4 de julio de 2026

HISTORÍAS MÍNIMAS.

 


Tarde de rebajas.

Ambiente de San Fermín por los rincones.

Al entrar en el Corte Inglés abrazo a mi amigo Arturo, que trabaja allí.

Hace unos días se ha muerto su perrita y está viviendo su duelo.

Conozco bien ese dolor por la pérdida de un ser que ha vivido con uno y al que nos atan unos lazos afectivos muy profundos.

Lo importante es el amor que les dimos y nos dieron, terminamos diciendo ambos.

En la primera planta observo un hijo con su madre mayor. La lleva del brazo con mimo. Le va enseñando un modelo y otro, hasta dar con el que le gusta.

Retazos de ternura entre las perchas que lucen precios rebajados.

Dos mujeres hablan del marido de una de ellas. Comentan que se ha ido un rato fuera, que no soporta estar de acá para allá. Que compre lo que quiera. Que en un rato vuelve.

Tres mujeres charlan mientras miran los modelos de Pedro del Hierro.

-¡Uy, ese vestido para Burlada...!

-Tienes razón. Las he visto y van de pena.

Sonrío para mis adentros y las miro de una en una.

Tienen ya una edad, pero conservan un aíre pizpireto y elegante. Y también un puntito de cotillas.

Un precioso galgo entra en Zara con su dueña. Va temeroso, mira asombrado, no quiere seguir caminando.

Hoy la gente se ha echado a la calle y están las tiendas a rebosar.

No hace falta llevar al perro de compras, ni a un concierto de la Pamplonesa, como vi el otro día, con un calor infernal y unos cuantos decibelios de más, que dañarían al pobre animal en su conducto auditivo.

En la Avenida Carlos III, pasan a mi lado dos personas de un lejano país. Van hablando de como solucionar los trámites sobre papeleo para sus hijos.

Cerca de Mercadona, hay un hombre sentado en un banco con una bolsa. Tiene una edad avanzada.

Al pasar a su lado, se levanta, se acerca a mi, hasta casi rozarme, y dice con una voz libidinosa: ¡Cariño mío!

Del susto que me pego, avanzo unos pasos hasta hasta reponerme de mi sorpresa.

Una pequeña niña va de la mano de su abuelo hablando.

-¿Después de todo esto, donde vamos?

-A casa.

-¿Y después?

-A ver a la abuelita al centro.

-Ah, la abuelita...

-Si, pobrecita, está allí solita y hay que ir a verla.

Amor del bueno por las calles de Pamplona.

Pasa cerca el autobús. Se baja de él una mujer y su marido. Ambos de avanzada edad. Él, con la mirada perdida. Ella, le arropa con la chaqueta y su amor incondicional.

Hay mucha gente mayor con sus cuidadores y el bagaje de de los años vividos, mientras en sus rostros se manifiesta la decrepitud cruel de la vejez.

En la cafetería de al lado, grupos de mujeres toman un café hablando de sus cosas. Y hombres igualmente reunidos. Mujeres por un lado y hombres por otro.

Cada uno saborea el deseado tiempo de la jubilación a su manera.

Amores de madre por las esquinas.

Un bebé en brazos y otro de pocos años, que se ha convertido en conductor del cochecito de su hermano.

La mamá es joven, guapa, cariñosa...

Veo a través del cristal una familia mirando camas articuladas.

Necesidades que afloran cuando menos los esperas.

En la parada del bus, una mujer habla por el móvil.

¿Qué crees que va a pasar?

Organizarán nuevos chiringuitos con nuestro dinero.

Son todos iguales.

Me imagino que habla sobre nuestros denostados políticos.

Llega el autobús y busco asiento. Estoy agotada.

Una chica con rastas y mochila me hace sitio al lado de la ventanilla. Me ha cedido su asiento, porque se baja en la próxima.

Un olor a "Pachuli" me invade. Y a sudor.

Me cuenta que no le gustan las fiestas de San Fermín. Vive aquí, pero no tiene arraigo.

Yo le comento que amo estas fiestas y esta tierra con toda mi alma.

-¡Ea, pues disfruta! (me dice al despedirse)

En la siguiente parada se sienta a mi lado una señora. Me saluda educadamente.

Huele a perfume de Carolina Herrera.

Personalmente me gusta la colonia infantil.

O Agua de Rosas, de Adolfo Dominguéz. 

Cuestión de gustos...

P.D. Historias mínimas bajo mi curiosa mirada.

Estaré muy ocupada viviendo la fiesta. No sé si podre visitaros.

¡Feliz Verano!