta es estrecha y apenas cabe la silla.

La mujer es aparentemente frágil. 

Tiene la mirada triste. 

El hombre, se deja llevar. Hay un halo de resignación en su actitud.

Agradecen mi ayuda.

En una mesa cercana a la puerta, un hombre y una mujer, no se han inmutado al ver el problema de la silla.

Los han visto, pero no iba con ellos.

Quizá yo lo he vivido en carnes propias. Cuidé a mi madre que estuvo largos años en silla de ruedas y tengo más empatía.

Al llegar a casa, en el jardín, veo a una madre con un montón de táper en la mano. Un muchacho joven ha entrado a la vez que yo y me ha saludado.

Es su hijo.

Le mira, le acaricia el pelo, le sonríe, le besa, y le entrega  tan preciada mercancía. 

¡Ay, las madres!

Saludo al pasar, mientras insinúo que me apunto al festín.

Sonríen ambos. 

Yo también.

Esto es barrio.


5 de marzo de 2023

TRADICIONES

 


¿No os ocurre que a veces se os escapa la vida?

Quizá tan solo me ocurre a mi por mi edad.

Llega un momento, que el tiempo, no corre...¡Vuela!

Por eso me propongo beberme sorbo a sorbo la vida, paladeando suavemente el vivir.

No niego, que a veces, siento las ganas de quedarme tranquila en casa, en el sofá, vegetando.

Pero abandono esa tentación con enorme rapidez, pues luego, siempre me arrepiento de aquello que dejé de hacer.




Esta tarde, emprendí el camino hacía el casco viejo, donde iba a tener lugar con motivo de los carnavales, la quema de Tártalo, un ser de la mitología vasca, que representa a un cíclope antropomorfo, gigantesco, con un solo ojo en medio de la frente con costumbres antropófagas y comportamiento cruel. 

Vivía en el monte próximo a Zizur Mayor y Astraín, el monte Erreniega. Su entretenimiento era tirar piedras de un monte a otro. Se alimentaba de ovejas, niños, e incluso adultos. Tenía un anillo mágico que le servía para controlar a sus presas. 

Al grito de: ¿Dónde estás? por parte de, Tártalo, el anillo respondía:¡Aquí estoy, aquí estoy! y así les descubría fácilmente. 

Me fascinan las tradiciones de los pueblos con su cultura ancestral, que va pasando de padres a hijos.

Me gusta cuando llego a un lugar hacerme una más. Conocer a sus gentes, su cultura...

Es la única manera de enriquecerme y no quedarme en mi pequeño mundo.

No sabía muy bien donde iba a tener lugar el acto, pero una chiquillería que llevaba el mismo camino me fue indicando donde era.

Al poco rato, comenzó un desfile por las calles con los Zampantar danzando a golpe de cencerro, los gaiteros de Zizur, Joaldunak, Zizurko Trikitilariak y Birariak Dantza Taldea y Z.G.A.

Al llegar a la plaza, se hizo un corro alrededor de Tártalo y dio comienzo una danza antes de ser llevado a la hoguera.

Por allí estaban mis amigos del grupo Birariak con sus trajes y tocados multicolores.

-¿No te pierdes una, eh, Maripaz?

Una voz desconocida me susurraba al oído.

Pero veo a Eduardo a su lado y se me enciende la bombilla.

Y es que ...me ocurre una cosa. Cuando no van vestidos con los trajes con los que bailan, apenas les reconozco. Les veo en grupo y es difícil luego ponerles cara a cada uno.

Saludo a mis amigos gemelos que van tocando en un grupo, y les comento, que si han visto unas fotos que les hice el otro día, por si no quieren les ponga en la Red.

-¡Ya somos mayores de edad, Maripaz! Nos puedes poner, me responden orgullosos.

Poco a poco, voy subiendo al compás de la música, que alegra mi alma, por una cuesta cercana a la iglesia donde ya veo la hoguera preparada.

