19 de junio de 2010

EL TEMOR

Charlaban animadamente de sus cosas en una esquina compartiendo risas y recuerdos. De repente, un anciano se paró delante mirando insistentemente a uno de ellos. La risa se convirtió en una mueca dolorida, como algo inesperado que no quieres que sea real, como el recuerdo triste de la infancia que creías olvidada.
El anciano de ojos claros y penetrantes saludó secamente a su hijo. La mirada del hijo, temerosa, se cruzó con la de él, una mirada distante, fría, intentando sofocar las emociones de aquel encuentro fortuito.
Mientras hablan los dos de cosas intrascendentes, la mirada del desconocido acompañante pudo observar al anciano recién llegado. Tenia el pelo blanco, los ojos azules, alto, bien parecido. Conservaba aún un aspecto atractivo debido a la belleza de su juventud. Solo desdecía su aspecto descuidado y sucio, su ropa con olor a pasado, sus manos agrietadas por la vida, sus zapatos llenos de polvo, su mirada que aun guardaba la intransigencia y la dureza de siempre.
Alguna vez le volvió a ver por la calle. Le observó en silencio. Iba solo, observando a las gentes en su ir y venir.
Nunca me quiso, le dijo su amigo, jamas me acarició con amor, me pegó sin piedad durante años, le tenia verdadero pánico...de alguna manera he sido huérfano de padre.
No se puede amar, cuando no te han amado.