23 de septiembre de 2010

EL SOMBRERO DE PAJA




Descansaba de su ajetreado verano encima de una silla. Era un sombrero de paja cansado del sol veraniego y que se las prometía muy felices recién estrenado el otoño.
Por fin podre descansar y dormir a pierna suelta- se decía.

Tengo todo un invierno por delante para estar tirado a la bartola...
Jugaba con el lazo que le adornaba, como saboreando los días venideros. Su dueña que le observaba en silencio, al mirarle despacio, recordaba los días recientemente vividos llenos de sol y mar. Comenzaba una nueva estación y perezosamente iba guardando la ropa de alegres colores y suaves texturas.

Empezaba un nuevo curso y la monotonía de los días iguales se acentuaba en su animo. De repente se acerco y acaricio su sombrero como intentando retener el tiempo en sus manos y hasta le pareció percibir en él una sonrisa de complicidad. Pensaba guardarlo en una caja hasta la primavera, pero en aquél instante decidió dejarlo allí donde estaba...así podría acompañarle en su merecido descanso y soñar con nuevas aventuras en el futuro.

Una mañana apareció por la casa Pablito, un niño muy pequeño que sonreía a la vida. Con sus manitas infantiles espachurro el sombrero hasta hacerle daño. Desato el lazo y se lo puso a modo de corbata, después con el sombrero en su cabeza corrió hacia el jardín dando saltos. Sus gritos de jubilo despertaron a un ruiseñor que dormía acurrucado en una rama y que le correspondió con un trino de bienvenida. Bartolo, el perro, movió su cola alegremente viendo venir a Pablo y se escucharon varios ladridos como para darle a entender que estaba contento con su presencia. Una lajartija que se acurrucaba al lado de una rosa deseando pasar desapercibida contemplaba la escena muy nerviosa...temía que el niño la diera un pisotón en su alocada carrera.

Se había esfumado como por arte de magia, la paz que prometía la llegada de la nueva estación. Pero el sombrero en su interior reía a carcajadas contagiado por Pablito...y es que de descansar siempre habría tiempo.

M.Paz.
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11 comentarios:

mariajesusparadela dijo...

Sí señor, feliz de hacer su trabajo. Es verdad que de descansar siempre hay tiempo, sobretodo del "descanso eterno"

Curiyú dijo...

Siempre hay un roto para un descosido, viene a ser el caso?

Annick dijo...

Para estos diablillos no hay ni verano ni otoño , siempre alegrias .
No me extraña de que el sombrero esté contento !

Besos desde Málaga.

MAMÉ VALDÉS dijo...

Un sombrero, un lazo, un niño, un perro, una lagartija, una rosa, unas carcajadas y sobre todo mucha magia... Un saludo

Dilaida dijo...

Un relato mágico, me encantó.
Bicos

Isabel dijo...

Bueno, seguro que su dueña, luego lo volvería a recomponer, y en el fondo, el sombrero pasó un buen rato. Un beso

Alma Mateos Taborda dijo...

Precioso relato, escribes tan bien que me parece vivir las escenas. Te felicito. Un abrazo.

Troba dijo...

ternura hecha letra.
besos!

Eastriver dijo...

Tu relato es una metáfora de algo que no debemos nunca olvidar. Aunque las estaciones se sucedan, no podemos olvidar nunca la exigencia de ser felices.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Me encanta la poética que haces de los acontecimientos cotidianos, Maripaz.
"Las pequeñas cosas" -que nos cantaba Serrat-, las verdaderas, las que nos sustentan día a día, adquieren magia bajo tu mirada.
Besos admirados.

AROBOS dijo...

No quisiera yo ser sombrero en manos de ese diablillo.