Los niños se arremolinan para ver por última vez a Tártalo, antes de ser devorado por las llamas. 

Gritan y le increpan sin cesar. Los más pequeños, en brazos de sus padres, observan con enormes ojos llenos de asombro lo que allí acontece. 

En unos instantes, las llamas se agigantan llenando de luz aquel rincón.

Los más atrevidos, se acercan al fuego, bajo la atenta mirada de sus padres que no les pierden de vista. Su inconsciencia les lleva a no temer nada.

¡Bendita edad!

Con el paso de los años, llegan los miedos que nos paralizan, los temores que nos hacen ser precavidos y sumisos ante un futuro incierto.

En apenas unos minutos tan solo quedan unas brasas.

 Del mítico ser, cenizas. 

De repente, veo a dos vecinas mías y las saludos.

Después, me pierdo con el grupo de danzas Birariak y terminamos en el Azcona de zuritos.

Dentro, hay un ambiente acogedor de amigos.

En una mesa cercana, veo a Jon y sus amigos. Me acerco a saludarles y reímos y charlamos un rato.

Son gente afectuosa, que me ha acogido con enorme cariño.

Incluso me han invitado a unirme a ellos para aprender a bailar.

Uno de ellos, sabio en historia, me va contando paso a paso las costumbres, las tradiciones que van pasando de generación en generación.

Es un apasionado. Fácilmente  capta mi atención y le escucho embobada. 

Otro, se me acerca y me da en un papelito, el teléfono suyo y el de su esposa, por si quiero acompañarlos en sus excursiones a pueblos cercanos donde bailan. 

Acepto encantada.

Ya sabéis como me gusta conocer gente nueva y estoy abierta siempre a nuevas aventuras.

Es tarde, y regreso a casa acompañada de mis nuevos amigos, no sin antes, probarme uno de sus coloridos sombreros. Mi amiga, Paquita me presta el suyo y me hace la foto. 

Promete ser un año estupendo. Por eso, no quiero perderme nada de nada...

El tiempo, no corre...¡vuela...!


24 de febrero de 2023

HERIDAS

 


Este pequeño guerrero venía de librar una y mil batallas de su recién estrenada vida a última hora de la tarde.

Llevaba impresas las heridas de guerra en sus pequeñas rodillas.
Quizá eran las primeras.
Lucían como condecoraciones por haber luchado.
Un pequeño campeón, que no me cabe duda, habrá soltado unas lágrimas cuando se haya ido de bruces al suelo.
Cuando yo me lo encontré sonreía feliz y ni se acordaba del percance.
Sentado en su sillita y bebiendo agua de su botella, regresaba a casa custodiado por su papá y su abuela.
Tenía la mirada tan clara, que la tarde se inundó de una luz especial.
Era la luz de la inocencia que con toda su belleza me había salido al encuentro. 
Fue un instante sublime que me produjo una sensación maravillosa.
Le vi alejarse, feliz, con su piel magullada y dispuesto a vivir mañana un nuevo día igual de intenso que de hoy.
Es la vida misma...
Comienza a vivir y le faltan ojos para mirar.
Necesita experimentar por él mismo los colores, los olores, los sabores...
No importan los tropezones, las caídas, el llanto...
Mañana correrá de nuevo detrás de una paloma con pasos vacilantes, saltará de felicidad ante la llegada de su madre, se soltará de la mano de su abuela, o de su padre, y querrá caminar solo hasta que tropiece de nuevo.
Los brazos de su mamá, su papá, su abuela, le acunarán mientras le cantan una nana.
Es el aprendizaje necesario antes de enfrentarse a la vida.
Con el paso de los años, conservará alguna cicatriz que le devolverá a la infancia, y quizá le parezcan minúsculas si las compara con las de su vida de adulto.
Bendita infancia.

17 de febrero de 2023

MAÑANAS DE SOL.

