Ya se asoma la flor de colza por los caminos.
La Primavera se viste de gala al igual que mi corazón.
Y es que mi amor por la vida sigue fiel a esos encuentros con la belleza de la naturaleza en cada estación.
Me gusta perderme por el campo en soledad. Sentir bullir la poesía en mi interior. Allá donde solo yo habito.
Caminar sin prisa, cantar al viento, dejarme besar por el sol, sentir el arrullo de los trinos de los pájaros.
Y saludar al pasar.
Dejar el eco de mis palabras y mi sonrisa en cada caminante con quien me cruzo.
Esas rutinas me reconfortan el alma.
hacen que mi equilibrio interior se relaje.
Necesito ese refugio para encontrarme, sentirme, aceptarme...
Me oculto de la vorágine de los acosadores acontecimientos que solo traen desgracias y un futuro incierto.
Quiero vivir mi presente con toda la intensidad de la que soy capaz.
Es lo único de valor que poseo.
Un día más, un regalo.
Una Primavera nueva, una aventura que se abre pletórica de belleza.
Seguiré mi camino ilusionada como cuando era una adolescente con la cabeza llena de locos pajarillos.
Con la inconsciencia de los pocos años.
Sin miedo al compromiso de hacer en mi pequeña parcela un mundo mejor con mis actos.
Con la mirada fija en un horizonte que se abre ante mi misterioso y cautivador.
Una vez más, daré la bienvenida a las flores y lentamente las acariciaré una a una para llenarme de vida recién estrenada.
.jpg)