14 de noviembre de 2016

DESPEDIDAS


Os voy a contar un secreto. Para el próximo verano me voy a vivir a Pamplona.
Bueno, no es tan secreto...hay muchas personas que lo saben hace tiempo.
Pero hoy lo quiero contar yo personalmente.


Este verano, me encontraba yo en Pamplona, y de la revista el Quiqué, se ponían en contacto conmigo para que les respondiera a unas preguntas.
No tuve ningún inconveniente en aceptar, al contrario, todo un honor para mi,  y a los pocos días me las enviaron por correo.
En este vídeo podéis escuchar las respuestas que personalmente leo para vosotros.
Así comprenderéis los lazos afectivos que me atan a este lugar y lo que me cuesta marcharme de él.


Llegué aquí hace casi veinte años después de andar de acá para allá, y aunque al principio me costo habituarme a vivir en una zona rural, a los pocos años, supe que había encontrado mi rincón para pasar el resto de mi vida.
De natural, extrovertida, fui conociendo a los habitantes del lugar y reconociendo a los de mi época, cosa harto difícil, porque los años nos habían cambiado a cada uno.


Con la edad, cuesta mucho más dejar atrás, amigos, rutinas, lugares...y emprender algo nuevo.
Pero a veces, el sentido común se impone y no queda otra que utilizarlo, dejando atrás los requerimientos del corazón.



A lo largo de estos años, he recorrido el pueblo de parte a parte, junto con mi cámara, tratando de inmortalizar rostros de gentes sencillas sentadas en un banco del parque, o en la puerta de su casa, o en la barra de un bar. Bien es verdad que mis fotografías son muy simples, a cara lavada, como me gusta decir.
Nunca pretendí ser fotógrafa, ni escritora, ni reportera, ni poeta, pero hay una fuerza en mi interior que me empuja a contar lo que mis ojos ven con la sencillez de lo genuino. Y tengo que confesaros que he sido muy feliz haciéndolo.


Aquí me reencontré conmigo misma y mis raíces.
Bajo la atenta mirada de los viejos chopos, y a orillas del río Carrión, pude curar las heridas del paso del tiempo que a cada cual nos acompañan y saborear la vida.
Por eso, quise dar a conocer en la red, esta magnífica zona de la Montaña Palentina, por medio de reportajes, fotos y vídeos, para que supiera el mundo que existíamos.
Nuestras tradiciones, folklore y gastronomía pronto sería conocida por mis amigos blogueros que de alguna manera se sentían uno más del pueblo.



La vida en los pueblos,  me gusta decir, que tiene la calidez de lo inmediato. Cuando yo voy por una calle, es como si recorriera un rincón de mi casa. En cada calleja, esta escrita mi propia historia, y las gentes con las que me cruzo la conocen.
Por eso, me apena la idea de no volver a ver asiduamente todo aquello que amo.
¡Me llevo tantas cosas bonitas!



Este invierno será para mi, el de la despedida...
Y me siento cual pajarillo vulnerable y un poco perdido.
Me voy despidiendo lentamente, y poco a poco, para hacerlo más llevadero.
Eso si, me llevaré conmigo a cada uno ( incluso a aquellos que no me quieran bien, que de todo habrá...)



¡Ah! pero que os creíais, que os ibais a librar de mi?
Pues nada de eso...pienso venir todos los veranos...jejeje.
Y os volveré a encontrar por las calles como si nunca me hubiera ido.
Quedan muchos meses para mi partida, pero pasa el tiempo volando.


Y como la vida es bella, me pongo delante de vosotros de esta guisa, en plan andaluz, que para eso viví toda mi vida en Sevilla.


Y me despido de vosotros sonriendo, con la idea de mostraros una vez más las magníficas fotografías y el vídeo, que me hizo mi amiga, Ángeles, fotógrafa mexicana, aquella mañana en que se atrevió a robarme el alma.