 


De vez en cuando me abandonan las letras y una enorme pereza se adueña de mi. 

Por más que les hago burla y les saco la lengua, no aparecen...

Entonces, no se me ocurre nada que contar y, se me pasa por la mente la idea de cerrar el blog y con él un ciclo de mi vida virtual.

Y es que, un maravilloso sol se asoma por mi ventana y  me invita a salir de casa. 

Parece una primavera adelantada.

El sol es un embaucador de gentes soñadoras y con un puntito de locura a sus espaldas.

Siempre pienso, qué con mi edad, no puedo perderme nada de lo que la vida me ofrezca. Ahora, tengo salud, movilidad, entusiasmo, alegría y unas enormes ganas de saborear la vida.

Quizá, en apenas unos años, mis circunstancias cambien y no pueda hacer muchas de las cosas que ahora me son permitidas.

Estaba esta mañana en una tienda regentada por chinos. Un bazar donde hay toda clase de objetos muy variados. 

Una señora mayor entraba por la puerta con un andador, cuando yo casi salía.

- Buenos días. ¿Tiene bragas de algodón?

- Si, en la tercera estantería de la cuarta calle.

-Perdón, ¿De qué calle?

- De la cuarta.

Viendo que la señora no se aclaraba a las respuestas de la dueña que estaba en la caja, me brindé a ayudarla.

- Mira, hija, me gustan las bragas grandes y de algodón. 

¡Las de toda la vida, vamos...!

-Que tapen bien.

- A mi también, señora.

Me atreví a confesarla, mientras sonreía con complicidad.

La señora era un encanto. Arreglada, limpia, perfumada...

Y muy simpática.

-Mira, es que se ha quedado mi hija fuera con mi perro.

-No se preocupe, yo le ayudo.

Las bragas en cuestión estaban en una estantería a ras del suelo. Ella sola no podía cogerlas, por la posibilidad de irse al suelo.

Le cogí un par de ellas de la talla XL. 

Las extendimos todo lo largas y anchas que eran, calculando con que serían de su talla.

La señora, reía sin parar al verme en semejante tesitura.

Y comenzó a contarme sus últimos achaques, operaciones y demás problemas de salud que acompañan a la vejez. 

-¡Tengo 95 años!

- ¡Madre mía, está guapísima!

- Además, me gusta la vida y la gente. Vivo sola con mi perro en Pamplona. Bueno...mi hija que vive aquí me sigue la pista...jejeje.

Sus ojillos brillaban mientras me contaba algún retazo de su historia.

-Yo me hago mi comida, voy a la compra, cuando se trata de pequeñas cosas, salgo a pasear con mi perro, veo la tele...

El mundo se había parado en aquel instante.

Yo, no tenía prisa alguna y ella tampoco.

Eso de ir sin prisa alguna por la vida, es todo un lujo que se adquiere con el paso del tiempo, la jubilación y la serenidad que dan los años.

Y ese saber escuchar al otro, hacerle ver que nos interesa lo suyo, lo que cuenta, es un arte que se va perdiendo, por la prisa, la indiferencia, el egoísmo, la despreocupación, el desinterés... 

- Me llevaré un par de ellas y luego veré...

- Muy bien. Así va sobre seguro.

Al instante nos acercamos a la caja, no sin antes haberme dado las gracias, mientras se apoyaba en su andador.

-¿Cuanto valen?

-Seis euros.

¡Uy, que caras...

-Ha subido todo: la cesta de la compra, la gasolina, el gas y hasta las bragas...jejeje.

Fuera estaba la hija con el perro y una prima charlando.

Acaricié al perro, mientras ella nos presentaba.

Me presentaba al perro, que la hija seguía charlando sin mirarnos.

- No le gusta mucho que le toquen el morro.

-No se preocupe. Ejerzo en ellos un poder de seducción que les atraigo.

-Pues es verdad.

-Mira como se deja acariciar.

-¡Adiós, bonita!

