22 de mayo de 2026

PRIMAVERA- VERANO

 


Nos ha llegado el verano de repente.

En esta loca Primavera, tan pronto hace frío, como calor.

¡Así están los cuerpos! (se escucha al pasar)

Yo, ayer me "vestí" los pies de Verano.

Quiero decir con ello, qué me pinté de rojo pasión las uñas, me masajeé con mucha crema hidratante la planta del pie, y saqué de su escondrijo las sandalias de colores suaves y las zapatillas rojas para San Fermín.

También rescaté del armario de los modelitos veraniegos unos pantalones verdes, junto a una camiseta de topos de colores que compré el año pasado, y me lancé a la calle.

En mi bolso llevaba un libro que acabo de comenzar a leer. Se titula: "Cartas desde la locura" una recopilación de cartas, donde Vicent Van Gogh escribe a su hermano, Theo desde Arlés en sus últimos días, único punto de apoyo con que contaba, y va narrando su situación personal, sus miedos e inseguridades, su alma atormentada, su creatividad incansable, y la manera de ir sobreviviendo para no ser gravoso a su hermano, que era quien le ayudaba económicamente y hacía de marchante, pues sus cuadros apenas se vendían.

Relata también la convivencia conflictiva con el también pintor Paul Gauguin.

Hace tiempo lo había leído, porque lo saqué de la Biblioteca de Guardo, pero en una feria en la Plaza el Castillo lo vi y me compré. 

Me encantan las biografías.

En la Primavera me suelo perder en un parque cercano con mis libros, sentada a la sombra, muy codiciada por las altas temperaturas que había hoy.

Hay un banco muy particular, que a veces cuando llego, alguien ya lo ha ocupado.

Pero la mayoría de las veces es mío...jejeje.

Apenas hay gente y no hay mucho ruido. Tan solo de vez en cuando pasa el autobús camino de Pamplona, o algún transeúnte con su perro, o un ama de casa camino al supermercado.

Anteayer, estuve sentada con Cooper, el perro de mi sobrina al que cuido de vez en cuando.

De repente, aparecieron un grupo de jóvenes muchachas que se sentaron en el banco de enfrente, al sol.

¡Cuidado con el sol! (les dije)

Y les conté mi experiencia con el carcinoma basocelular por haber tomado el sol andaluz sin ningún reparo en mis tiempos de juventud en Sevilla.

Al instante sacaron sus tupper y comenzaron a comer.

Alguna estaba sentada en el suelo.

Yo, que últimamente, comienzo a notar el paso de los años en mis articulaciones, las miraba con envidia.

Seguí leyendo, mientras las observaba por el rabillo del ojo.

Cooper, al olor de las viandas, se puso de pie, mirando con insistencia, tratando de llamar la atención para ver si dejaban caer algo de tan suculentos manjares.

Pero no.

Es un Golden Retriever, bonachón a la vez que comilón, que nunca se ve harto. 

Te mira y remira, con cara de pena.

Pero no puede subir de peso, pues es nocivo para su salud al ir cumpliendo años con peligro de tener displasia de cadera y rigidez articular.

Llegaban a mis oídos frases sueltas de la conversación de aquellas chicas y deduje que eran profesoras de Educación Infantil.

En un momento determinado, cuando ya estaban en el postre, me atreví a preguntarles y me lo confirmaron.

Hablaban con mucha ilusión y cariño de su trabajo, y así se lo hice saber.

Se ve que es vocacional vuestra profesión. (les comenté atrevida)

¡Tenéis en vuestras manos el futuro de una generación!

Enseguida se formó un ambiente distendido, incluso afectuoso.

Me gusta mucho entablar conversación con la chavalería.

Me aportan savia nueva.

Y además me enriquecen, o ambas generaciones nos enriquecemos.

Charlamos de la educación, de la juventud, del futuro, de la gente de edad avanzada...

Les comenté que tenía un blog e iba a contar a mis lectores mi encuentro con ellas.

Sonrientes se fueron de nuevo, tal como habían llegado, dejando a su paso un halo de juventud maravillosa.

Junto con Cooper, recogí mi libro y emprendí el camino a casa.

P.D. Historias mínimas bajo mi curiosa mirada.

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