21 de abril de 2017

CRÓNICA DE UN VIAJE.


Son la 7,15 de la mañana, y me dispongo a ir a la estación de autobuses para coger uno que me llevará a León.
Parece que los dioses se hayan puesto de acuerdo para enviar a la tierra un frío invernal recién comenzada la primavera. Ha helado pero con ganas...
Aligero el paso mientras me cruzo con algún viandante que acude a su trabajo.
En el bar de la estación esperamos impacientes unas chicas y yo. Fuera, una madre muy joven  (casi una niña) trata de entretener a su pequeño hijo, rubio de ojos azules, mientras arropa a a otro de apenas unas semanas.
El autobús, se hace esperar. Cuando por fin llega, al entrar hace un frío tremendo. Alguien que pasa delante de mi, le dice al conductor que si no va a encender la calefacción, pues detrás viene una madre con dos bebes. Él, apenas comenta algo en tono bajo. Me imagino que tendrá órdenes de arriba y solo le compete obedecer.
El autobús, echa a andar y a través de la ventanilla se pueden ver los campos llenos de escarcha. A lo largo del trayecto, mis pies van helados de frío. Es algo que me ocurre con frecuencia, cuando tengo frío, los primeros que lo acusan son mis pies.


Poco a poco se va desperezando la mañana, y unos atrevidos rayos de sol hacen su aparición por entre los árboles. Puedo palpar la belleza de esos instantes, porque me atrapan esos paisajes amados de mi tierra. Se pueden ver vacas pastando en los prados, alguna cigueña que picotea la escarcha buscando comida y algún pájaro en la rama de un árbol.
De repente, como un rayo corren veloces dos cervatillos que acaban de descubrir la vida al lado de su madre. El espectáculo ha sido emocionante a pesar de haber sido un instante y a través del cristal.



En un par de horas (no lo se exactamente) estamos en la capital leonesa. León, me recibe haciendo gala de su fría temperatura una vez más.
 Entro en un bar para tomar un pequeño refrigerio, pues todavía no han abierto las tiendas.


Después, como en un ceremonial me acerco a el Corte Inglés como alma que lleva el diablo. Por lo del frío, digo...y un poco también porque formo parte de esta sociedad de consumo y tengo enormes ganas de ver la ropa de temporada.
A sus puertas ya hay congregadas unas quince personas esperando a que abran . ¡Como si les fuera en ello la vida!
Deambulo largo rato por las distintas secciones de ropa y complementos. Hay gran variedad y algunos descuentos. Comienzo a ver cosas interesantes e incluso me pruebo algún vestido.
Uf...no me encuentro nada favorecida...
Subo a la planta de arriba ( la de jovencita) jejeje.
¡Pobre de mi!
Así he podido pasar una hora y media, hasta que he notado la cabeza como un bombo y sin decidirme a nada. Lo tengo claro. ¡Comprar por comprar, ni hablar!
Si me tengo que dar un capricho, no lo dudo un instante porque yo me lo merezco. Pero entrar al trapo ( valga la redundancia) y traer ropa innecesaria a casa que luego cuelgas en el armario sin más, ni hablar del peluquin...
Cansada de dar vueltas y viendo que hacia una espectacular mañana de sol, he decidido irme en plan turista.


 Despacio, dejándome besar por el sol, llegue a la catedral subiendo por la calle Ancha, no sin antes haber saludado a Gaudí y hacerme un selfie y una fotografía de la Casa Botines para el recuerdo.


De repente, allí estaba ella: la Pulchra Leonina, majestuosa como siempre.


Largo rato me detuve a contemplarla, pues cuando la belleza ta sale al encuentro, merece la pena saborearla.


Después, me deje llevar hasta el Barrio Húmedo al olor de sus exquisitas tapas, pues ya era hora de comer.


Comenzando por la típica morcilla.


Fui haciendo varias paradas en esos viejos bares con el encanto de un pasado lejano, que conservan la prestancia que les imprimieron sus fundadores.


Fotos de sagas familiares en las paredes, dan fe de ello.


Las gentes de León, son cálidas, aunque su clima sea áspero. Así contemplando sus rostros fui llegando a la Plaza Mayor para disfrutar una vez más de su encanto.
Prisa, no llevaba ninguna, porque las prisas no son buenas para nada, y mucho menos si estás disfrutando del arte.


Allí, mientras hablaba a la cámara haciendo un vídeo en directo, note que un señor bien parecido, tocado con un sombrero y barba recortada escrupulosamente, me observaba con curiosidad.
Quien sabe, igual hasta me conocía...jejeje.
No se, a mi también me pareció conocerle a él. Tenía un tremendo parecido con un famoso columnista del Diario de León. Se me antojaba a mi, que quizá estaba buscando en la plaza tema para su próximo escrito contemplando el ir y venir de las gentes.
Me quede con ganas de robarle una foto, pero era tal la insistencia con la que me miraba, que no tuve ocasión.