-Adiós, señora. Ha sido un placer.

Seguí caminado por el parque cercano con mi carro repleto.

Las gentes disfrutaban de la mañana, mientras el sol me hacía un guiño juguetón.

Y efectivamente, en mi regreso a casa, pude acariciar a Kira y Milka que van con sus dueños. Dos perritas preciosas. Una, tiene un año, la otra es un bebé. No cabe duda de que la seducción existe.


10 de febrero de 2023

ATARDECER DE LA VIDA.


 Allí estaban delante de mi en la pescadería. 

Ella, muy dulce, el pelo blanco, la sonrisa a flor de piel, elegante, distinguida...

Él, no se cansaba de mirarla, mientras le comentaba algo al oído.

Hubo un momento, en que ella, puso su mano en el hombro de él.

No me dio tiempo de captar la instantánea.

Amor puro al atardecer de la vida.

Ya en la caja, volvimos a coincidir. 

Delante de nosotros, un hombre, con cara de malas pulgas y mirada hosca,  instaba a la cajera le dijera cual era el importe de la cuenta. 

Al lado, una mujer, un poco despistada, también le preguntaba cuanto le había cobrado con recelo e insistencia.

En un momento, se habían juntado los dos y se habían hecho un lío con las compras.

Yo escuché a la cajera decirle al señor el importe de la compra, pero él estaba ensimismado en no quitar ojo a la señora  que le parecía le había invadido y no se enteró.

- ¿Dónde me has metido el queso?

-En la bolsa, señora, pues se lo iba a dejar aquí. 

-Ah, es que eres un poco lenta.

La cajera, con una sonrisa y enorme paciencia, procuraba controlar la situación.

Detrás de mi, estaba el matrimonio de la pescadería. 

Ella, pasó a mi lado rozándome. 

- Perdona.

- No se preocupe.

Y con una sonrisa encantadora y buenos modales pasó un andador por mi lado.

Él, no la quitaba ojo, por si necesitaba echarle una mano.

El señor con cara de malas pulgas y la señora despistada, se perdían por la plaza, mientras yo trataba de facilitar al matrimonio la aventura de meter en el carro las provisiones. 

Nos despedimos de manera afectuosa.

29 de enero de 2023

KINGS OF ROCK- TRIBUTE

 


Últimamente me he propuesto dar voz a los grupos que hay en Guardo y que con su música nos alegran la vida.

Las zonas rurales no pasan por su mejor momento, pero las gentes que viven en ellas se niegan a morir en vida. Una manera de seguir viviendo es amando la cultura. El teatro, la música, la literatura, la danza, la escultura, la pintura, el cine...

De esa manera es más fácil seguir luchando por los derechos y el deseo de seguir viviendo en el pueblo.

Este pueblo al que amo, tiene una Escuela de Música, Danza y Teatro de primer nivel.

Muchas veces me habéis comentado la riqueza cultural que encierra Guardo a través de sus gentes inquietas y con mucho potencial para el arte. A lo largo del año las actividades culturales van pasando sin cesar por mi mirada a través de internet, ya que en el invierno no puedo seguirlas in situ.

No así, durante el verano, donde acudo ilusionada a mi cita y procuro participar en todo lo que puedo.

Este concierto que os traigo, fue en el verano pasado, con motivo de un homenaje a una persona muy querida por todos y que se fue demasiado pronto.

Cada año se le recuerda con enorme cariño.

Como estaban a ras del suelo, les pude grabar a mi antojo, pues cuando están encima de un escenario es difícil hacerlo con el móvil. Hace tiempo, me implicaba más en hacer los vídeos con la cámara fotográfica con un buen zoom que me permitía captar pequeños detalles de lo que allí ocurría, pero ya no me tomo tan en serio los reportajes, entre otras cosas porque acabé saturada. La vida del reportero es dura y, yo como tan solo estaba jugando a serlo, era una jubilada curiosa y atrevida y que no lo necesitaba para subsistir, opté por abandonar.



