27 de enero de 2012

EL ÁRBOL QUE MURIÓ DE TRISTEZA


Existía en lugar rodeado de montañas un viejo pinar que albergaba variados ejemplares de la familia de las pináceas de espectacular belleza. Algunos eran altos y esbeltos y formaban núcleos familiares donde vivían felices y contentos.
Nuestro árbol se llamaba Nico y era hijo de mamá Adela y papá José.Tenia otros tres hermanos y era el más pequeño de todos.
Su vida transcurría en aquel paraje sin igual rodeado de sus seres queridos y compartiendo juegos con los otros arbolitos del lugar.
Le gustaba saludar al sol cada mañana, que la lluvia le acariciara despacio, que la nieve le cubriese con su precioso manto, que los pajarillos se posaran en sus ramas aunque pinchasen un poco.
Pero lo que mas le gustaba era contemplar la belleza de la luna en sus distintas fases. Tenia una complicidad con ella muy especial, porque su mamá le había contado que habia nacido una preciosa noche de luna llena. Cuando llegaba la noche, la paz inundaba el pinar, y el silencio lo invadía todo,le gustaba entonces hacer planes para el futuro contándole a ella sus sueños. Después se dormía muy despacio guiñándole un ojo.
Poco a poco se fue haciendo fuerte a las inclemencias del tiempo, porque había épocas muy duras en aquel lugar.Su padre le solía decir que la disciplina y los contratiempos nos preparan para la vida, por eso él escondía sus lágrimas o las dejaba entrever solo un poquito.
Una mañana de primavera despertó asombrado con un par de protuberancias encima de su cabeza. Eran dos piñas que asomaban su carita timidamente mientras las besaba el sol.
Su madre entonces le explicó que se habia hecho mayor y le dió dos sonoros besos que hicieron reír divertidos a dos pajaríllos enamorados que revoloteaban en sus ramas.
La rutina diaria del viejo pinar pocas veces se veía interrumpida. Pero una mañana se escucharon risas y voces infantiles muy cerca.
A lo lejos se podia ver a una familia humana con tres preciosos niños que ilusionados observaban todo. Cuando llegaron a su altura exclamaron al unísono ¡ese, ese!
En su ingenuidad se sintió muy feliz de haber sido el elegido. Sus padres se miraron horrorizados, pero él no acertó a descifrar la enigmática mirada porque la ilusión inundaba su joven corazón.
Unos instantes después, sintíó un dolor profundo producido por un corte en su tronco, pero pensó que habia llegado el momento de vivír su vida y el dolor que la acompañaba.
Casi sin despedirse se alejó eufórico del lugar que le vió nacer.
De repente apareció en un gran salón muy calentito y se congratuló de su buena suerte. Al instante los niños empezaron a engalanarle con bolas de colores, cintas, muñecos, espumillón... mientras se sentía el rey de la casa.
A partir de entonces fué la admiración de todos los humanos que le observaban extasiados segun iban llegando a la fiesta.
Todos comian, bebian, cantaban entusiasmados sin parar. Tambien él recibia su ración de agua fresca necesaria para subsistir.
Con el paso de los dias la casa se llenó de silencio, y una mañana le despojaron de sus galas y se quedó como habia venido al mundo en aquella noche de luna llena.
Sin ningún miramiento cuando llegó la noche lo llevaron al contenedor de la basura y allí lo dejaron.
No entendia nada.¿serian capaces de dejarlo alli con el frio que hacia?
Como pudo salíó al exterior esperando que sus dueños lo llevaran a casa de nuevo. Pero pasaron las horas y nadie aparecia. Solo los transeuntes que aceleraban su paso por el mal olor que desprendia aquel tenebroso lugar.
Muy debilitado por la falta de agua y el frio de la noche, su pensamiento se fué a su querido pinar, y casi sin fuerzas, miró a la luna que le miraba dulcemente invitándole a subir con ella.

P.D- Este relato se lo dedico a una amiga muy querida para aliviar su dolor.

10 comentarios:

Alfonso dijo...

Ay, igual que el que ví en Jerez, no lo entiendo, no entiendo como la gente puede hacer esas cosas.

Dilaida dijo...

Pensamos que la naturaleza está ahí para servirnos y tomamos lo que nos apetece, cuando nos apetece y cuando ya no lo necesitamos lo desechamos.

Bicos

MAMÉ VALDÉS dijo...

Que historia más cruda, el próximo diciembre vuelve a colgarla un poco antes de Navidad, lo mismo salvas a algún Nico... Un saludo.

Eastriver dijo...

Esto se llama empatía con el mundo. El relato precioso, sensible. Pero a tu amiga si está mal escríbele otro cuento un poco más alegre, mujer. Nosotros, tus amigos que te leemos, lo vamos a agradecer, jaja, así de paso nos regalas otro texto. Un abrazo grande.

Maripaz Brugos dijo...

Ramón, mi amiga me habló de el árbol pensando que si lo hubiera visto le habria hecho una historia. Cuando me lo dijo le expliqué que yo tambien lo habia visto y se me habia ocurrido lo mismo, pero no llevaba la cámara en ese momento. Al dia siguiente al ir a coger el tren para ir a León a las rebajas, allí estaba el árbol todavia, y entonces si llevaba la cámara. Le hice la foto y hoy la historia. Se la dedico a mi amiga porque se lo habia prometido. Aunque se sobrepone de una pena, esta historia no ne la parecido triste, le ha encantado, me lo ha dicho.

Pedro dijo...

Yo no soy muy amante de la Navidad, ni de las fiestas en las que hay que divertirse por decreto, pero si hay que poner un árbol de Navidad para "quedar bien socialmente" se puede poner uno de esos "churripenguis" que venden los chinos...
¡Con lo bonita que es la Naturaleza y nos empeñamos en cargárnosla en nombre de la sociedad...!
¡MUAC!

Rita dijo...

Que triste tu cuento pero que bien lo has contado, que pena que sea verdad, cuando tantos arbolitos hay en el comercio que se guardan cada año sin hacer daño a los verdaderos, que poco cuidamos el tesoro que pusieron en nuestras manos...
Bsss

Isabel Martínez Barquero dijo...

Una historia llena de sensibilidad, esa sensibilidad que siempre te capto y que tanto me gusta de ti, querida Maripaz.
Un grandísimo abrazo.

Aldabra dijo...

pues sí, coincido con todos en que la historia es preciosa, y también en que es una pena que nos aprovechemos de un modo tan cruel de la naturaleza...

para el año, recuérdalo, antes de navidad cuelga la historia para salvar a algún Nico.

biquiños para ti y tu amiga,

Anónimo dijo...

Gracias Mari Paz. Un beso. Sandra