Sentado en un banco, un señor hacia filigranas con pequeños trozos de madera. Me acerque a preguntarle por su trabajo, y con una veneración reverencial me fue mostrando uno a uno aquellos trozos de madera singulares que era el mérito de lo que hacía.  Un hombre humilde, un artífice de pequeñas miniaturas que iba dando forma sin prisa alguna con el arte de sus manos de manera excepcional. Pensé en la  vida que llevamos en la actualidad, donde una vertiginosa carrera se abre a nuestros pies diariamente y nos agrede, sin darnos tiempo de disfrutar de la belleza de la vida, en contraste con la parsimonia de aquel hombre.


Luego, quise visitar San Isidoro desde fuera. Ya por dentro tuve la oportunidad de verlo junto al museo.
Allí cerca, haciendo una fotografía de una fuente, se acercó un mendigo, que pedía a la puerta, con intención de beber agua con un bocadillo en su mano derecha. Con enorme cortesía, esperó hasta que hice la foto, cosa que le agradecí mientras le deseaba buen provecho. Y es que los pobres, además de su pobreza, tienen dignidad.


Ya puesta a rematar mi visita turística, me acerque al Parador de San Marcos para contemplar una vez más el magnífico esplendor de sus piedras que hablan al visitante.


Agotada, me senté a la vera del peregrino que descansa a su llegada a la meta. Mi meta por el día de hoy.
A la vuelta, volvíamos a encontrarnos los mismos. "Cansaos pero contentos" como dice una sevillana rociera.
El mayor de los pequeños dormía plácidamente cuando llegamos a nuestro destino y su madre con inmensa ternura lo ha tenido que despertar. El llanto no se ha hecho esperar.
Ha sido un día muy largo.

16 comentarios:

Ambar dijo...

Me ha encantado la visita a León. Una pena el tiempo que perdiste buscando "trapos".
Besos

Susana A dijo...

Qué bonito viaja. Gracias por contárnoslo. Un beso.

llorenç Gimenez dijo...

Hola Maripaz.. Que delicioso viaje, aunque empezara frio, acabo calidamente, con gusto te hubiera acompañado en ese magnifico e interesante recorrido, la Catedral, San Isidoro, la casa Botines, el Hostal de San Marcos, y el "vermutillo" con una buena morcilla del Bierzo..
Nada, nada, una egoísta, eso se avisa antes..jeje.. Un abrazo..

María Perlada dijo...

Muy bellas las fotografías, he paseado contigo, amiga, gracias por este viaje.

Paseó al otro blog pero lo tienes parado.

Besos.

Manuel dijo...

Ha sido un placer viajar contigo, por esa bonita tierra.
Gracias.
Un fuerte abrazo.

Sara O. Durán dijo...

Muy largo y cansado, pero sin duda un paseo de lujo!! Y de la mano de tu relatoría, mucho más. Un placer viajar contigo. : )
Un gran abrazo, preciosa.

El tejón dijo...

Aprovechada visita a León.
Al lado del peregrino me senté y me hicieron una foto muy graciosa.
Como no llueva y no pare el nordeste mal lo vamos a pasar este verano.
Un abrazo.

Ernesto. dijo...

Un viaje encantador, y evocador de mis años vividos en ese León tan bien descrito, amiga mía...

¡Podías haber avisado y hacer el viaje juntos por esas calles entrañables! jajjajajaja... ¡Cualquier día!

Abrazos, Maripaz.

Myriam dijo...

Maravilloso recorrido y como no conozco León me ha encantado
hacerlo de tu mano. ¿Con que robas fotos? jajajaja

Besos y feliz día del Libro
(aunque a ti habría que felicitarte el Dia
de la Cámara Fotográfica)

miniaturista dijo...

Por tu redacción me ha parecido un bonito día, he recordado mis visitas a León y he disfrutado contigo.
Un abrazo
Maite

Moni Revuelta dijo...

Eyyy, maripaz!!! ¿¿Te vienes a mi ciudad y te vas al Corte Inglés??? Sin mi???
Jjajj...que bellísimo día pillaste, bueno, León es muy luminoso siempre, la verdad es que diste un buen paseo...Que digo bueno: Perfecto:)
Avisa un día;)Y te hago de anfitriona:)
Un besazo!

RECOMENZAR dijo...

Tu sí que caminas a diario
Me ha encantado esta entrada ya que sin viajar y sufrir lo que es el aeropuerto
ahora
he visto de tu mano lugares maravillosos
Continúa asi bella mujer jubilada.....................Besos

Ángeles dijo...

No conozco nada de León, pero al ver tus maravillosas fotografías, me ha parecido una ciudad maravillosa, y sobre todo la catedral. Gracias por dejarnos participar en este tu viaje, ah y los vestidos, ya los encontrarás en otra ocasión.

Un abrazo con cariño.
Ángeles

TORO SALVAJE dijo...

No he estado.
Ahora ya lo conozco un poco.
Muchas gracias.

Besos.

Macondo dijo...

Entrañable descripción de tu viaje a León. La visita a esa capital y de manera particular a esa joya gótica es una de mis asignaturas pendientes. Gracias por haberme adelantado un aperitivo con tu descripción.
Besos.

Conxita Casamitjana dijo...

Muy bonito Maripaz, excepto en el corte inglés que no me apasiona mucho me ha encantado seguirte por esas calles haciendo de turista y ver esas maravillas. Muy bonitas fotografías.
Un beso