El grupo lo componen: Chris, Edu, Dani, Isma, Pipe y Chano.

Tengo que pediros disculpas por la mala calidad de las fotos, pues están hechas con el móvil, aquí te pillo, aquí te mato, con la sola intención de lanzarlas a las redes sociales en el momento. Mi intención entonces, no era hacerles un reportaje en mi blog. 

Bien es verdad, que les podía haber pedido a ellos alguna, pero mi amigo Pipe, que ha sido con el que he contactado para que me contara la historia del grupo, es un currante nato en su vida profesional y no he querido robarle más minutos de su tiempo.



Como me la ha contado, Pipe así os la cuento. 

Su historia es esta.

Chano, en la foto, llevaba tiempo pensando en formar un nuevo grupo para tocar temas de rock clásico en inglés.



Pipe, hacía poco que había empezado con la guitarra en la Escuela de Música, pero le apetecía ¡Tocar más!


Edu, había formado parte del grupo "Dispersos" también de la localidad y del que ya os hablé en su día.


Dani, a la derecha de la foto, el batería del grupo, también había formado parte de los "Dispersos"

A ambos, no les importaba juntarse alguna vez para tocar unos temas.



Un día, Chano tuvo que ir a casa de Chris, a la izquierda de la foto a cambiar una cerradura y, a raíz de una llamada de móvil con un sonido rockero de guitarra, le tiró la caña...

Pero no fue hasta varias cañas después, otro día, en que él aceptó la invitación a cantar y a tocar el teclado.



El último en llegar, fue Isma que también tocaba un poco la guitarra y se sumó al proyecto.

El resto fue rodado...

Después del estreno en Barrios de la Vega en 2018, vinieron varios conciertos en los alrededores de la zona.

El repertorio se hizo amplio y variado, teniendo que cantar algunos temas tanto, Edu como Isma o la armónica entre Pipe y Chris.

¿Dónde acabará esto?

Ni ellos mismos los saben. Lo que tienen claro es que les gusta pasárselo en grande en los conciertos, viendo disfrutar al público.

Hasta aquí, la historia que me ha enviado Pipe por WhatsApp.

Respecto a lo de pasárselo bien, viendo disfrutar a público, doy fe de ello. 

Y vosotros también a través de los vídeos que os muestro.









Personalmente, disfruté cual adolescente locuela. Tanto el grupo, como la gente, totalmente entregada.

Estábamos en casa y eso se percibía.

Fue un día entrañable, donde al llegar la noche tuve que ir a casa a por una sudadera, porque las noches de Guardo son fresquitas...jejeje.



Se sirvieron bebidas, jamón y cosas ricas de la zona de la Montaña Palentina.


La alegría se podía adivinar en los asistentes.



Ambiente festivo y desenfadado. 



El final del concierto fue apoteósico.

Aquí os dejo el vídeo completo.



Como colofón, una foto de despedida.



No se me ocurrió haberles prestado mi palo del selfie para su fotografía.

Yo estaba a lo mío...

Espero os haya gustado mi reportaje, hecho con enorme cariño para ellos y para vosotros.

El día 24 no faltaron a la cita de mi cumpleaños y me dedicaron una canción. 

¡Gracias, chicos!

Me gusta dar a conocer a las personas que ponen ilusión y trabajo, en dar vida a los pueblos.

Los pueblos son de capital importancia en la vida de los países. No les dejemos morir.

23 de enero de 2023

CUMPLEAÑOS FELIZ.

 


Apenas me quedan unas horas de mis 74 años.

Cumplo 75 en nada...

Esta bonita fotografía, me la hizo este verano, mi vecino Pablo en el jardín, junto a las rosas que plantaron nuestros padres y que de alguna manera están presentes en ellas.

Soy muy fotogénica. Os aseguro, que al natural pierdo bastante. Las manchas se han adueñado de mi epidermis, los ojos hundidos y la piel flácida me delatan.

