28 de octubre de 2010

ADELA


Se despertó sobresaltada al escuchar unos fuertes golpes que provenían de la ventana de su dormitorio. Se calzó sus zapatillas de paño y se vistió la bata que reposaba a los pies de la cama. Su gata  "Perla"  que dormitaba cerca, se desperezó lentamente un poco aturdida por lo intempestiva de la hora.

Se dirigó al dormitorio de su hijo como pidiendo auxilio. Desde hacia muchos años, los dos vivían el uno para el otro y su sorpresa fué mayúscula al observar la cama vacía .

Se dirigió temerosa a la mirilla de la puerta y gritó conteniendo su angustia  ¿Quién es?

Su animo recobró el aliento al escuchar la voz de su hijo al otro lado .

-Soy yo, mamá

La anciana abrió la puerta sin más vacilaciones y dando un profundo suspiro le increpó diciendo ¿Donde tienes la llave?

- Me la dejé en casa, respondió somnoliento

-Come algo antes de acostarte, le dijo con ternura

Adela y Tomás vivian desde siempre en una casita en mitad del pueblo. Era una casa bonita. Adela, la había heredado de sus padres unos labradores que cultivaban sus numerosas tierras en aquel rincón de Castilla. Era grande y se conservaba bien.

Nada más entrar, un enorme zaguán daba paso a la cocina donde un banco de madera cercano a la chimenea formaba parte del mobiliario principal. Sujeta a los lados por dos aldabas, una especie de mesa que se sujetaba con los brazos del banco y se abría a la hora de comer.

Las habitaciones en el piso de arriba guardaban los recuerdos de Adela diseminados por doquier sin ninguna estética definida.

Al lado de la casa, había una hermosa huerta llenas ricas y variadas frutas y hortalizas de  temporada, que Tomas trabajaba con esmero.

La vida de Adela, no había sido fácil .De familia humilde, desde muy joven había que tenido que ponerse a trabajar en casa de un señor principal del pueblo .

Adela, era pequeñita de estatura, pero poseía unos ojillos picarones y un pelo ensortijado que le daban una gracia especial a su cara morena. Su especial atractivo no pasó desapercibido para el hijo del adinerado señor que se enseguida se encaprichó de ella.

Las ilusiones de Adela se convirtieron en sueños y no tardó en caer rendida a sus pies.

A los pocos meses, ocultaba con verguenza una incipiente barriga inusual en su delgado cuerpo. Su alegre sonrisa se fue apagando por un rictus de preocupación en su bonita cara que le impedía mirar a los demás a los ojos llena de miedo .

Su enamorado galán, una vez conseguido su capricho, se olvidó de ella, marchándose presuroso a estudiar a la ciudad.

Cuentan que los ojos de Adela, se volvieron sin brillo a causa de las lágrimas que derramaba sin parar. Apenas salía a la calle temerosa de las miradas inquisidoras de los vecinos . Juicios y maledicencias iban y venían por las callejas recónditas, apartándose de su camino cuando la veían acercarse.

Con el paso de los meses y su hijo a punto de nacer, decidió sacár su dignidad al exterior y disfrutar en un silencio amoroso del fruto que llevaba en su vientre . Paseaba a la caida de la tarde cerca del rio. En conversaciones de futuro fue tejiendo ilusiones nuevas.
-"Te llevaré de paseo por prados llenos de margaritas en primavera"- le decía. Iremos a escuchar cantar a los pajaríllos en los chopos a la caída de la tarde, te enseñaré la luna y las estrellas...

Tomás se crió siempre fuerte al lado de sus abuelos y su querida madre. Nunca le faltó de nada...fue el príncipe de su casa .

Adela, se quedó para siempre marginada a los ojos de los moradores del lugar los guardianes de la moral y las costumbres...

Pero volvió a recuperar la alegria de vivír gracias a su hijo que la necesitaba.

Ahora, le contempla embelesada mientras duerme...para ella, sigue siendo su niño.

AMORES


Están enamorados hasta las trancas. Su corazón late fuertemente al atardecer cuando se divisan a lo lejos por el paseo. Quisieran los dos deshacerse de las ataduras que les impiden correr, para ir uno en busca del otro. Su ingenio se agudiza para ver quien es que llega antes, haciendo a sus dueños aligerar el paso precipitadamente.


Cuando ya están uno en frente del otro, se abrazan, se lamen, se saludan, se quieren comer...

La gente les mira asombrada, mas de una sonrisa burlona se para a contemplar la escena, otros temerosos de su fogosidad, aligeran el paso.

Ellos, a lo suyo, se ponen el mundo por montera.


El amor, ilumina aquel rincón, y hasta el sol que perezoso y cansado está a punto de ocultarse, se muestra complacido.

A su lado, los dueños sonrien divertidos.

El amor es irresistible.