3 de octubre de 2017

LA SOMBRA


Me contaron la historia de un niño que le llevaron a conocer el mar. El pequeño niño al ver la arena de la playa y el agua que jugaba con ella, sintió deseos de correr con sus pies descalzos riendo y saltando. Pero he aquí, que de repente algo desconocido le salió al encuentro y un miedo instintivo le llevo a gritar con todas sus fuerzas buscando desconsolado los brazos de su mamá.
La madre corrió a su encuentro con la enorme preocupación de que una medusa o cualquier otro bicho le hubiera picado, pero no pudo dar con la causa del miedo de su retoño.
Fue al día siguiente, a su regreso a la playa y el niño volvió a gritar de nuevo, cuando se dio cuenta de que una sombra oscura se proyectaba en la arena con la silueta de su pequeño y era la causante de sus gritos.
Después de haberle cobijado entre sus brazos con inmensa ternura, el niño se sintió seguro y cejo en su llanto poco a poco mientras el sol le besaba con ternura.
Su hermano mayor un niño de sonrisa pícara y ojos bellos, se le acercó y le tomó de su mano mientras le animaba a pasear.
-"No te preocupes, peque, es algo que siempre va con nosotros"- le decía bajito-
Animado por la experiencia y la seguridad de su hermano a pesar de sus también pocos años, corrieron los dos al unísono  bajo la mirada atenta de su madre.
Ya desde la infancia al descubrir nuestro propio yo a través de la sombra, nos asustamos.  Con el paso de los años no logramos hacer la paces con ella, porque en el fondo nos da miedo profundizar en nuestro interior y aceptarnos tal cual somos.
Nos limitamos a aceptar aquello de nuestro propio ser que conocemos ligeramente, pero hay otro conocimiento que se nos escapa e ignoramos, que se agazapa en nuestra sombra.
La sombra según los entendidos es todo aquello que rechazamos de nuestro carácter y personalidad.
Una parte de nuestra manera de ser se manifiesta ante los demás y otra permanece oculta. A veces nos vemos reflejados en ellos precisamente en aquello que detestamos.
La sombra, abarca y esconde nuestros miedos e inseguridades, nuestra capacidad para el bien y para el mal, nuestros condicionamientos a causa de la educación...
De ahí que ese mundo desconocido nos cause temor.
A veces la imaginación y el miedo,  distorsionan nuestra propia sombra creando figuras que no reconocemos como propias.
Esta dama como fiel compañera nos seguirá a todas partes, pero me gusta pensar que siempre habrá un hermano mayor que cogerá nuestra mano en el camino de la vida, como el del protagonista de mi historia, o los besos de una madre, dándonos seguridad.
En fin...tampoco quería traer yo aquí un tratado de psicología. Simplemente relatar la bonita historia de un niño que le llevaron a conocer el mar.

P.D. Dedicado a Manuel y a Pablo.

15 comentarios:

Susana A dijo...

Hay que aprender a convivir con tu sombra. Un beso.

Conxita Casamitjana dijo...

Ternura despierta ese niño y su sombra, porque todo cuando alguien te sujeta la mano, te sonríe o está a tu lado, lo hace más fácil. Bonita manera de enfocarlo.
Besos

Pedro Luso dijo...

Olá, Maripaz!
Gostei muito dessa sua narrativa (conto é um dos gêneros da literatura que mais gosto). Peço licença para transcrever um trecho, que achei muito bom, como de resto todo o conto:

"La sombra, abarca y esconde nuestros miedos e inseguridades, nuestra capacidad para el bien y para el mal, nuestros condicionamientos a causa de la educación..."

Um forte abraço.
Pedro

Tesa Medina dijo...

Dice un proverbio árabe que "El hombre no puede saltar fuera de su sombra" y sí, así vamos pegados a ella, y como un lastre llevamos nuestro lado oscuro, ese que no mostramos, ese que a veces nos juega malas pasadas.

Un relato lleno de ternura e iniciático. El hermano mayor que guía al pequeño, el cobijo materno, el descubrimiento.

La primera vez que ví el mar en directo tenía 12 años y me quedé tan impresionada... Lo amé desde el mismo segundo.

La foto me pareció inquietante, Maripaz, hasta que descubrí que la sombra que sobrevuela al niño es una cometa. Muy bien captada. Me encanta.

Un abrazo, y sí creo que "el Almacén" está alborotado, menuda ocurrencia pensar que las personas son más flexibles que sus ineptos gobernantes.

Manuel dijo...

Querida amiga, esta entrada la has bordado, tanto por el tierno relato, como por la imagen, dulce y misteriosa a la vez.
Jamás me había yo planteado las sombras de esta manera. Muy interesante.
Besos.

Macondo dijo...

Recuerdo cuando vi por primera vez el mar. Mi edad ya tenía dos dígitos.
Un abrazo.

Jose dijo...

Si en muchas ocasiones nuestra sombra no tiene piedad con nosotros dándonos una gimen que no deseamos ver . Un precioso escrito como todo lo que escribes es magistral.

Gracias por tu siempre amable visita.

Un abrazo .

diego dijo...

Preciosa imagen poética y metafórica de la sombra. Aunque hay que reconocer su valor: el omnipotente Sol nunca verá su sombra... porque no la tiene. Seguro que es su única frustración :) Un beso, Maripaz.

Moni Revuelta dijo...

Precioso relato, maripaz..cierto es la maravilla de un hermano...
Y que foto más preciosa! Me encanta!!!
Un beso grande:)

Magdeli Valdés dijo...

si , hay que aprender de pequeños a manejar ese miedo al lado oscuro
seguro que es para recordando que estamos hecho de luz y de sombra

Adriana Alba dijo...

Hermosa y metafórica historia.
También pienso que hay hermanos mayores, guías y ángeles custodios que nos cobijan...claro que todos los seres humanos albergamos diferentes creencias.
Gracias por tu visita, te dejo un cariñoso abrazo.

Mary Tejerina dijo...

Impresionante M.Paz me encanta como has enfocado esta preciosa historia que , créeme , nos hizo reír un buen rato una vez descubrimos el porqué de ese temor
Lo cierto es que si lo piensas te hace recapacitar sobre cosas que nunca antes habríamos imaginado
Precioso de verdad y recuerda lo que ese pequeño pero gran hermano mayor dijo ...
“ NO TE PEROCUPES PEQUE , ESO ES ALGO QUE VA SIEMPRE CON NOSOTROS “
Muchas gracias :)

Rafael Humberto Lizarazo dijo...

A mi me tocó solo con mi sombra, soy el mayor de ocho hermanos... tuve la mano de mi madre.

Abrazos.

Ana Mª Ferrin dijo...

No sólo los niños, querida amiga, conocer por primera vez la inmensidad del mar es una experiencia importante se tenga la edad que sea. He conocido personas ancianas que lo veían por primera vez y lloraban de emoción. También un amigo tetrapléjico al que lo llevaron en su camilla y lo introdujeron hasta el cuello en el agua. Cuando contaba su sensación al subirle por el cuerpo, era algo tan potente, que a los que estábamos con él empezaron a caernos las lágrimas. Un relato espléndido.

Sara O. Durán dijo...

Tan bueno que nos permites imaginar a a ese chiquito.
Fuerte abrazo.