Pero soy coqueta, presumida, alegre. Me encanta la ropa bonita y arreglarme.

¡Ah, y me quiero muchísimo!

No sé la hora en que vine al mundo el día 24 de Enero de 1948.

Aunque por mi edad, soy una anciana hace años, la llegada de los 75 son palabras mayores...jejeje.

Comienza la cuenta atrás.

Se me antoja que la ancianidad ya es un hecho.

No me quejo de la vida. 

La amo apasionadamente.

La amo, con todos los claroscuros que conlleva. Paisajes en blanco, negro, gris... que componen mi pasado. 

Tengo salud, familia, amigos, vecinos, conocidos...

Dinero, lo justo.

Ilusión, a raudales.


¡ Pero mi alma es joven!

Y me refugio en el mundo de la fantasía para seguir siendo niña.

Todavía creo en los cuentos, y me atrevo a surcar los mares de mi imaginación para sentirme viva por dentro.

No pienso renunciar a mi puntito de locura.

Me sumerjo en el mundo de los cuerdos lo justo y necesario.



Me encanta leer.



Adoro los veranos en Guardo, a orilla del Río Carrión.



Me pierden los perros.



Y los gatos.



Y los caballos. 

Todos los animalitos.



Mis raíces son mineras.



Me encanta grabar y hacer fotos.
Durante varios años, fui cronista de la vida del pueblo.




Y hacerme selfies cual adolescente.

Eso si, los defectos no os los pienso contar.

Aviso, que son bastantes...




Amo a Guardo y sus gentes.



Y también a Sevilla y sus gentes.




Y por supuesto a Navarra y sus gentes, que es donde vivo actualmente.

Porque nuestra historia está escrita en los rincones, las calles, las plazas, las grandes avenidas, donde aprendimos a amar la vida.



Desde hace unas semanas, imitando a mi amigo, Rubén, llevo dando la chapa a mis seguidores en las Redes Sociales, intrigándoles con qué la fecha que ellos y yos sabemos, se acerca...

Algunos, preguntan sorprendidos, otros ya saben de que va esta movida y sonríen divertidos, aunque no los vea. O quizá muchos de ellos digan: "¡Ya está aquí la pesada esta!

Me gusta contar lo que mis ojos ven. Para ello casi siempre me acompaño de mi cámara o el móvil.

La magia de la vida puede aparecer en cualquier momento y hay que estar atenta para atraparla.



Tan solo quiero vivir intensamente este nuevo año que me brinda la vida.

Cuento con vuestra valiosa compañía, amigos blogueros y seguidores del Baúl de Laika.

10 de enero de 2023

HISTORIAS MÍNIMAS

 


El año pasado en Navidad estuve en Conil de la Frontera. Cádiz. 


De esos días conservo unas cuantas fotografías.

Fueron días maravillosos a orilla del mar.


Fotos para el recuerdo.


Instantáneas que conservo en mi memoria.

