10 de abril de 2014

UNA NUEVA PRIMAVERA


Se levantó temprano dispuesta a vivir un nuevo día que la vida le ofrecía. Últimamente le daba la sensación que el tiempo se le escapaba entre los dedos de su manos ajadas por el paso de los años, casi sin darse cuenta.
 Aún podía recordar en su infancia, la impaciencia con la que veía pasar sus días esperando que volasen para hacerse mayor. Siempre cuando le preguntaban la edad le gustaba presumir de tener un año más aunque acabara de cumplirle.
 Después, una sonrisa acudía a su cara, recordando como se las prometía muy felices al cumplir los dieciocho años llevando en su mano una maleta de sueños por realizar, pensando que tenía todo el tiempo del mundo para ella.
El tiempo, ese compañero de viaje, le había enseñado que su paso es fugaz, y como por arte de magia se había ido perdiendo entre las callejas de sus andares de adulta.


  Al mirar por la ventana pudo ver con asombro que los árboles se habían engalanado de singular belleza y en su interior una fuerza impetuosa le invitaba a salir cuanto antes a calle.
La naturaleza poseía el don de calmarla y al mismo tiempo de llenarle de la fortaleza que brotaba en cada rincón lleno de vida que sus ojos observaban con asombro.


Una vez que hubo pisado la hierba, se apresuró a quitarse los zapatos que oprimían su pies privados de libertad, y corrió sin recatarse por el prado teniendo cuidado de no aplastar las margaritas recién nacidas aquella mañana.
El agua cantarina le susurraba al oído una canción tratando de seducirla, mientras a su paso por el cauce del río, bailaba celebrando la primavera.


Un pajarillo se columpiaba en una rama, y al verla llegar, puso especial primor en sus trinos, como si supiera de su alma exquisita y bella.
No todos los seres experimentan las mismas sensaciones de placer antes las cosas más sencillas de la vida. Donde uno descubre la belleza, otro la ignora sin encontrarla jamás.



Una mariposa de bellos colores contemplaba su paso agazapada en una piedra temerosa de romper la magia del encuentro. Y es que el asombro es necesario para saber ver la poesía que encierra la vida y sus pequeños momentos.


Una avispa apuraba el néctar de una bella flor que abría sus pétalos con la plenitud de la generosidad más absoluta. En esa entrega veía fusionar sus sueños de amor verdadero.


Una oca bulliciosa y divertida se bañaba en el estanque mirando de hito en hito al sol, mientras él, le guiñaba coqueteando con ella. Y es que el amor siempre es posible en cualquier rincón del universo.


La perrita Luna, descansaba plácidamente en la hierba. Su mirada era dulce, como la de aquellos seres inocentes que no conocen la maldad.


A su lado, la perrita, Katy, observaba el ir y venir de los humanos que por allí pasaban tratando de comprenderlos.


La belleza se asomaba por doquier a su paso y cerró los ojos con toda la intensidad de que era capaz, para volver a abrirlos y saborear de nuevo aquel instante.


Porque si, tenía un nuevo día, y una nueva primavera, y agradecía a la vida esa inmensa fortuna mientras se alejaba sonriente y el sol la besaba la cara.


4 comentarios:

Sara O. Durán dijo...

Teniendo vida, se tiene todo, no importa si hay arrugas, eso es lo de menos.
Me gustó mucho tu relato y esas imágenes.
Te dejo un fuerte abrazo.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Un fotomontaje precioso, Maripaz. Imágenes y palabras se conjugan àra ofrecernos la belleza de la primavera.
Un beso.

Darío dijo...

En mi pueblo explotan los lapachos, lilas y blancos, y sus colores en cierta forma nos dan un plus de vida inmenso. Un abrazo.

lurdes dijo...

Una preciosa manera de dar la bienvenida a la primavera.Un abrazo