Pero este año las fiestas navideñas las he pasado en Zizur. 
He disfrutado mucho de la Cabalgata del Olentzero y los Reyes Magos, pues apenas he estado en estas fechas.
Una vez terminadas, comienza la vida normal.
Esta mañana, al volver la esquina, me salió al encuentro una abuela que cuidaba a sus dos nietos. 
El más pequeño iba en cochecito, el otro andando.
La abuela cantaba a San Fermín, mientras perseguía con el coche al chiquillo como si fuera un toro que trataba de embestirle.
Los dos críos chillaban divertidos bajo mi atenta mirada.
La escena me cautivó por su ternura.
En una calle cercana, hay un grupo de jubilados sentados en un banco.
Pasa un matrimonio y se queda hablando con ellos, pues se ve que se conocen.
Entre los jubilados, sobresale la voz de uno de ellos que ha trabajado en una cantera y se siente revivir cada vez que lo recuerda.
-Sacábamos mucha arena; arena fina, arena pasta...
No es la primera vez que le escucho al pasar, hablar de su antigua profesión.
Habla con tal pasión y a grandes voces, que no puedo por menos de poner atención.
El matrimonio hace ademán de marcharse.
-Me voy, se me pasa el asado (dice el marido)
-¡Uy, pues el asado pasado...!
Y se alejan, mientras los demás escuchan nuevas teorías sobre la arena.
Dos hombres entrados en años, rememoran sus quince años apoyados en la pared de la Casa de la Cultura.
-¡Ah, los quince años!
-¡Madre mía, que bonitos los quince años!
-¡Cuanta belleza!
- ¿Recuerdas a Beatriz?
-¿Y a María, Lidia, Marta...y tantas...?
Cerca de casa, observo a una pequeña niña que lleva una bicicleta infantil y su muñeca sentada en un sillín adaptado para ella.
Es morena, de ojos oscuros, manos regordetas y sonrisa cautivadora. Su pelo, cae en bucles por los hombros. 
Habla y habla sin parar.
Sus padres la siguen de cerca.
Al llegar a mi altura, la hago saber que me gusta su bebé, el que lleva en la bici.
Ella, se para muy sería y señala la tripa de su mamá.
-El bebé, está ahí.
-¡Ah, que ilusión!. 
-¡Hay otro bebé ahí escondido!
Sonríe la madre, el padre, y sonrío yo.
La mañana se ha llenado de la luz de la vida en ese instante.
Les felicito por ese regalo que esperan con enorme ilusión los tres.
Me ha conmovido la calidez del momento vivido.
Se alejan por una calle cercana, mientras la peque me dice adiós con su manita.
Ha compartido su secreto conmigo y ya me considera su amiga.
La magia puede aparecer en cualquier rincón. Tan solo hay que saber rescatarla.
Historias mínimas desde mi curiosa mirada.



16 de diciembre de 2022

NAVIDAD


 Apenas he dormido anoche. De vez en cuando me desvelo y el insomnio se adueña de mi.

Me pongo entonces la radio, con los auriculares, para ver si así me canso y puedo por fin conciliar el sueño.

Voy cambiando de emisoras, según los programas nocturnos. Son entretenidos y me sirven. Pero claro, llega la hora de dar las noticias y mi gozo en un pozo. Todo lo que cuentan es negativo, tremendista, doloroso...

Entonces, mis ojos bailan una danza imaginaria donde la desazón se adueña de mi. Imposible cerrarlos.

Como consecuencia, me levanto casi sonámbula, con la mirada perdida, los huesos molidos y el ánimo por los suelos.

Menos mal, que con el paso de las horas me voy recomponiendo.

Ya tenemos las fiestas navideñas aquí.

En el supermercado se pueden ver a las familias llenar el carro de la compra. 

Ardua tarea, pues con la subida de precios hay que hacer malabares para cuadrar las cuentas.

Se miran concienzudamente las marcas blancas, las ofertas, los chollos, hasta decidirse por algo.

"Pollo campero con salida al aire libre" leo en una etiqueta. 

Sonrío para mis adentros. Habría que preguntarle al pollo...

Me gusta observar a la gente, porque me veo reflejada en ella.

Mi amiga, que trabaja en la pescadería del súper cercano, tenía hoy una cola inmensa esperando. Con enorme destreza limpia el pescado de la manera que el cliente le va diciendo. 

¡Madre mía! 

¡Qué trabajo más duro!

Al llegar a la caja, la cola de espera también es enorme.

La gente de edad, ya no tenemos las manos ágiles como antaño.

Una mujer, con cara demacrada, enormes ojeras, pelo descuidado y cuerpo encorvado, trata de meter la compra en las bolsas. 

Se le amontona todo en un instante según va corriendo la cinta.

De tal manera,  que no le da tiempo.

Pero no se inmuta. Hace tiempo que ha asumido que la prisa no es buena para nada, y lentamente trata de hacer su cometido lo mejor que puede.

A su lado, un señor con tan solo una barra de pan, se inquieta.

Y otra mujer, un poco más joven que ella, con el carro casi lleno.

Y yo, que no llevo prisa alguna.

De repente, se le olvida el número Pin de la tarjeta. 

Mientras trata de recordarlo, esboza una tímida sonrisa, tratando de disculparse.

Para entonces, la cola se ha hecho interminable.

Observo las caras de los allí presentes. Personas maduras, con las cicatrices del paso del tiempo, en su cuerpo, en su pelo, en sus manos...

Rostros ajados, con el cansancio acumulado en su mirada, con prisa, con la responsabilidad de llegar a tiempo, al trabajo, a la casa. 

Agotados por el peso de los días.

¿O es qué, quizá yo lo vea hoy así, por mi noche de insomnio?

A la salida, mi amigo Ahmed, pide unas monedas. 

Su blanca sonrisa me conmueve y colaboro con su mermada economía.

 Me saluda, le saludo, y me alejo con las bolsas de la compra llenas.

El Otoño expira y los árboles desnudos me atrapan en su vulnerabilidad. Quizá como la de los humanos.

Desnudos de toda hojarasca vana, en más fácil reconocerse y aceptarse para alcanzar la paz con uno mismo.

Una madre abraza a su pequeño niño, que llora, despacito, con lágrimas dulces y tiernas.

¿Pero pueden ser las lágrimas dulces?

¿Tiernas, si, pero dulces...?

Bueno...se puede llorar de alegría y emoción.

A mi me han parecido dulces, porque corren despacito por su carita cobijándose en su pena. Son los primeros sollozos que nos marcan que la vida no va ser fácil.

-No, no te puedo cargar.

-Le dice la mamá bajito, mientras hace ademán de cogerlo en sus brazos.

No sé cual es el motivo de su pena, pero me acerco a interesarme por el pequeño, evitando saciar mi curiosidad. Simplemente, la escena me ha conmovido y quiero interesarme por él.

Es un crío muy guapo, moreno, de pelo revoltoso, ojos maravillosos llenos de lágrimas que parecen perlas.

Por unos instantes, el llanto cesa y pone su atención en mi.

-¿Por qué lloras?

No me contesta. Se siente cohibido.

-Mamá, no puede cogerte en brazos. ¡Eres tan grande ya...!

Sonríe el peque y su mamá.

No insisto es saber el porqué de sus lágrimas. 

Son suyas. De los dos. 

De su mamá y de él.

-Gracias, señora.

- De nada. Ha sido un placer.

La mamá limpia esas lágrimas dulces de su niño y yo me alejo despacito.

La magia de la vida te puede sorprender en cualquier rincón.

Al volver la esquina, me tropiezo con una vecina.

Tiene la mirada color azul, el pelo claro, sonrisa abierta, de maneras dulces y amante de la ropa bonita.

De hecho, nos hicimos amigas un verano que volvía yo de pasear con un vestido de Purificación García que le gustó. 

Fue ella, la que se acercó a mi y me saludó.

Saca del carro una bolsa, y me enseña una bonita bufanda que se acaba de comprar en una tienda del barrio.

-¡Es preciosa!

-¿Te gusta?

-Si, mucho.

Después, hablamos de nuestras cosas y quedamos para tomar un chocolate en su casa una tarde de estas cercanas a la Nochebuena.

¡Ah, pero yo había venido aquí a hablar de la Navidad!

El título así lo dice.

Os confieso, que desde hace unos años, estas fiestas no tienen para mi mucho aliciente.

Es más, incluso me agobian bastante.

Pero bueno, respeto a aquel que las viva intensamente desde sus creencias religiosas y su significado, o a los que les gusten las reuniones familiares.

Por eso, os deseo:

¡FELIZ NAVIDAD!